Martes, 26 de mayo de 2020

El Museo de Vista Alegre nos descubre la historia de la porcelana portuguesa

Ocupa un espacio fabril ubicado en un paraje de gran valor natural, arquitectónico, social y cultural
El Museo de Vista Alegre se encuentra en Ílhavo, al sur de Aveiro /Fotos: MARTÍN-GARAY

En un paraje llamado Vista Alegre, en un alto soleado sobre la ría de Aveiro, existía una enorme finca agrícola que llevaba el nombre de Quinta da Ermida (Finca de la Ermita), por alzarse en este lugar la Capilla de Nuestra Señora de la Peña de Francia, la patrona de estas tierras.

A principios del siglo XIX José Ferreira Pinto Basto era ya un próspero propietario agrícola, comerciante también de tabacos y jabones y poseedor de una flota de barcos.

En 1812 compró la Quinta da Ermida y en 1816 adquirió en subasta pública la capilla, con el propósito de instalar en este terreno una fábrica que se convertiría en pocos años en un símbolo de la cerámica portuguesa, cuya calidad técnica, originalidad artística y buen gusto siguen siendo valorados internacionalmente casi doscientos años después.

A lo largo de estos dos siglos, la marca ha creado un reconocible estilo, ha sido proveedora de las casas más importantes del mundo, ha trabajado con los mejores artistas nacionales e internacionales y ha conservado más de 30.000 de sus mejores piezas, alguna de ellas, míticas. Todo ese bagaje material e inmaterial, sus hornos, sus técnicas manuales, sus procesos químicos y la belleza de sus creaciones están presentes hoy en las salas de un museo muy especial. La belleza paisajística que lo rodea es evidente, la que hay en su interior alegrará el corazón de los más sensibles.

El Museo cuenta la historia de Vista Alegre, un emprendimiento con nombre de buen augurio que llegó a ser más que un nombre comercial y mucho más que una empresa. Es la historia de las familias que trabajaron y vivieron en este lugar a orillas de la ría de Aveiro, contribuyendo a la construcción de una identidad ligada a Portugal y reconocida en el mundo entero.

Los primeros años. Superación y suerte

José Ferreira Pinto Basto fundó la Fábrica de Porcelanas de Vista Alegre en 1824, la primera industria dedicada a la producción de porcelana en Portugal. Ideó un negocio que unía la secular sabiduría alfarera portuguesa con la innovación y el buen gusto, al más puro estilo liberal decimonónico.

La fábrica comenzó produciendo vidrio y cerámica “polvo de piedra”, pues no dominaban la depurada técnica de la fina porcelana. Para solucionar esta carencia, Augusto Ferreira Pinto Basto, uno de los hijos del fundador, viajó a Sèvres (Francia) con el objetivo de aprender con pormenor todo el proceso de la porcelana que allí fabricaban. A la formación se unió un hecho providencial: el descubrimiento cerca de allí, al norte de Ílhavo, de un gran yacimiento de caolín, una arcilla blanca muy pura, esencial para la fabricación de porcelana.

Las décadas siguientes son de trabajo frenético en Vista Alegre: contratación de los mejores maestros extranjeros, implementación de procesos tecnológicos y formación de mano de obra local cualificada. Surge el estilo romántico, que caracterizará una de las líneas de producción de la marca.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la participación en las exposiciones universales de Londres y París supone el reconocimiento internacional definitivo.

Después de una crisis coincidente con el cambio de siglo, la marca resurge en los años veinte, incorporando con éxito el Art Déco y el Art Nouveau, y después el Funcionalismo. Aumentan sus exportaciones y hacia la mitad del siglo XX es ya la marca de porcelana de mesa de prestigio internacional, proveedora de la Casa Real británica, de la Casa Blanca y de otras residencias oficiales.

El reconocible estilo Vista Alegre

La industria mantiene actualmente 17 maestros expertos en pintura manual como uno de sus sellos de identidad. El área de manufactura altamente especializada ha pervivido junto a la decoración mecánica y la incorporación de nuevas técnicas.

En 2001 se fusionó con Atlantis, la más importante empresa portuguesa de cristal puro, pasando a crear el grupo Vista Alegre Atlantis. ‘VAA’ son las iniciales por las que hoy es conocida.

En 2009 fue absorbida por el grupo portugués Visabeira, que ya había comprado en 2008 la Bordallo Pinheiro, otro icono de la cerámica portuguesa. Nos cuenta Márcia Costa, una de las guías del museo, que se mantiene el compromiso de que algún miembro de la familia Pinto Basto trabaje en la fábrica.

Vista Alegre Atlantis es en la actualidad especialmente prestigiosa en porcelana de mesa y decorativa, trabajando mucho el sector hotelero. Posee tiendas propias en varios países y está presente en los mejores comercios del ramo. Ocupa el sexto lugar en la lista de productores de vajillas del mundo. Su distinguido estilo está vinculado al lujo y ha contribuido a la proyección de Portugal internacionalmente.

El barrio obrero. Los años dorados

En 1824 se inició la construcción de las casas para los empleados de la fábrica, una comunidad que alcanzó su mayor dinamismo durante las décadas centrales del siglo XX, cuando llegaron a vivir en Vista Alegre más de 500 personas.

Actualmente, solo unas pocas familias viven aquí, según nos explica Márcia Costa. La propiedad de las casas es de la fábrica y los actuales trabajadores ya no pueden vivir en ellas, solo se mantiene un derecho de uso por parte de los trabajadores jubilados, que terminará cuando fallezcan. Aún encontramos alguno de estos jubilados, de edad avanzada, en Vista Alegre, hablando con las guías y con los visitantes.

