Lunes, 28 de septiembre de 2020

Ayer llevé a Gonzalo Rojas hasta el Congreso Mundial Sanjuanista

 

A. P. Alencart, Gonzalo Rojas y Jacqueline Alencar (Estación de Autobuses de Salamanca, 1990) Foto de Hilda R. May

 

Ayer, tras algunos avatares propios de la tecnología y de esas conexiones que denominan en línea (Online), pude ofrecer la conferencia solicitada por los organizadores del Congreso Mundial Sanjuanista: “San Juan de la Cruz y los poetas de la otra orilla”. He aquí un breve extracto de la misma:

 

TERCER MOVIMIENTO

 

Inolvidable charla con el poeta chileno Gonzalo Rojas (Lebu 1917 – Santiago 2011), una mañana de julio de 1991, mientras esperábamos la llegada de Emilio Adolfo Westphalen, Álvaro Mutis, Olga Orozco, Francisco Matos Paoli, Pedro Shimose o Eugenio Montejo, entre otros poetas que participaban en una semana de poesía iberoamericana organizada por la Universidad de Salamanca y de la cual me encargaba de coordinar. Estábamos solos en el Aula Unamuno y, casi al final de la misma, le pregunté sobre los autores que más le habían marcado. Bien recuerdo que uno de ellos fue resaltado: San Juan de la Cruz. Tras nombrarlo se puso a recitar unos versos: “Volé tan alto, tan alto,/ que le di a la caza alcance”. Y concluyó más o menos de esta manera, si la memoria no me falla: “Así es, mijito, no le pierda oído al más grande poeta de nuestro idioma en todos los tiempos. Yo conocí sus poemas desde pequeño, pues huérfano de padre y gracias una beca pude estudiar en el Seminario Conciliar de Concepción. Allí lo leí bastante. Déjame leerte el poema que hace años le dediqué, aunque yo nunca a la caza di alcance”, concluyó con ese humor que siempre le caracterizaba. Lo hizo buscando el texto en una recopilación que tenía para el acto a celebrarse treinta minutos después. Lo hizo con esa manera suya de respirar las sílabas:

Escultura de San Juan de la Cruz en Salamanca (Foto de José Amador Martín)

 

 

EL DOMINGO EN PERSONA SOÑÉ

CON JUAN DE YEPES

 

Soñar con mariposa es párpado,

con abismo

destello, con Juan tirado ahí encima

de los tablones de su celda aura

y sílaba hambreada de Dios,

encantamiento

con desollamiento,

música

con espinas a eso

de las 6,

piel

al Uno unido, vaciado

el sentido.

 

De donde se deduce que todo Juan es Juan,

todo seso martirio,

todo obstáculo entonces pétalo azuceno

donde morar páramo,

olfato

de perder, vaciado el sentido.

 

Aire así hace cántico, sólo aire así

hace cántico

desencarnado, contra el escarnio, estrellas

hace altas con

aceitamiento espontáneo,

sin ruido,

vaciado el sentido.

 

Actualmente no hay Juan, pasa gente, a lo sumo

pasa y duerme codicia

blanca, tristeza

duerme, la figura

de su rencor,

falta

Juan,

de repente aparece uno que otro

volando a tres metros por allí pero falta Juan, el

ventilado del barranco, sin

ruido, vaciado

el sentido.

 

No llegó a México, pudo

haber venido por orden de Doria según la historia

del aire, alado de sí, sin más motor

que el de su éxtasis, hubiéramos hablado

de volcanes,

sin ruido,

vaciado el sentido.

 

A. P. Alencart, Gonzalo Rojas, Carlos, Emilio Adolfo Westphalen, Hilda R. May y Jacqueline Alencar, en Salamanca (1991)

 

Debo confesar que hasta entonces mal había leído a San Juan de la Cruz. Posiblemente por falsos prejuicios o porque lo divino me resultaba ajeno. Prefería al Fray Luis de León más terrenal, atento a las malicias humanas: “Aquí la envidia  y mentira/ me tuvieron encerrado…”. Pero luego de esa tutoría improvisada, y sin dejar a Fray Luis, todo cambió. Ahora, tres décadas después, sumo unos diez poemas en homenaje a Juan de Yepes.

 

Alguien dijo en Chile, creo que fue Jorge Edwards, que Gonzalo Rojas era el más español de los poetas chilenos. Y es cierto, como lo reconoce el propio poeta, quien luego de sus participaciones en Salamanca obtuvo el Premio Reina  Sofía de Poesía Iberoamericana; el Premio Octavio Paz en México; el Premio José Hernández en Argentina o el Premio Cervantes, en España. Así explica su religación con nuestro país: “Me siento hondamente enlazado con España y creo que uso la lengua española con el decoro y la dignidad con que debe hacerse, aunque no soy retórico ni ortodoxo, sino muy libre. Reconozco mi gran filiación con la literatura española de los siglos XVI y XVII y con algunos grandes del XX…”. Entre sus clásicos españoles considera a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa de Jesús, pues “Para escribir poesía de amor hay que empezar por la mística española; ellos conocían el cuerpo como nadie”. Esa es una de las variadas dimensiones que vinculan a Rojas con Juan de Yepes, siguiendo la senda del Cantar de los Cantares.

 

En una conferencia ofrecida en Cuba, invitado por Casa de las América el año 2008, tampoco deja de citarlo, como cuando sale en defensa de Darío: “¿Y Darío, Darío, que dijo el fundamento como nadie, desde Juan de la Cruz?, ¿quién se atrevió a llamarlo poeta de segunda clase cuando su centenario? ¿Quién sino el aullido del rencor?... Y un poco más adelante, en la misma intervención, hablando del agua, señala:Agua libre libérrima, la habrán pintado los maestros por ahí: un Homero, un Ovidio, un Virgilio, un Catulo, y por qué no un fenicio o algún cartaginés, o estos otros nautas más próximos a nosotros: un San Juan de la Cruz, Castilla adentro, con murmurio (‘aquella eterna fonte está escondida’)...”.

(….)

 

José Alfredo, Pérez Alencar, A. P. Alencart,  Gonzalo Rojas y  Jacqueline Alencar, en la Calle Compañía

 

Ayer lo llevé de paseo hasta Ávila, para que así pudiera, usando mi voz, homenajear a su admirado poeta.