Jueves, 13 de agosto de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Carta de Tomás Muñoz Porras en el III Domingo de Pascua

Una semana más, el responsable de la Parroquia de San Andrés de Ciudad Rodrigo remite una carta a sus fieles

1.-Queridos amigos y hermanos de San Andrés, deseo que cada carta que os envío, sea un motivo para fortalecer el vínculo que tenemos. Un vínculo espiritual y familiar de pertenencia a la comunidad cristiana de San Andrés, a la familia de Jesucristo que vive su fe en un lugar concreto de nuestra ciudad.

Yo, por mi parte, deseo que tengáis la firme certeza de que nuestra parroquia, a la que amamos, sigue viva y en pie. Cada día celebro la Eucaristía a las 19h. por todos vosotros y cada día me hago presente en nuestro templo (de 12 a 13h. y de 18 a 20h.) para atender cualquier necesidad que surja. Todos los días rezo por los vivos y por los difuntos, al pie de nuestro Cristo y de La Virgen de la Peña. Ningún día falta una vela encendida como símbolo de la oración viva por todos.

2.- La tragedia que vivimos ha sido, está siendo, tan grave e inesperada que, aún hoy, no somos capaces de hacernos una idea real de su alcance.

Cercanos a los 25.000 muertos, muchos de ellos cercanos a nosotros, hace que sintamos el lógico temor e incluso verdadero miedo, porque sentimos amenazada nuestra vida. Familias rotas y enfermos por todos los rincones de la nación. Estamos asustados.

Cuando estas tragedias ocurren, nos preguntamos muchas cosas, nos sentimos frágiles e inseguros, pensamos, ante la muerte, en nuestro propio destino y, sobre todo, SUFRIMOS. Podríamos decir que vivimos una etapa de profundo sufrimiento y tribulación.

3.- Sin embargo, todos sabemos que la tragedia, el sufrimiento y la tribulación forman parte de la misma vida y de ello todos tenemos experiencia personal. Hay tribulaciones personales (enfermedades, fracasos sentimentales y laborales,…), familiares (muertes y enfermedades de seres queridos,….). Hay tribulaciones eclesiales, nacionales, internacionales, etc.

La adversidad y el sufrimiento son parte intrínseca de la vida de los hombres. El camino de la vida real es bien duro; la vida es “rosa con espinas” y, por eso hay que educar, incluso a los niños, en esta dura realidad.

El camino cristiano no suprime el dolor, pues es un camino duro, la puerta es estrecha y debemos cargar con la cruz. El cristianismo sin cruz es siempre un cristianismo falso.

4.- Y cuando el dolor es intenso, puede ocurrir que nos preguntemos: ¿DÓNDE ESTÁ DIOS?
Un hombre bueno, perteneciente a la élite intelectual alemana, Bonhoeffer, estuvo internado en un campo de exterminio nazi, en el que finalmente murió ahorcado. Un día, asistiendo al ahorcamiento público de diez presos en el propio campo, alguien dijo en voz alta: ¿DÓNDE ESTÁ DIOS? Porque en verdad, ante tanta maldad, tanto dolor y tanta inmundicia: ¿dónde está Dios? Y Bonhoeffer, apuntando con su mano a los ahorcados dijo: “Allí está Dios”. Sí, allá, en los ahorcados, allí está la Cruz y Cristo crucificado en ella. Porque Dios siempre está en el dolor, en el sufrimiento y en la adversidad. Dios siempre está.

5.- Cuando la tribulación llega a nuestras vidas, lo importante es saber: ¿Cómo la afrontaré?, ¿cómo comportarme en la tragedia y el dolor?

En estas circunstancias adversas debemos permanecer FIRMES – FUERTES y VALIENTES. Permaneciendo en la esperanza de que SIEMPRE PREVALECE EL BIEN. Esta firme convicción hará que, aún en el dolor, podamos vivir con dignidad e incluso con gozo y, así la tribulación se convierte en el verdadero crisol de nuestra fe (1P. 1,6-7).

El CRISOL es el fuego vivo en el que se introduce el crudo y blando metal para transformarlo en el fino acero de la espada: duro, brillante y lleno de belleza. Así, dice San Pedro, la tribulación es el crisol, el horno de la prueba, que nos transformará en verdaderos cristianos, haciendo que nuestra fe sea SOLIDA – FIRME – FUERTE e INCONMOVIBLE. La Cruz fue el crisol final para Jesús y lo será para nosotros, sus discípulos.

6.- Tiempos fuertes de tribulación y de dolor para hacernos más fuertes, más cristianos y más personas. Porque el final de esta historia lo conocemos: SIEMPRE PREVALECE EL BIEN. La historia de los hombres con Dios, siempre termina bien. A pesar del dolor, del pecado y de la adversidad, siempre termina bien, porque Él siempre está con nosotros, a nuestro lado, para llevarnos por el camino que más nos conviene.

Queridos amigos, no dejéis que estos tiempos de tribulación os arrebaten la FE, os arrebaten al Señor. Sería el peor final posible, sería, en verdad, la mayor tragedia. En estos tiempos adversos “cuidad más de Dios” en vuestra vida. Sí, debemos cuidar a Dios en nosotros como el buen padre y la buena madre cuidan de su hijo y de su hija.

7.- Este confinamiento que vivimos sigue adelante. Posiblemente el punto álgido de la crisis sanitaria va pasando y ya se habla de una salida lenta y escalonada de esta situación. Ahora debemos tener más cuidado que nunca y ser muy precavidos. Creo que también habrá una apertura escalonada de nuestras iglesias y lugares de culto. Lo iremos viendo con paciencia.
Manteneos, con solicitud, en la fe y en el amor a Dios, a la familia y a todos los hermanos. No dejéis de orar y de vivir intensamente este tiempo de Pascua Florida para estar preparados a recibir la acción del Espíritu el 31 de Mayo, día de Pentecostés.

Unidos en el amor entrañable de la Santísima Virgen María de la Peña de Francia, recibid un afectuoso saludo.

Tomás Muñoz Porras, párroco