Miércoles, 21 de octubre de 2020
Ciudad Rodrigo al día

El final de una etapa

El párroco de San Andrés, Tomás Muñoz Porras, envía una última carta a sus fieles antes de la esperada reapertura

1.- Queridos amigos y hermanos de San Andrés, una semana más os saludo a través de esta carta.

Han pasado casi dos meses desde el inicio del confinamiento ocasionado por el coronavirus. A lo largo de estos dos meses, hemos mantenido vínculos de comunicación a través de las redes sociales de la parroquia (Facebook, Instagram, WhatsApp y nuestra página Web) y también mediante estas simbólicas cartas que os dirijo. Hemos escrito 7 cartas y esta será la final, la despedida, pues comenzamos una nueva etapa: se abrirán los templos y comenzaremos, con restricciones, a celebrar la fe y el encuentro en nuestras iglesias.

2.- Todo estaba preparado para comenzar la nueva andadura este lunes día 11 de Mayo, sin embargo, dada la evolución de la enfermedad en nuestra provincia de Salamanca, se ha determinado que nuestra Ciudad pasará a la denominada FASE 1, posiblemente, a partir del día 17 de Mayo.

No pasa nada. Si este retraso nos garantiza la seguridad sanitaria, esperaremos con serenidad, porque ya avistamos un horizonte claro en el que comenzaremos a retomar una parte de nuestra vida social. No obstante os ruego que seáis más cautos, si cabe, en vuestras salidas a la calle. No olviden la mascarilla ni la distancia de seguridad. Son los elementos, junto a la higiene de las manos, que son necesarios para evitar el contagio.

3.- Por nuestra parte, hemos preparado todo lo necesario para que cuando abramos nuestro templo para celebrar la Eucaristía, esté garantizada la seguridad de todos. Todo está listo.

La parroquia os espera a todos con impaciencia y emoción. No tengáis miedo de ir a nuestra Iglesia: será una buena ocasión para iniciar el encuentro social en un clima tranquilo, sencillo y seguro. Sin duda, más seguro que muchos establecimientos a los que tenemos que acceder.

4.-Estos dos meses han sido, en verdad, muy duros y trágicos. Hemos tenido que soportar el miedo al contagio y a la enfermedad. Hemos soportado dos meses de encierro al que no estábamos acostumbrados, máxime en nuestra cultura mediterránea, en la que nos gusta la vida social en la calle. Hemos aceptado estoicamente la separación de los seres queridos: padres, hijos, abuelos, nietos y amigos. Vivimos con horror la muerte de casi 30.000 víctimas, en tales condiciones de olvido y abandono, que nunca habíamos conocido.

Finalmente, hemos vivido, con pena, la imposibilidad de celebrar nuestra fe y alejados de nuestros templos, a los que amamos.

Lo hemos pasado mal. Nos sentimos tristes, conmocionados, desorientados y, a veces, enfadados.

5.- Por nuestra parte, hemos hecho lo que hemos podido hacer.

Nuestra parroquia se ha mantenido activa, para cumplir con su obligación: AYUDAR Y ACOMPAÑAR A SUS HIJOS.

En este último mes hemos acompañado personalmente a 92 personas en diversas situaciones. Han recibido la comunión 60 personas. Se han acercado al sacramento del perdón 21 personas y hemos asistido al sepelio de 8 difuntos. En total, 170 acciones sacramentales y de asistencia.

Quizás lo más emotivo que he vivido en este tiempo, además de los entierros solitarios, haya sido el acompañamiento, al Hospital Clínico Universitario, a una persona para visitar a su familiar en estado crítico. Dios nos ayuda siempre.

6.- Quisiera que todo esto quedara atrás como un mal sueño. Pero no sería bueno que saliéramos de esta trágica situación sin aprender algo positivo. Os daré mi opinión personal.

 +1. Hemos comprobado que el ser humano “aún no es Dios”. De nuevo nos hemos sentido frágiles y desamparados ante el embate de la naturaleza.

 +2. La vida social y comunitaria es importante y para que sea sana y positiva, es necesario el ejercicio de la solidaridad, la ayuda al otro, el ejercicio del amor (la caridad). El individualismo egoísta es veneno.

 +3. Una vez más, los que somos cristianos confrontamos la adversidad con firmeza y esperanza porque, en medio del dolor, nos sabemos acompañados y salvados por nuestro Señor Jesucristo y el amor maternal de la Virgen María.

7.- Os invito a manteneros firmes en la fe en Jesús Resucitado. Sólo Él nos salva, sólo Él nos conducirá a la Vida Eterna, pues caminamos como peregrinos: con la mirada puesta en el cielo prometido.

No me queda más que encomendaros a todos a la Señora de San Andrés, la Santísima Virgen de la Peña de Francia.

Tomás Muñoz Porras, párroco