Sábado, 19 de septiembre de 2020

Mónica Velasco, la luz de la poesía

“Mi espíritu, mi ser interior, tiene un discurso más cercano a las formas del clasicismo, en su búsqueda del equilibrio, interior y exterior”, explica la salmantina 
Mónica Velasco, en una ilustración realizada por Carmen Borrego

Los fuegos pronunciados de labio a labio, como decía el poeta Julio Vélez, no se apagan con la necesaria distancia, siguen siendo hermosos en su cercanía luminosa, consoladora. Y si ese fuego tiene la belleza de la escritura de Mónica Velasco, ardemos al leerla en las ansias de la poesía compartida entre alumnos y lectores fascinados por una autora iluminada que ilumina. Porque en estos tiempos oscuros solo el amor crea y vuela a despecho de todas las distancias.

¿Qué significa el título Llumantia ilíquida, tu último libro publicado por Amarante?

‘Llum’ es un guiño a las Islas Baleares, donde hemos vivido porque guardo como un tesoro el recuerdo de aquella luz mediterránea. A Llum añadí el sufijo ‘tia’, que entre otros significados tiene el de ‘capacidad de’ y sumé finalmente el adjetivo ‘ilíquida’, que es lo contrario de concreto, es decir, impreciso, indefinible... Es un juego de palabras que puede traducirse como ‘capacidad imprecisa o incontable de luz’. De todos modos, el título surgió solo, casi como una onomatopeya, como un poema.

La poeta Asunción Escribano dice que el libro está marcado por la idea de la armonía… ¿Prefieres que los poemas se unan en un libro o vayan por libre?

Ambas cosas. Casi todos los poemas del libro responden a un mismo momento vital y en la mayoría de los casos conforman una unidad, un libro,  pero por otro lado, cada uno de ellos son un poema que se sostiene solo. En ocasiones tengo la sensación de haber escrito siempre el mismo, desde muy joven. Creo que mi voz ha ido madurando formalmente, pero es fiel a mi ser interior y este cambia muy poco. O siento, aún, que no ha cambiado demasiado.

¿Nace el poema de la intuición, la realidad, la reflexión, la tradición?

Hasta ellos puedo haber llegado a través de la memoria, de una evocación, de una realidad presente... Todo soy yo. En la poesía encuentro refugio, respuesta a muchos interrogantes, detenimiento y conexión. Para mí la escritura es una meditación. Me conecta con la realidad visible y sí, a través de la intuición, a tientas, busco encontrarme también con ese latir de fondo que palpita fuera. En sinergia. En esa “palabra esencial a través del tiempo” de la que hablada Machado, puedo llegar a comprender que hay un testigo, una verdad universal... Para escribir, busco esa conexión necesaria, esa intuición o escucha.

Isabel Bernardo te define como una poeta fresca que no te has dejado llevar por corrientes a la moda y a la vez, que bebe de las formas clásicas. ¿Estás de acuerdo?

Sí. Profundamente. Mi espíritu, mi ser interior, tiene un discurso más cercano a las formas del clasicismo, en su búsqueda del equilibrio, interior y exterior. Las lecturas imprimen su sello indeleble en la voz propia y es cierto que me decanto por las voces poéticas más clásicas. Por otro lado, intento ser fiel a mi dictado, a mi escucha.

¿Se puede ser poeta sin conocimiento de la poesía anterior?

Creo que la llamada hacia la poesía se tiene y siente desde muy joven. En mi caso, mi madre me inspiró una visión poética. Más adelante, tuve también la suerte de encontrarme un profesor en el instituto que me descubrió el amor por la palabra, su  belleza, la complejidad formal y de fondo del texto literario, el mensaje velado. Se trataba de D. Luis García-Camino. Un profesor sensible y amante de su profesión. Un poeta. No creo que se pueda escribir bien si no se lee.

¿Escribir poesía es una forma de estar en el mundo diferente a la de un poeta, un narrador, un periodista?

Sin duda alguna. Esta definición de Antonio Colinas, poeta grande y persona a la que tanto aprecio, es tan certera... Una forma que te elige y tú eliges también -para ser fiel a ti misma- de situarte ante la realidad, ante las circunstancias que te rodean. Una manera de mirar,  de comprender y, si hace falta, de posicionarse. El discurso poético no siempre carece de narración pero no necesita de ella. Creo que no son excluyentes. Hay grandes narradores poetas, poetas que también escriben narración... pero es cierto que la condición de poeta siempre emerge.

¿Y qué te diferencia a ti como persona, como profesora?

Yo he intentado escribir otros géneros pero, como digo, siempre, sea relato, cuento, ensayo... mi voz y mi mirada necesitan de poesía. Y seguramente, incluso en mi manera de entender mi labor como profesora, me condicione. Disfruto inmensamente cuando descubro ese “brillo” que conozco en los ojos de algún alumno que ha encontrado respuesta o pregunta en algún texto. Cuando consigo que se entusiasme por el hecho estético, que brille y disfrute en las clases, lo compensa todo. Tengo mucha suerte de poder trabajar con alumnos en una edad pura de descubrimiento y hacerlo a través de aquello que me emociona, el legado de la palabra.

¿La poesía ocupa ahora un espacio público grande y necesario?

