La importancia de la lucha por los derechos humanos en el mundo de hoy: una invitación a la conciencia ciudadana

Año tras año en nuestros informes anuales se pueden consultar no solo los atropellos que sufren los DDHH en los diversos países del mundo, sino también los avances que se van consiguiendo gracias a los esfuerzos de mucha gente que dejó de creer que el sofá y las conversaciones de barra de bar bastan para cambiar y mejorar el mundo

Voluntarios de Amnistía Internacional en Salamanca

Guillermo Castán Lanaspa

Activista por los Derechos Humanos

En los últimos tiempos, con cierta frecuencia, he tenido que oír de activistas de salón, de esos que son siempre los primeros en rechazar la injusticia que nos rodea en este mundo desalmado, y que luchan denodadamente por los Derechos Humanos desde el puesto de mando del sofá de su casa o desde el púlpito de la barra del bar, que las campañas, movilizaciones, denuncias, recogida de firmas y demás actuaciones que venimos haciendo desde Amnistía Internacional no sirven de nada.

“Yo no me molesto en estas cosas porque nunca se consigue nada”, afirman sugiriendo tal vez que tan solo una lucha mucho más enérgica, con acciones ejemplares, podría inclinarlos a participar. Ese tipo de ciudadanos que, cuando tocaba, jamás se sumaban a una huelga parcial y limitada, afirmando impúdicamente que ellos tan solo se subirían al tren de una huelga general, rotunda e indefinida…

Pues bien, año tras año, en nuestros informes anuales, se pueden consultar no solo los atropellos que sufren los DDHH en los diversos países del mundo sino también los avances que se van consiguiendo gracias a los esfuerzos de mucha gente que dejó de creer que el sofá y el bar son los lugares adecuados para cambiar y mejorar el mundo. También en 2019 ha habido algunos logros importantes a pesar de la fuerza formidable de la desigualdad, la injusticia y el impúdico y mendaz crecimiento de los discursos de odio.

Veamos algunos de estos avances que logran mejorar la vida de muchas personas o que rescatan a personas concretas, con nombre y apellidos, de un trágico destino forzado por la injusticia y la incuria esparcida por doquier. Avances que a todos nos afectan porque van construyendo un mundo progresivamente más digno. Por ejemplo, el Parlamento de Angola aprobó una reforma del Código Penal para eliminar una disposición que penalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo, a las que se discriminaba por su orientación sexual, de modo que esperamos que decisiones similares sean adoptadas en países vecinos. Taiwán se ha convertido en el primer país de Asia que legaliza el matrimonio igualitario; el 22 de octubre de 2019 el matrimonio entre personas del mismo sexo ha sido legalizado en Irlanda del Norte, y el aborto despenalizado. Amnistía lleva años en campaña, junto a otras organizaciones, para la defensa de  estos derechos.

Por otro lado, Grecia ha aprobado legislación para reconocer que el sexo sin consentimiento constituye violación, y los gobiernos de Dinamarca y el reciente de España se han comprometido a hacer lo mismo. Este avance da testimonio de la persistencia y valentía mostrada por sobrevivientes y activistas durante muchos años, y significa un impulso en toda Europa tras el análisis y las campañas de Amnistía en 2018 sobre legislación anticuada en 31 países europeos y otros obstáculos con que se encuentran quienes han sobrevivido a la violación para obtener justicia.

Pero también combatimos los abusos contra los derechos humanos de víctimas con nombre y apellido a través de la investigación y el activismo. Y esta tarea de defensa de personas concretas es fundamental y muestra bien a las claras la importancia de implicarse en ella, de mantener la defensa de los defensores de derechos humanos perseguidos y de las personas que sufren flagrantes y graves injusticias por parte de poderes tiránicos y hueros de valores.

Por ejemplo, la campaña iniciada por Amnistía Internacional y otros grupos para pedir la libertad de Hakeem, un destacado crítico pacífico de las autoridades bahreiníes detenido en Tailandia, creció hasta convertirse en el movimiento #SaveHakeem (Salvar a Hakeem) y lograr su libertad, gracias a la movilización de más de 165.000 personas. También, a raíz de la atención internacional y las acciones de organizaciones como Amnistía Internacional, las autoridades saudíes anularon una petición de la fiscalía para que la activista saudí Israa al Ghomgham fuera ejecutada por cargos relacionados con su participación pacífica en protestas. Israa al Ghomgham aún se enfrenta a una pena de prisión, y Amnistía sigue haciendo campaña en favor de su liberación inmediata e incondicional.

Y, por poner un último ejemplo, el defensor de los derechos humanos y destacado líder palestino beduino Sheikh Sayyah Abu Mdeighim al Turi, de 70 años,  fue liberado de una cárcel de Israel el 22 de julio tras pasar siete meses en detención por defender los derechos de la población beduina. Sheikh Sayyah dio las gracias a Amnistía Internacional y a todas las personas que habían actuado en su favor: “Muchas gracias por haber defendido los derechos de mi pueblo y la protección de nuestra tierra. El tiempo que pasé en prisión, sentí y oí alto y claro su apoyo, que significó muchísimo para mí”. También significa mucho para nosotros ver que ciertamente se consiguen avances significativos y verdaderamente esenciales para algunas de las personas objeto de injusticia y abuso.

Y seguiremos en 2020 con nuestras campañas y también invitando a toda la ciudadanía a participar en esta modesta y hermosa lucha por los Derechos Humanos; campañas y luchas que realizamos muy bien acompañados en Amnistía Internacional, movimiento global, independiente de todo Gobierno, ideología política, interés económico o credo religioso, presente en casi todos los países del mundo, formado por más de 7 millones de socios, socias, activistas y simpatizantes que se toman la lucha contra las injusticias como algo personal.