Lunes, 13 de julio de 2020

Poemas de la desolación y la esperanza, de la paraguaya Renée Ferrer

 Renée Ferrer leyendo en el Teatro Liceo de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)

 

En octubre de 2018 Renée Ferrer estuvo en Salamanca, invitada especialmente para participar en el XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos y rendir homenaje a la Universidad de Salamanca con sus ocho centurias a cuestas.

 

Pero mi amistad con ella viene de atrás: he leído sus poemas y novelas desde hace un lustro, al menos.

 

Aquí algunos datos suyos: Renée Ferrer (Asunción, 1944), poeta, novelista, cuentista, dramaturga, escritora de literatura infantil. Doctora en Historia por la Universidad Nacional de Asunción. Fundadora de la Sociedad de Escritores del Paraguay, la Asociación de Literatura Infantojuvenil del Paraguay y Escritoras Paraguayas Asociadas. Presidenta de la Sociedad de Escritores del Paraguay entre los años1997-1998. Presidenta de la Academia Paraguaya de la Lengua Española desde 2011 hasta 2018. Entre sus poemarios están: Hay surcos que no se llenan (1965), Voces sin réplica (1967), Cascarita de nuez (1978), Desde el cañadón de la memoria (1982), Galope (1983), Campo y cielo (1985), Peregrino de la eternidad y Sobreviviente (1985), Nocturnos (1988), Viaje a destiempo (1989), De lugares, momentos e implicancias varias (1990), El acantilado y el mar (1992), El resplandor y las sombras (1996) o Canto y palabra. Cincuenta años de Poesía (2019, reunión de su obra poética), entre otros. Ha sido incluida en numerosas antologías de poesía y narrativa. 

 

Hoy me envía estos cuatro poemas absolutamente inéditos, escritos en estos meses de confinamiento.

 

Me complace darlos a conocer y que formen parte de esta Travesía de Extramares.

 

 

I        

       PANDEMIA                       

                                              

                                                                       Para Inka Appleyard

por su ayuda espiritual

 

 

En un lejano país de amurallado silencio

nació una amenaza fiera amparada en el poder.

Ocho médicos van presos al anunciar su existencia

por cumplir el juramento de salvar vidas y ser.

 

Al acechar el recuerdo se me humedecen los ojos.

La soledad fue dolor, el contagio cruel tormento,

pero creo que el cuidado es caricia en este tiempo,

cualquier sacrificio vale el regreso del contento.

 

Hijos, hermanos y padres, familia y nietos traviesos,

esposo que me atesoras; amigos y extraños, lejos.

Cuando pasemos la prueba volveremos a reír

recobrando con deleite el sabor de los encuentros.

 

Desde el jardín de mi casa cuento estrellas, miro el sol

y me invade la nostalgia con esquiva decepción.

Sollozo en silencio un poco, retomo firme la fe,

y entonces sucede algo que me enciende e ilumina.

 

Del Corazón de Jesús siento las manos tendidas,

salvación son para el mundo los reflejos de su luz.

Con ese gesto sagrado nos revive la esperanza,

la dicha de una sonrisa al recobrar la salud.

 

Confío en ser mejores pasada ya esta dolencia,

censuro el silencio impío que originó mortandad.

Sabiendo como proteges la divina creación

ante tu imagen me postro entregada a la oración.  

                                  

Asunción, 7 de mayo de 2020

                

                                                          Magdalena Camargo (Panamá), Nilton Santiago (Perú), Ángela Gentile (Argentina), Juan Carlos Olivas (Costa Rica), Renée Ferrer Paraguay y Balam Rodrigo (México), en el Aula Magna de la Facultad de Filología (foto de Jacqueline  Alencar)

 

             II

                                 UNA TARDE DE JUNIO    

                                  

                   Una tarde de junio me ha vencido.

            Veo rostros sentados a mi lado;

            las copas tintineando un vino hermano

            se entrechocan brindando a la salud.

 

            Desde mi jardín, nostálgica, los miro.

            Un perfume a amistad, un fiel habano

            acuden a ese tiempo a mí vedado,

            rodeando la ausencia en que estás tú.

 

            Un perfil, tu agudeza, un ojo alado,

            de la niebla que vela aquel recinto

            se asientan en el centro convertidos

            en verso, en ideal, en actitud.

 

            Una tarde de junio me ha vencido.

            Mochilera de sueños desvalidos,

            y clavada una flor en cuarentena,

            añoro nuestra hermosa juventud.

 

Asunción,  18 junio, 2020     

         

     

     III

                                  AMO LA VIDA

 

Amar la vida con un suspiro grave y sosegado

o el tumulto del pulso por las siestas;

la vida que vive en mí, soberana de mi cuerpo.

Campanarios resuenan con el viento,

rodeados de pájaros en tiempo de siembra.

 

¡Oh, torrente que no cesa y permanece!

 

Fiel a tu curso me habitas, vida mía.

Amarte, sí.

¡Idéntica y disímil a mí misma,

desbordando afluentes de mi anhelo

para ingresar al mundo de los otros

desde los varios puertos de mi alma!

 

¡Oh, corriente sin tregua, fugitiva!

 

¿No recuerdas los labios

con su memoria de salitre y besos?

Alambique destilando néctares,

pupilas, latidos presurosos

y las manos que escriben con caricias.

 

¡Oh, vida de encuentro y desencuentros!

 

Se amplifican las voces de los ríos,

las palabras, las olas sonrosadas,

en tanto se congregan los aromas

en torno al mes de mi mayo florecido.

 

Asunción, 23 de junio, 2020

 

     

        IV

         LAS FURTIVAS PALABRAS

                                                                                   

Rodeada de aislamiento me sostengo

recorriendo las moradas del sueño.

 

Sola, entre el murmullo de los árboles

me siguen silenciosos los vocablos,

como huyendo de mí o avasallándome.

Sin que el ocaso se disuelva en noche

sospecho que camino en un desierto.

 

Clausurada entre sombras amanezco.

Indago en este encierro y no me encuentro,

más persisto buscando en las tinieblas

las furtivas palabras que se alejan

del ansia de crear que me define.

 

Anhelos obstinados me transportan

hasta encontrar las huellas de mi verbo.

Mientras tanto se extienden en el tiempo

los días confinados al encierro.

 

Asunción, 24 de junio, 2020

 

Alfredo Pérez Alencart y Renée Ferrer en el Ayuntamiento de Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)