La poesía no es patrimonio de nadie, es de todos. Es para todos. Y puede ser un arma salvadora en tiempos difíciles, como los que estamos viviendo. La palabra es patrimonio del hombre y con ella podrá defenderse de toda vicisitud, personal o colectiva.

¿En esta situación de resistir hay espacio para la escritura?

Creo que es muy buen momento para la creatividad. Pasamos más tiempos solos y, lo estemos físicamente o no, nos ha golpeado un enemigo insospechado. De pronto nos hemos visto separados de una realidad que dábamos por hecha, sin cuestionarnos demasiado y esto, necesariamente, nos hace reflexionar y buscar una respuesta. En mi caso, los primeros días, dudaba de mi propia voz poética por la gravedad de la situación, con la enfermedad y la muerte golpeando tan hondo. Escribí entonces textos que están inéditos o dispersos por las redes y que responden a mi canto y a mi fe en una humanidad solidaria, en una comunión necesaria con la naturaleza.  La necesidad de difundir poesía en las redes creo que responde al instinto de formar comunidad; de encontrar un lugar común para el pensamiento colectivo. El arte nos hace humanos.

¿Nos va a cambiar esta situación?

Sí, le urge al ser humano una relación nueva con los demás y con el entorno. Urge un compromiso mayor y una mayor gratitud. Sin fe en el presente no podremos tener futuro. Debemos pensar en la red invisible que conformamos y las consecuencias de los pequeños gestos. Creo, en este sentido, -soy una optimista irremediable-, que esta crisis nos hará más conscientes. Que saldremos fortalecidos. Cuando salgamos de ella, espero que transformemos nuestra manera de relacionarnos con el entorno con medidas conjuntas concretas...

Eres profesora de instituto y sabemos que eres positiva, que generas optimismo y apoyo. ¿Esto es fácil?

Sigo agradecida por tener un trabajo que me entusiasma. No todos los días son fáciles pero, personalmente, procuro disfrutar con lo que hago. Me gusta trabajar con adolescentes. Ha cambiado muchísimo el concepto que se tiene del profesor que no debía ser otro que el de una persona que está para ayudar, mostrar el camino del aprendizaje a sus alumnos. Ser un cómplice en este proceso.

Eres tan cómplice, Mónica, que un alumno tuyo también participa en esta entrevista… ¡No quiere que digamos su nombre! Él pregunta: ¿Qué momento del día es mejor para escribir? ¿Existe la inspiración? ¿Tienes algún lugar-fetiche, trabajas con música, con el mismo bolígrafo o existe alguna costumbre o secretillo que haga más fácil la escritura?

Bueno, para escribir necesito mi rincón de silencio. Un momento robado al día solo para mí. Entonces, me preparo con mis cuadernos, tengo varios... Siempre escribo en papel. Releo lo escrito, versos sueltos que he ido apuntando y voy adentrándome en un universo distinto... Se le puede llamar “inspiración”... Para mí es algo como una conexión. Mientras estoy “buscando”, “escuchando”... a veces tengo suerte y viene ese verso, o ese poema que necesitaba escribir. Que tal vez estaba ya escrito. En ocasiones solo sé que necesito poesía y, junto a mis cuadernos, me rodeo de textos. Esos momentos son maravillosos. Y  diría que, más que con música -que también, algunas veces,- me gusta escuchar en el silencio.

¿Si te digo Antonio Colinas?

Para mí es un faro. No hace falta que ponga de manifiesto la relevancia de su voz literaria a nivel mundial, porque es algo notorio. Me sorprenden la generosidad y la cercanía con la que un poeta de su talla se relaciona con poetas que empiezan y con su entorno más cercano, el de su tierra (o sus tierras, porque tiene varias). Es el poeta en el sentido mayúsculo del término: una voz indisociablemente unida a una visión poética de la existencia. Para mí es un honor enorme, un regalo inesperado, haber compartido proyectos con él.

Vivimos en una ciudad literaria donde se siente a los autores que aquí habitaron y escribieron. ¿Crees que eso imprime algo especial?

Eso es algo maravilloso. Forma parte invisible de la ciudad; invisible y real. Pensar que por nuestra Universidad centenaria pasaron personalidades como Antonio de Nebrija, el citado Fray Luis de León, Góngora, Unamuno... nuestra querida Carmen Martín Gaite… Es inspirador. Solemne incluso. 

¿Cuál es el orden, Mónica, búsqueda, deslumbramiento, escritura?

Ahora estoy en proceso de escritura. Este golpe aciago no pasará inadvertido para nadie. A la vuelta encontraremos numerosas obras artísticas con la referencia a  estos tiempos que vivimos en primera persona. Mi orden nace con la necesidad, por ese deslumbramiento que citas, o por la búsqueda de diálogo con el mundo, con la naturaleza circundante, tan sabia... Después del trabajo de la escritura primera, en pura escucha, voy puliendo y atiendo más a la forma, la musicalidad...

¿Es más productiva la tristeza que la alegría, Mónica?

Creo que yo escribo entre la felicidad y cierto punto de melancolía; entre la certeza de un secreto vital que me conmueve y la incertidumbre. Las emociones no me resultan unívocas y cuando me siento a escribir lo sé. Solo escribo y voy descubriendo, salvo en claras ocasiones en las que tengo algo importante que decir o reivindicar.

Un solo verso para este tiempo al que le falta la luz que a ti te sobra…

La rama flota en su música/Recorta los perfiles solo el ojo/en la mirada.