Jueves, 13 de agosto de 2020
Ciudad Rodrigo al día

Virus cruel

Cuando sales a comprar ves a la gente triste y apagada y puedes sentir el miedo en el aire, te preguntas ¿cómo acabará ésto?

Y de repente la vida te pone a prueba.

Y de repente te encuentras encerrado en casa, viendo como algo está matando a mucha gente, viendo como algo hace que tiemblen los cimientos de la sociedad. Viendo a familiares y amigo son despedidos de sus trabajos. El miedo y el pánico se apoderan de ti y te crea impotencia de no poder ayudar.

Cuando sales a comprar ves a la gente triste y apagada y puedes sentir el miedo en el aire, te preguntas ¿cómo acabará ésto?.

Te inquieta y preocupa tu salud, la de los tuyos y de todos, y es ahí en ese punto de incertidumbre, de bloqueo total de tu cuerpo cuando te das cuenta que SÓLO no se puede, que nos necesitamos. Ves a nuestros soldados de bata blanca, luchando contra el enemigo. Porque ves que esos héroes y heroínas arriesgan sus vidas por salvar las de los demás. Porque también ves a otros héroes y heroínas detrás de una caja registradora. Y nuestros ángeles de la guarda velando para que se cumplan las normas y ayudan a todos y en todo.

A nosotros, mayoría silenciosa, solos o acompañados, nos corresponde quedarnos en casa, cumpliendo las normas, enviando mensajes de ánimo y si es preciso cantar y bailar, aunque suene baladí, para alegrar a los demás”.

Este texto, lo transcribo casi literal, me lleva a pensar lo traidor y cruel que es este virus.

Es cruel, porque sabes que está ahí y te provoca la zozobra de saber si te tocará.

Es cruel, esperas que no te llegue y te provoca desazón.

Es cruel, porque esperas, con un poco de egoísmo, que no contamine a familiares y amigos y te provoca preocupación.

Es cruel, porque sabes que puedes ser contaminador y no quieres serlo y te provoca temor estar cerca de alguien.

Es cruel, cuando sales a la calle a hacer la compra y aunque haya cola te sientes raro, con una rareza muy particular, “no me acerco ni te acerques”, “no hablo ni me hables” y te sientes sólo de una forma extraña.

Es cruel, para personas solas que se han de tragar en silencio las alarmas de las noticias y  provoca angustia.

Es cruel, cuando sientes algo de los varios síntomas que ocasiona la invasión, sin saber qué le pasa a tu cuerpo y te provoca miedo.

Es cruel, porque no tienes medios a tu alcance para ponerle freno y te provoca impotencia.

Es cruel, cuando has sido invadido y tienes que pedir socorro a los ángeles de los ambulatorios y la respuesta te provoca pánico.

Es cruel, cuando te dicen que has de ingresar en el hospital, porque has oído las situaciones que se plantean y sientes la duda de qué es mejor, si ingresar o quedarte en tu casa, y no sabes si tienes billete de retorno.

Es cruel, cuando eres mayor y ves el panorama de las residencias de mayores y te provoca la fragilidad.

Es cruel, cuando no puedes decir un te quiero y coger de la mano al que se va, ni lo puedes acompañar, ni depositar unas flores en la tierra de su última morada.

Es cruel, cuando regresas a casa y has de guardar una cuarentena en soledad porque has estado en compañía del contaminado o fallecido.

Es cruel, ver como unos arriesgan su vida por curar, por aportar alimentos, medicación, por limpiar, dar servicios esenciales para que no falte de nada y que a veces son invisibles.

Es cruel, cuando hay personas insolidarias y garbanzos negros que quieren que los que están sirviéndonos renuncien a sus hogares porque son personal sanitario o prestan servicios en los supermercados y te provoca rabia.

Es cruel, porque te puede provocar la pérdida de tu trabajo y te provoca desasosiego.

Es cruel, porque ha roto el ritmo de tu vida, tus anhelos, un futuro incierto, tu capacidad de soñar.

Es cruel, cuando ves a nuestros representantes políticos que no se ponen de acuerdo,  afanados algunos en mantener sus egos personales, cuando es el momento de estar todos en consonancia, de demostrar que les importamos, que somos el objeto de su misión, elegida voluntariamente . Y nos provoca desesperación.

Es cruel, porque te impide besos y abrazos. 

Pero lo más importante es que esta situación nos provoca una reacción. Desde nuestro interior nos sale una fuerza especial, que a lo mejor no sabíamos que teníamos, para luchar. Le hemos echado arrestos. Sabemos aguantar. Sabemos sobrevivir. Sabemos animar y hacer sonreír.

PORQUE TODOS JUNTO A LOS QUE ESTÁN EN PRIMERA, SEGUNDA O TERCERA LINEA LO CONSEGUIREMOS, GANAREMOS.

Creo que todos nos merecemos UN APLAUSO, UNA ROSA Y UN LIBRO.

HOSPITALET, 23 DE ABRIL DE 2020