Domingo, 9 de agosto de 2020

Museo Marítimo de Ílhavo, el mar por vocación

Con una arquitectura envolvente, trasmite la cultura portuguesa ligada a la navegación y las artes de pesca

El Acuario de los Bacalaos es el espacio más llamativo del museo/ Foto: MMI

Con la geometría de su arquitectura en volúmenes yuxtapuestos, el Museo Marítimo llama la atención en el centro de Ílhavo, una pequeña ciudad seis kilómetros al sur de Aveiro, en la que el mar y la ría son el escenario de su historia y las bases sobre las que asienta su identidad.

Situado entre el océano Atlántico y la ría de Aveiro, Ílhavo es una ensenada rodeada por numerosos cursos de agua dulce, con una riqueza en recursos naturales provenientes de la ría, del mar y de las dunas, que históricamente fueron utilizados por las gentes de esta comarca para la pesca y la agricultura, perfeccionando técnicas de construcción naval y dominando el arte de la pesca y la salazón.

El Museo Marítimo de Ílhavo (MMI) se ha convertido en uno de los más valorados nacionalmente, siendo también reconocido en el exterior por los programas internacionales en los que participa junto a otros centros expositivos y de investigación sobre el mar.

Traspasar las puertas del MMI es aceptar participar en una aventura que nos llevará a conocer con pormenor la hazaña de los hombres portugueses en las largas campañas de la pesca del bacalao y la faena cotidiana de las mujeres en la ría de Aveiro. Las herramientas audiovisuales, como el proyecto multimedia “Hombres y Navíos del Bacalao”, lograrán engañar a nuestro cerebro haciéndole creer que vivimos una jornada de pesca en mitad del océano a bordo de un gran buque bacaladero.

El agua es el elemento armonizador de todos los espacios del museo. La negra torre central ejerce una fuerza centrípeta, seduciendo al visitante y conduciéndolo hasta su lugar más singular: el Acuario de los Bacalaos.

Esta mezcla de conocimiento, historia y entretenimiento hacen del Museo Marítimo de Ílhavo un atractivo para todos los públicos. Los cuatro espacios que lo componen giran alrededor de tres temáticas: la pesca del bacalao, las labores agrícolas y pesqueras en la ría y la expansión de los ílhavos a lo largo del litoral portugués.

La pesca del bacalao, la última gran aventura marítima de los portugueses

A ella está dedicada una de las salas del piso inferior, donde encontramos un buque bacaladero a tamaño real, cortado a media agua, con todos sus componentes e instrumentos de navegación, permitiendo al visitante ir a bordo.

Ílhavo dio a Portugal grandes maestros en la construcción de todo tipo de embarcaciones, pero sus astilleros fueron reconocidos por la especialización en bacaladeros.

Encontramos aparatos para la navegación tradicional, particularmente los utilizados en el siglo XIX y XX, pero también modernos instrumentos de navegación, así como una multitud de artefactos de pesca.

Nos depararemos con las largas filas de dóris que portaban estos buques, -el dóri es una pequeña embarcación de un solo hombre usada para la ‘pesca à linha’ del bacalao-; y con las baleeiras, botes utilizados para la pesca de ballenas.

En otra parte de la sala encontramos los espacios que quedaban bajo la cubierta, como la cámara de oficiales o el cuarto de la salazón.

En el ala derecha nos sorprenderá la narración de un viaje. Comenzando con la partida, recrea una jornada de pesca en un dóri y termina con la vuelta al navío, donde nos sentiremos a salvo. 

En estas condiciones, la pesca se convertía en un hecho heroico, que a veces terminaba en drama. Prosperidad y tragedia venían del mar y tornaron míticas estas historias.

Con todo este discurso narrativo, la experiencia vivida en la sala alcanza gran realismo.

La identidad y la historia de las gentes de Ílhavo están vinculadas al bacalao desde el siglo XV. En esa época, el bacalao fue introducido en la dieta europea y los ílhavos aprovecharon sus seculares conocimientos marítimos para lanzarse a su captura en los gélidos mares de Groenlandia y Terra Nova. Las mujeres, en tierra, transportaban y vendían sal de las salinas de Aveiro y dominaban el arte de la salazón del pescado, con lo que el negocio del bacalao, tal y como lo conocemos, estaba garantizado.

El Acuario de los Bacalaos

Es el espacio que, probablemente, más curiosidad despertará en el visitante.

Divisamos los bacalaos desde el pasillo superior, para ir descendiendo por una espiral que nos acerca cada vez más a los animales.

En el tanque principal están los bacalaos marinos procedentes de Noruega, ofrecidos por el Acuario de Alesund, socio en este proyecto. Los restantes provienen de Islandia y son bacalaos de cautiverio. Hay también un par de brótolas procedentes de las Azores.

