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Sábado, 6 de marzo de 2021

Urraca I de León, una de las grandes reinas europeas y pionera del feminismo

Un nuevo trabajo de este historiador repasará la vida y el legado de este personaje histórico

Retrato de Urraca I de León que ilustra la portada de este libro

El historiador medieval José María Manuel García-Osuna y Rodríguez acaba de concluir el libro ‘Urraca I de León, primera reina y emperatriz de Europa’, un trabajo monográfico y biográfico dedicado a este personaje histórico que “tiene un sentido muy desarrollado de su feminidad o, incluso feminismo, ya que en todas las diplomaturas, y demás documentos regios, entrega de poblaciones a un beneficiario siempre cita: ‘…con los hombres y las mujeres’, ya que tiene bien claro que las féminas no son un simple adorno o algo que es etéreo y volátil, sino seres con derechos, personalidad y deberes. Es obvio, que lo mismo era escandaloso para la época”.

A modo de avance, el propio autor comparte sus impresiones sobre esta obra con los lectores de SALAMANCA AL DÍA:

“Aunque su vida no será, nunca, un camino de rosas, sino todo lo contrario. En una Europa medieval donde se contempla con desconfianza y rechazo el que una mujer ocupe un trono, sea donde sea, ella sucederá a su padre el rey-emperador Alfonso VI el Bravo de León, al morir su hermano Sancho Alfónsez (1108) en la batalla de Uclés.

Primero había sido matrimoniada con el conde Raimundo de Borgoña, medrador por antonomasia, quien fallecería en Grajal de Campos el 20 de septiembre de 1107, con 37 años de edad; ella tenía 26 años, de este enlace matrimonial nacerían el heredero, Alfonso VII el Emperador de León y la infanta Sancha Raimúndez.

Es necesario otro matrimonio, ya que la curia regia la presiona, y se tiene que casar con uno de los varones regios más destacados del momento, pero su psique no está a la altura de su fuerza física y de su poderío militar, se trata del rey Alfonso I el Batallador de Aragón y de Pamplona, que es un neurótico palpable. Estudiado recientemente su esqueleto, dentro de la historiografía forense, como un varón fornido, robusto y musculado, con una dieta de alto consumo de carne, y de 1’61-1’62 de estatura.

El matrimonio será un desastre continuo, y ella no estará dispuesta a dejarse pisotear en su autoridad y en su dignidad. El matrimonio vivirá separado y enfrentado bélicamente. La reina Urraca Adefónsez la Temeraria no cederá y será la ganadora, plantando cara a todos, incluyendo a su propio hijo y al arzobispo Gelmírez de Compostela. Mantendrá unas relaciones amorosas plenas y satisfactorias con el conde Pedro González de Lara con el que tuvo dos hijos documentados: Elvira Pérez de Lara (c. 1111-c. 1174) y Fernando Pérez Furtado (c. 1114- 1156).


La reina leonesa fallecerá en Saldaña y será enterrada en el Panteón de Reyes de San Isidoro de León, la denominada como “Capilla Sixtina del Arte Románico”.

La reina-emperador de León, Urraca I Adefónsez, tiene una clara concepción de que ella ocupa la titularidad de su reino, y su segundo esposo es el consorte, por lo que siempre firma como URRACCA REX, por consiguiente ella es el rey, y no la reina, ya que en este segundo caso presupondría que el titular es Alfonso I el Batallador, y el hecho es inaceptable para ella.

También tiene un sentido muy desarrollado de su feminidad o, incluso feminismo, ya que en todas las diplomaturas, y demás documentos regios, entrega de poblaciones a un beneficiario siempre cita: “…con los hombres y las mujeres”, ya que tiene bien claro que las féminas no son un simple adorno o algo que es etéreo y volátil, sino seres con derechos, personalidad y deberes. Es obvio, que lo mismo era escandaloso para la época.

En las proximidades de su época aparecerá otra mujer fuera de serie, pero las anteriores ya han ido preparando el camino, con sus nombres y apellidos, desde la helénica Safo, la cartaginesa Sofonisbaal, pasando por la Cornelia de los Graco, por la emperatriz Livia, Agripina la Menor, Popea, Hipatia, Hildegard von Bingen, y tantas otras, hasta llegar a la grandiosa Leonor de Aquitania, o la reina leonesa María de Molina, y tantas otras que fueron sembrando el camino de los derechos de las mujeres, con sus virtudes y sus defectos, pero con su idiosincrasia prístina de ser mujeres, dejando en pañales la misoginia de paradigmas negativos del hecho como Catón el Censor o Alfonso I el Batallador y otros de mayor o menos enjundia negativa”.