Domingo, 9 de agosto de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Somos un pueblo multicolor

Ya iniciado el verano y tras las fiestas de San Juan, se me ocurre dar un repaso a las tantas fiestas y celebraciones que nos ha sustraído el Covid19

Las hogueras de San Juan, uno de los eventos que se han tenido que suspender estos meses

Durante este período, primer semestre de 2020, hemos vivido una experiencia inédita.  Y esperemos no tener que pasarla.

El 13 de marzo el gobierno nos impuso el estado de alarma y nos confinó.

Todo nuestro mundo se nos vino abajo. Aparecieron todos los fantasmas. Cada cual tuvo y sufrió su particular calvario y el colectivo. Fueron muchos días de dudas y desconcierto. Se vieron interrumpidos los trabajos, los estudios, la salud, las tradicionales fiestas, los proyectos, los sueños.

Hoy, ya iniciado el verano y tras las fiestas de San Juan, se me ocurre dar un repaso a las tantas fiestas y celebraciones que nos ha sustraído el Covid19.

Fruncimos el ceño ante el cierre de bares y locales de ocio. Lugares de encuentro para departir y exteriorizar nuestra capacidad de diversión. Fuimos asumiendo y echando en falta la cañita de cerveza con su tapita de acompañamiento y pensamos que lo podíamos hacer en casa. Este pequeño detalle era el más individual y cercano.

Pero en lontananza se vislumbraban otras vibraciones colectivas. Sin un orden de fechas íbamos leyendo las suspensiones de festividades tradicionales.

La Semana Santa afectó a todo el territorio. En el orden vacacional supuso diversos aspectos. Unos no poder volver a su ciudad natal, descansar, abrazar a la familia. Algunos suspender aquel viaje soñado y contratado para conocer otros lugares.

Otros muchos sentir la llamada de las celebraciones religiosas por sentimiento religioso y celebrar su fe. Por asistir y conocer las celebraciones en su versión tradicional o cultural.  Frustración generalizada en todas las cofradías que veían inútiles los esfuerzos de todo un año.

En el ámbito más local, adiós a las fallas, las ferias de abril, las ferias del libro, las rosas de Sant Jordi, los patios de Córdoba, el Rocío, San Isidro madrileño y en muchas otras poblaciones como patrón de los labradores. En Ciudad Rodrigo se pudo celebrar el Carnaval, aunque ahora, pasado el tiempo, surgen opiniones que pudo ser factor de contaminación. En Hospitalet, donde resido, tampoco se celebraron las fiestas de primavera.

En mayo, mes de celebraciones de primeras comuniones de niños, para aquellas familias creyentes, se vieron truncadas las ilusiones infantiles.

Ahora en Junio y ya terminado el estado de alarma tampoco se ha podido explosionar, tanto en luz como las hogueras de San Juan, como en el sonido de la música de las verbenas y el saborear las tradicionales cocas.

Otros acontecimientos más particulares: no se han podido celebrar tantas reuniones familiares, días del padre y de la madre, onomásticas y aniversarios, aunque con el consuelo de las comunicaciones por video llamadas.

Se nos han escapado los espacios de ocio, el cine, el teatro, los conciertos, los eventos deportivos. Y podíamos seguir enumerando. . .

Esta pandemia nos ha robado una estación, la primavera. La estación más multicolor, con el estallido de la floración de plantas y árboles.

No ha faltado la minoría de  pasotas,  incívicos, insolidarios y los de mala fe. Todo lo hemos encajado y superado, cada uno a su manera.

Y lo que no ha podido derrotar este período ha sido nuestro ingenio, el humor, la risa y la sonrisa, la capacidad de reinventarnos, de reírnos incluso de nosotros mismos. Capacidad demostrada en la cantidad de whatsapp, memes, vídeos, canciones que inflaban los ánimos  de los abatidos.

De esta manera variopinta ha llegado el momento a este pueblo multicolor de eclosionar, como los prados y jardines, con olores a tomillo y romero, de rosas y geranios, de cerezas y naranjos, de azucenas y azahar, y a sal marina de nuestras playas.

Y llegó el 21 de junio. Finalizó el estado de alarma. Y seguimos con la mascarilla pero vuelven los encuentros, las conversaciones llenas de curiosidades y anécdotas, de historietas que recordaremos en el futuro.

Queda todavía el final y lo afrontamos con esperanza a pesar de los desaprensivos y de los que no pueden contenerse un poco y frenar esas ganas de expansión que fuimos capaces de contener durante el confinamiento.

Falta recuperar con integridad, los que estaban aparcados, los más ansiados, los besos y los abrazos a todos los que nos quieren y queremos.

L`Hospitalet de Llobregat, 30 de Junio de 2020

Antonio Tena