Esta parte del museo pretende dar a conocer el hábitat del bacalao del Atlántico, ése que los portugueses pescan y consumen hace siglos, constituyendo parte de su identidad gastronómica.

El acuario tiene 3,2 metros de profundidad y 120 metros cúbicos de agua. La sal es producida en laboratorio para conseguir características similares al hábitat natural del bacalao. La temperatura del agua oscila entre los 10 y los 12º C.

La riqueza de la Ría de Aveiro

La exposición, fuertemente visual, pretende mostrar las actividades económicas tradicionales en la ría de Aveiro, como la pesca fluvial y lagunar, la agricultura o la venta de sal. 

Presenta diez embarcaciones típicas en tamaño real utilizadas en la ría para la pesca y el transporte de, principalmente, moliço, un conjunto de algas, plantas y cieno usado para abonar las fértiles tierras que rodean la ría de Aveiro. El moliceiro para acarrear moliço y el saleiro para el transporte de la sal son dos de esas típicas embarcaciones ribereñas.

Otra es el Vouga, un velero deportivo típico de la ría de Aveiro que aún mantiene muchos aficionados en la región.

La labor agrícola era principalmente desempeñada por mujeres. Las mujeres de Ílhavo quedaban en tierra durante largos meses, a la espera de los hombres que partían a la campaña del bacalao u otras campañas de pesca a lo largo de la costa portuguesa. Criaban hijos y trabajaban de sol a sol en la ría, en el puerto o en el arenal. A menudo perdían siendo aún jóvenes a padres, maridos o hijos en el mar. Eran siempre el verdadero soporte resiliente de la familia. 

La Sala de las Conchas

En el piso superior hay una colección de malacología con conchas de todo el mundo donadas por el coleccionador francés Pierre Delpeut. Los restantes ejemplares fueron ofrecidos por ilhavenses residentes en poblaciones costeras de todos los continentes.

Sala de los Mares, sabiduría marinera

La habilidad de los ílhavenses o ílhavos, -su nombre antiguo-, para la vida marítima era muy valorada, lo que les llevó a ser contratados por cofradías de toda la costa portuguesa. Esta diáspora ha sido recogida en la literatura y en numerosos estudios documentales.

En esta parte del MMI se muestra el patrimonio cultural de Ílhavo ligado al mar.

La mayor parte de la flota pesquera del bacalao en Portugal hasta el siglo XX procedía de Ílhavo y de aquí eran la mayoría de capitanes de los bacaladeros portugueses.

Ílhavo se convirtió en un importante centro astillero, dando lugar a una burguesía vinculada a la construcción naval y a las cofradías de pescadores, que transformó la arquitectura del concejo. Viajeros por todo el mundo, reprodujeron en su tierra diferentes estilos arquitectónicos, como el art nouveau

Normas COVID-19

El Museo Marítimo de Ílhavo ha reabierto el 1 de julio con un protocolo adecuado a las directrices sanitarias y al estado de alerta vigente en Portugal desde esa fecha.

El acceso se efectúa en grupos de máximo 10 personas por orden de llegada, de 30 en 30 minutos, estando acompañados por un técnico. Los adultos y niños mayores de 10 años deberán portar mascarilla. No se realizarán visitas guiadas ni se aceptarán reservas de grupo.

El museo abre de martes a sábado de 10h00 a 12h30 y de 14h30 a 18h00. La entrada general cuesta 5 euros, con descuentos para portadores del carné joven, estudiantes, mayores y familias numerosas.

Memoria proyectada al futuro

A comienzos de la década de 1930, un grupo de armadores y pescadores de Ílhavo comenzó a dar forma a lo que sería el futuro museo, juntando embarcaciones, utensilios de pesca, instrumentos de navegación y documentación relacionada con el arte de la pesca y la vida marinera, principalmente, sobre las lejanas campañas del bacalao emprendidas por los ílhavos a partir del siglo XV.

Nacido finalmente el 8 de agosto de 1937, el Museo Marítimo de Ílhavo es municipal y cumplirá este verano 83 años durante los que no ha dejado de evolucionar. El mayor desafío, su reinauguración en 2001 después de las obras de ampliación que mudaron completamente su aspecto gracias a un premiado proyecto arquitectónico. Con el cambio de siglo también mudó su misión, ahora no solo centrada en la memora sino también en el futuro ligado al mar a través de la entidad de investigación y emprendimiento CIEMar-Ílhavo.

La introducción del Acuario de los Bacalaos en 2013 aportó la diferencia por la cual el museo es conocido en Portugal. El MMI superó hace dos años el millón de visitantes y se ha convertido en uno de los espacios museísticos más singulares en la Costa da Prata.