Domingo, 9 de agosto de 2020
Ciudad Rodrigo al día

¿Nueva normalidad?

Jamás hemos disfrutado de tantas organizaciones instrumentales públicas y aún privadas de cobertura mundial

Apenas comienza a clarear el denso e intenso nubarrón de cada crisis, y eso que el periodo de tiempo transcurrido entre una y la anterior está siendo cada vez menor, los seres humanos prospectan el devenir con un suspiro de alivio hondo y auguran sin ton ni son la próxima llegada de una “nueva normalidad”. ¿A qué se referirán unos y otros al poner en sus labios o escritos el tan manido sintagma? ¿Querrán dar a entender que seguirán acudiendo al mismo peluquero y reirán sus renovadas chanzas y gracietas verbales mientras cortan el pelo al cliente de turno? Servidor opina que, si logramos salir de ésta que todavía tenemos pendiente de concluir, cometeríamos un craso error volviendo al más de lo mismo. El género humano debiera repensar muy seria y sabiamente la situación global por la que atraviesa la humanidad de las desigualdades y desequilibrios que padecemos, harto ostensibles en cifras, números y síntomas. Parece, pues, urgente volver a releer y analizar en profundidad la Carta Internacional de los Derechos Humanos, y ponernos a actuar consecuentemente cuanto antes: ya, porque mañana pudiera ser excesivamente tarde.

Verán: en el lenguaje geológico-geográfico oficial, el planeta Tierra se halla (¿)  atravesando aún la era geológica denominada Holoceno… Sin embargo, el doctor Paul Crutzen, que el año 2000 fue Premio Nobel de Química, ya había acuñado el término Antropoceno para designar con ese nombre una nueva era geológica que, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y según él había sucedido al Holoceno, dado que el hombre fue sustituyendo las formas rústicas, pero sostenibles, por otras más agresivas y peligrosas en la utilización y provecho de los recursos naturales y ambientales de la naturaleza, cuyo crecimiento ha proseguido de manera exponencial durante los siglos XIX, XX y actual. Tal agresividad llevada a cabo por el hombre, según él había llegado a afectar los estratos más profundos del planeta, por cuanto éste había dado carpetazo al periodo anterior, siendo sustituido por el Antropoceno dado que “durante las últimas centurias la influencia humana ha sido tan significativa, que ha constituido una nueva era geológica”. Como pueden ustedes imaginar, la polémica entre los miembros de la comunidad científica mundial está servida y abierta: ¿propuesta científica verificable y demostrada?; por el contrario, ¿declaración política objeto de debate y discusión?; esto es, lo de siempre. Entre tales interrogantes se halla la ciudadanía mundial, apremiada por encontrar la tan deseada y necesaria “nueva normalidad”.

Mas reparen ustedes en la siguiente singularidad potencialmente positiva que se halla a nuestra disposición. Jamás hemos disfrutado de tantas organizaciones instrumentales públicas y aún privadas de cobertura mundial, para entre todas lograr convertir una aparente utopía en una salvadora solución. Les cito los nombres de algunas de ellas: ONU, UNESCO, FAO, G-20, G-7, OMS, NATO, BANCO MUNDIAL… Como ven, suficientes arquitecturas para construir el edificio salvífico de la nueva normalidad que propugnamos. En manos de todas y de todos quedan la palabra y la acción.