Sábado, 4 de abril de 2020

La epidemia de gripe de 1918

Con tantos dimes y diretes que están sobrevolando en las últimas semanas en las conversaciones de calle, así como en medios de comunicación y redes sociales, a cuenta del coronavirus, esta semana quiero recordar una epidemia que sufrió el mundo hace poco más de un centenar de años, en 1918, y que sí fue realmente mortífera.

Me refiero a la conocida como ‘gripe española’, que hace un siglo acabó en un año con la vida de unos 50 millones de personas en todo el mundo, fallecimientos de los que 250.000 tuvieron lugar en España.

Cabe señalar que aquella pandemia de gripe, que ha sido la peor que ha vivido la humanidad, se originó en Francia, entonces en combate en la Primera Guerra Mundial, de donde pasó la enfermedad a España, que fue el primer país en hacer pública su existencia, lo que conllevó que se le conociese como “gripe española”.

Sin duda, el contexto de la época favoreció notablemente la expansión de dicha gripe, siendo clave la mencionada Primera Guerra Mundial, ya que, por ejemplo, a Salamanca llegó a través de las tropas portuguesas que regresaban de la conocida entonces como “la Gran Guerra”.

Y es que, nuestra provincia sufrió los estragos de esta epidemia, hasta el punto de que se calculan en unos 6.000 salmantinos los que fallecieron entre septiembre y noviembre de 1918 como consecuencia de esta pandemia, siendo las comarcas salmantinas más afectadas las sierras de Béjar y Francia.

En este sentido, sólo en la ciudad de Béjar hubo 238 muertos por gripe española, llegando a estar infectados 4.600 bejaranos de 9.900 habitantes que tenía la ciudad entonces. Una alta tasa de infección y mortalidad que llevó a que los médicos de Béjar escribiesen una Memoria al finalizar la pandemia en la ciudad, el 11 de noviembre de 1918, con unas conclusiones más que curiosas:

“En nuestra población ha sido grave la epidemia a causa de haber encontrado debilitados a la mayor parte de los individuos. Esta debilitación o falta de resistencia orgánica depende seguramente de la deficiente alimentación, deficiencia crónica pudiéramos decir que sufre especialmente la clase popular, obreros y artesanos, pero que alcanza también, no hay que olvidarlo, a la clase media, cuyos ingresos, en general insuficientes, no permiten atender debidamente al capítulo más importante de gastos que es el de una alimentación suficiente, nutritiva y eficazmente reparadora de las energías físicas y mentales […] ha influido poderosamente en la propagación y en la gravedad de la epidemia [un hecho], y es: las malas condiciones higiénicas de la mayor parte de las viviendas de la clase pobre y de la clase media. Las condiciones antihigiénicas de las alcantarillas y el defectuoso sistema de evacuación de inmundicias son otras dos causas coadyuvantes a la mayor intensidad de la infección y, sobre todo, a la mayor frecuencia y gravedad de las complicaciones.”

En nuestra zona, el noroeste salmantino, cabe indicar que la gripe española azotó especialmente el área de confluencia de la Tierra de Vitigudino con la de Ledesma, donde se registraron las mayores proporciones de morbilidad.

De hecho, en localidades como Gejuelo del Barro, Villarmayor o Almendra, los infectados por gripe española llegaron a alcanzar e incluso superar el 80% de la población, contabilizándose 500 infectados de 596 habitantes en Almendra por este motivo, 417 de 522 en Villarmayor o 400 de 516 en Villaseco de los Reyes.

Sin embargo, pese a que la tasa de infección no fue tan alta en El Cubo de Don Sancho, ésta fue la localidad donde realmente causó un mayor daño dicha epidemia, contabilizándose 32 muertos en El Cubo en dos meses por gripe española (sobre una población de 878 habitantes), que también fue especialmente mortífera en Brincones, con 11 fallecidos sobre un total de 472 habitantes, o en Moronta y El Manzano, ambas con 10 fallecidos sobre 351 y 355 habitantes respectivamente.

No obstante, las localidades más afectadas en la provincia, en cuanto a fallecidos respecto a su número de habitantes, se ubicaban fuera de nuestra comarca, ya que fueron Pinedas, Gallegos de Solmirón y Monleón, mientras que en lo que a morbilidad (número de infectados) se refiere, las localidades que más proporción tuvieron en la provincia fueron San Cristóbal de la Cuesta, Galisancho, Villasrubias y Monleón, que tuvieron entre el 93% y el 95% de su población infectada por gripe española.

Ciertamente, a día de hoy contamos con medios médicos y hospitalarios mucho más avanzados como para evitar que pueda repetirse una epidemia del calibre de la de 1918, y desde luego, la morbilidad del afamado coronavirus comparado con la de la gripe española es irrisoria, por mucho catastrofismo que esté planteándose.

En todo caso, sirva este artículo como memoria histórica de una epidemia que tan duramente afectó a nuestra comarca, y de paso, tómese como un homenaje a todos aquellos paisanos que sufrieron en mayor o menor medida la gripe española de 1918, que se llevó de nuestros pueblos muchas ilusiones y sonrisas.