Lunes, 13 de julio de 2020

Cuatro poemas salmantinos de Martín Cobano (En ‘Tiempo de cruzar el umbral’)

Juan Carlos Martín Cobano en el Colegio Fonseca de la Universidad de Salamanca  (foto de Jacqueline Alencar)

 

Celebro la publicación del primer poemario de un excelente escritor llamado Juan Carlos Martín Cobano (Carmona, 1967), filólogo, editor, librero, traductor y misionero de origen andaluz y formación catalano-aragonesa. Acaba de salir editado bajo el sello de Tiberíades, la Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos que opera desde Salamanca. Son veinticinco poemas para degustar, como deleitables son las líneas que el chileno Marcelo Gatica, otro salmantino por sus años de estudios doctorales aquí, escribe en la contraportada del poemario y que ahora reproduzco al final de los poemas.

Pero ahora deseo exponer cuatro de los mismos: son textos ‘salmantinos’, no solo porque tres de ellos se publicaron previamente en sendas antologías de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos, sino porque tienen como protagonistas a la ciudad y a personajes entrañablemente vinculados a la capital del Tormes.

El libro cuenta con un magnífico prólogo firmado por el poeta y ensayista puertorriqueño David Cortés Cabán, mientras pintura de portada es obra de nuestro artista Miguel Elías, profesor de la Universidad de Salamanca.

 

Portada del poemario, con pintura de Miguel Elías

 

Salamanca, pintura de Miguel Elías

 

NOS LLAMAS PARA LA SIEGA, SALAMANCA

 

Cuarzo de luna y cereal maduro,

nos llamas para la siega, Salamanca.

Citas a un reguero de hormigas perezosas,

por primera vez diligentes,

para un baño de ámbar y eternidad.

 

Tu flauta es un molino que rueda

por el soplo del Tormes,

que convoca a musas y espantamusas

con igual gentileza.

Encandilas las almas, saciables tan solo

con la miel de tus piedras,

donde se enganchan las alas,

conformes con no volar más alto.

 

Henos aquí.

 

Hagamos, aunque sea,

tres chamizos para quedarnos un rato,

siempre habrá ocasión de regresar a Babilonia.

 

Llegados a ti, no hay quien nos mueva,

ebrios de tus cantos de salterio y cantería,

Salamanca, sirena colosal.

 

 

Antología del Encuentro de Poetas Iberoamericanos, con pintura de Miguel Elías

 

CON SAN JUAN DE LA CRUZ

 

Desperezándose en la densa negrura,

en la celda impenetrable del párpado insondable,

oculta en la lóbrega tiniebla,

comienza a avanzar tu alma.

Ofuscado por el faro espeso de tus rezos y

pensamientos,

cegado por las vendas de cadenas,

tropezando entre velos y envoltorios

de misterio tenue, azulado, intermitente,

palpas muros de castros ancestrales,

pisas charcos de luna titilante,

hasta que fosforece el tímido centelleo del candil

en el reino de la luciérnaga,

los cigarros de faroles

disipan haces lechosos

y te adentras en la pira crepitante, el pebetero

avivado, el cirio inmortal,

la vibrante bujía, los braseros atizados, la lumbre

danzarina, la candela arrimable.

Acontece el relámpago eterno, el río dorado

que no cesa.

Deslumbrado y no ciego, atisbas mares de fulgor,

te sumerges en éxtasis inefables,

frito de dicha en el rayo cierto.

 

Otros,

sencillamente,

abrimos

la puerta.

Antología del Encuentro de Poetas Iberoamericanos, con pintura de Miguel Elías

 

PÁBILOS HUMEANTES

 

Que me traigan el humo dijo Ciro

y le trajeron todas sus victorias.

(Aníbal Núñez, Pebetero)

 

Pábilos humeantes,

cañas cascadas,

secuoyas partidas.

Sube un genuino incienso de derrotas,

los laureles mejor contados.

 

Grama seca en procesión,

yesca en tropel hacia su sino,

huestes de estopa ascendente.

Canta el búho de las soledades

gestas de paladín desertor.

 

¿Llegará la lluvia?

¿Traerá la riada aluviones?

¿Caerán coronas, guirnaldas,

diplomas o sellos reales?

Me encontrará al descubierto

la pedrada de mis vanidades.

 

¿Soplará el solano?

¿Aventará tan sólo la cizaña?

¿Tumbará las torres de marfil

y los museos de hazañas disecadas?

Resistiré

en el reverente zarandeo de la palmera.

 

¿O se hará que nazcan futuros,

que mi ocaso aborte porvenires

de resurrección,

que se anuncien días nuevos

y horizontes sin cartografiar,

mapas en blanco que uno conoce,

sendas sin huella resueltas en edenes, en desiertos

y en todas partes,

y en todos los tiempos?

Diré amén a todo.

Retrato de Gabriel y Galán, de Miguel Elías

 

CANCIÓN DEL QUE QUIERE VIVIR

 

¡Quiero vivir! A Dios voy

y a Dios no se va muriendo…

J. M. Gabriel y Galán, Canción

 

Te hicieron creer que vas a Dios

cuando emprendes la cuesta de las penitencias,

cuando te sientes ducho en el mercadeo de rezos

por perdones,

cuando cambias canciones por endechas

o imaginas tener la clave para sobornar al Justo.

 

Te dicen que vas a Dios muriendo,

que, si renuncias a sus regalos,

desprecias tus ajuares

y embarras la luz con cera,

harás suave la subida.

 

Muchos hubo siempre dispuestos a guiarte,

dando vueltas en el breve perímetro de sus pozos,

te enseñaron trucos de espirales mágicas de ascenso,

a precio de muerte, pero siempre la tuya.

 

Tanto has invertido en el ir, muriendo,

que no te atreverás a mirar al sol

más dulce, el que te muestra la verdad:

 

A Dios no se va,

a Dios se le recibe.


Monumento a Torres Villarroel (foto de Jacqueline Alencar)

 

FRUSTRACIÓN

(soneto chusco II)

 

Y viendo que con estos nada valgo,

dejé la pluma, desmayóse el gusto,

y eché las Musas a espulgar un Galgo.

(Diego de Torres Villarroel)

 

Bien poblado de pulgas llegó el chucho

y el poeta bien provisto de excusas

con que dar algo que hacer a las musas,

de no servir el último cartucho.

 

A Alencart, a Quirós y a Aganzo escucho

y se acaban de esfumar mis ilusas

ideas de metáforas obtusas

para asombrar a público tan ducho.

 

¡Bienvenido en la ciudad de la cultura!

¡Acogido entre los vates del Liceo!

Mejor me callo y guardo esta basura,

 

porque si la abro y ante otros la leo,

una consecuencia doy por segura:

que en su Plaza me señalen con el deo.

 

Marcelo Gatica y Juan Carlos Martín Cobano, en el Centro de Estudios Brasileños de la Universidad de Salamanca

 

Tiempo de cruzar el umbral es un libro poético de viaje que muestra la experiencia espiritual de un poeta anclado en las fuentes líricas de la tradición cristiana universal. La arquitectura del libro es hermoseada por imágenes y aromas numinosos, evidencia de una poesía aérea, profundamente mística. A su vez, emerge una lírica de barro, testimonio de las tensiones humanas en el mundo. Estamos frente a una obra reflexiva que muestra el eco del tiempo hebreo. Debajo del sol Martín Cobano canta, y se sumerge en el asombro, y nos anima a cruzar el umbral en tiempos vertiginosos”.

Marcelo Gatica

 

Espadaña de la Plaza Mayor de Salamanca. Pintura de Miguel Elías