La comunidad contaba con cine-teatro, cantina, guardería, barbería, colegio, puesto de bomberos y consultorio médico, todo dependiente de la fábrica. Aquí surgió la Banda Filarmónica de Vista Alegre y un grupo de teatro que actualmente se mantiene. El edificio del teatro fue adquirido y rehabilitado por el ayuntamiento de Ílhavo, formando parte hoy de los espacios donde se desarrolla su programación cultural.

El Sporting Club de Vista Alegre sigue activo como equipo de fútbol desde la inscripción de sus estatutos en 1952, aunque tenga su origen en 1915. De hecho, la familia Pinto Basto fue responsable de la introducción del fútbol en Portugal.

La antigua guardería acoge ahora el servicio educativo del Museo, donde se desarrollan diferentes cursos, principalmente, de pintura de cerámica y modelado de pasta.

Todo el paraje mantiene un aire ‘vintage’ sencillo, aunque con una sofisticación evidente, debido al hotel de cinco estrellas instalado hace unos años en el antiguo palacio de la familia Pinto Basto, ocupando también parte del barrio obrero.

En la fábrica Vista Alegre de Ílhavo trabajan en la actualidad unas 650 personas, que producen más de 15 millones de piezas al año, destinándose el 70% a la exportación.

El Museo: divulgación, formación e investigación

Existe desde 1947, pues la marca ya era consciente de su legado industrial y artístico, aunque no abrió al público hasta 1964. Hoy ocupa parte de las instalaciones de la vieja fábrica, fue renovado completamente hace unos años y reinaugurado en 2016. Mereció el premio del público en los RegioStars europeos de 2018 por su contribución a la difusión del patrimonio cultural portugués.

La fábrica actual continúa operativa en edificios anejos. De hecho, la visita al Museo en días laborales incluye el Taller de Pintura Manual, donde se puede observar la primorosa labor de los maestros.

El espacio museístico está dedicado al estudio, interpretación y difusión de la cultura de la cerámica portuguesa con proyección internacional. El conocimiento es una de las razones del éxito de Vista Alegre y, probablemente, su mayor tesoro.

Dos antiguos hornos dan la bienvenida al visitante en la Recepción. La “Sala de las Litofanías”, “La Fascinación por China”, “Animalia” o la vida de la comunidad fabril son espacios temáticos dentro del museo, que tiene una multitud de bien iluminadas salas donde admirar más de 30.000 piezas en exhibición y descubrir la evolución de la marca.

El día que visitamos Vista Alegre hay muchos compradores en la tienda, -un espacio colorista ubicado al final del recorrido-, donde se hace evidente el eclecticismo de la firma. Ocupa lo que antiguamente era la cantina y el horno comunitario.

A su lado hay una cafetería, en el jardín situado entre la capilla y el museo. Continuando con el paseo encontramos la ‘tienda outlet’, la dedicada exclusivamente a la cerámica Bordallo Pinheiro y el edificio del teatro. En otra parte se ubica la antigua guardería, donde hoy se imparten los talleres.

El museo abre todos los días de 10 a 19 h de octubre a abril y hasta las 19h30 de mayo a septiembre. La entada cuesta 6 euros e incluye la visita a la capilla. Se aplican descuentos a mayores, niños, estudiantes y familias. Existe la opción de entrada conjunta con el Museo Marítimo de Ílhavo al precio de 9 euros.

La Capilla de Vista Alegre

Fue mandada edificar en este lugar por el obispo de Miranda, Manuel de Moura Manuel, propietario de estas tierras a finales del siglo XVII. Está dedicada a Nuestra Señora de la Peña de Francia, patrona del lugar de Vista Alegre y de la fábrica, a quien el obispo tenía mucha devoción. Su imagen preside la fachada de un edificio que es Patrimonio Nacional.

El santuario tiene dos torres, dos púlpitos y una sagrada familia en su altar mayor. Lo más destacado es su azulejería, en los típicos tonos azul y blanco, obra del español Gabriel del Barco, que introdujo el estilo figurativo en la azulejería portuguesa. Es riquísima la tumba del obispo, esculpida en piedra de Ançã por Claude Laprade, así como los frescos del techo, también de Gabriel del Barco.

Actualmente no tiene culto, está abierta a las visitas en horas determinadas y constituye uno de los espacios imperdibles en la Finca Vista Alegre.

La importancia de tener una ‘vista alegre’

Al parecer, la finca era abundante en agua pura y contaba con numerosas fuentes. Dentro de las dependencias del actual hotel Montebelo Vista Alegre se ha mantenido una fuente legendaria, con unos versos esculpidos en su frontispicio, que parecen contener la explicación del nombre de este paraje.

Se trata de la Fonte do Carrapichel, a cuya agua se le atribuían benéficos efectos para la salud del cuerpo y del espíritu, ligados también a la quietud y armonía de este sitio. Tanto las propiedades del agua como el lugar donde se ubica la fuente alimentaron la imaginación, suscitando a lo largo del tiempo muchos cuentos y leyendas. La fuente data de 1696, de la época en que fue mandada construir la capilla por el obispo.

En su piedra frontal aún se puede leer “…Bebe, pois, bebe à vontade acharás que é (muitas vezes) tão útil para a saúde quão para a vista alegre”.

En un viaje por el litoral centro portugués merecerá la pena una visita al lugar de Vista Alegre, que nos ocupará, como mínimo, una tarde. Ubicado en el municipio de Ílhavo, al sur de Aveiro, es un pueblo dentro de una fábrica, un lugar armónico con un pasado muy presente, emblema de la delicada porcelana portuguesa. 

Ver más imágenes: