Jueves, 2 de abril de 2020

Traidor

El cadáver de Ernesto Cardenal, premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de la Universidad de Salamanca, yace en el féretro. En la catedral de Managua va a celebrarse un funeral religioso y un homenaje que quieren llevar a cabo los amigos del que siempre fue bardo y, en tiempos, político: en la resistencia, en el gobierno, en la calle. El país vive una dictadura, como la que él contribuyó a derrocar hace cuarenta años, y el ambiente social está cada vez más polarizado. Hay gritos de todo tipo durante los actos. Cuando sacan el ataúd por el lateral de la iglesia, los improperios de las turbas se acrecientan y, por encima de todos, sobresale una palabra que, como un látigo, muestra lo ruin de quienes nada saben: ¡traidor!

Pocos días después, en los escenarios madrileños se puede asistir a la representación de Traición, una obra de Harold Pinter estrenada en 1978 en la que cuenta la historia de un triángulo configurado por un matrimonio, (formado por un editor y una galerista), y el amigo íntimo del marido, un agente literario. Quien ganó el premio Nobel de Literatura de 2005 tuvo suficiente con nueve escenas para reconstruir ocho días a lo largo de una década e indagar de modo deslumbrante, paso a paso, en las razones de una historia de adulterios, mentiras y traiciones. Un relato donde el que engaña resulta ser el engañado, en el que la vergüenza del traidor compite con el dolor del traicionado y todo ello en el marco del tiempo, en el transcurso de la configuración de recuerdos equívocos.

Son dos pasajes diferentes, pero mantienen un hilo conductor en la comedia humana. El archipiélago de Solentiname en el lago de Nicaragua donde tanto tiempo pasó Cardenal no son las calles de las grandes ciudades norteamericanas en las que se asentaba hace medio siglo la clase media que no cejaba en quebrar una y otra vez el corsé del matrimonio. Las trayectorias vitales de unos y otros no tienen nada que ver. La ilación radica en el significado de la traición como reza el título de la novela de Rebeca West de 2011 donde, como el matrimonio, el espía son dos, puesto que se da una actividad que realiza una pareja: un espía procedente del campo adversario y un traidor salido del campo propio.

Sin embargo, el improperio en el funeral de Cardenal eleva la supuesta defección al nivel de la fidelidad para con un proyecto de vida que no es personal sino social, pues lo dicta la tribu al diferenciar el amigo del enemigo. No es solo que en el momento sagrado del velatorio se recrimine con el exabrupto su teórica deslealtad al proyecto colectivo, que dicen defender e interpretar los que se creen ultrajados, es que desprecian la fértil trayectoria de alguien profundamente libre. Si las partes en discordia en las parejas sufren en su intimidad el sentido de la traición el grupo falsamente vejado debe permanecer callado respetando una trayectoria limpia, plenamente soberana.