Lunes, 30 de noviembre de 2020

Al hilo de las tablas, por arte de magia

Quiero por ello pedirles, en nombre de los muchos aficionados a la Fiesta de los toros, influyáis en las conciencias de aquellos que organizan, mandan y gobiernan el estamento taurino, en pos, de recobrar la verdad, la emoción, la prestancia, la singularidad y la pureza de la fiesta española

Queridos Reyes Magos: Apenas si recuerdo la ultima vez que les escribí; y, bien que me reprocho no haberlo hecho antes. Pero, ustedes, que son una terna mágica, sabrán perdonar a este humilde columnista taurino, su pereza y haraganería. 

Siempre se portaron conmigo muy generosamente, aunque comprendo que, en muchas ocasiones no lo merecía. Ahora he decidido contactar con ustedes, abusando un poco de la bondad de sus  Majestades, sabiendo de siempre, que a mayores  de la juguetería infantil que portan en grandes paquetes a lomos de sus flamantes camellos, cargan también en sus fardos particulares ilusión, esperanza, alegría y optimismo.

Quiero por ello pedirles, en nombre de los muchos aficionados a la Fiesta de los toros, influyáis en las conciencias de aquellos que organizan, mandan y gobiernan el estamento taurino, en pos, de recobrar la verdad, la emoción, la prestancia, la singularidad y la pureza de una Fiesta española, que Uds. conocerían, seguramente de antaño con el nombre de tauromaquia. Y que hoy, aquella rígida y noble tradición de lidiar reses bravas, está recuperándose tras unos cuantos años  en franca decadencia, por el hecho, de que unos nuevos enemigos, animalistas, otros muchos confundidos e ignorantes, están haciendo causa común, para que esta Fiesta dela que les hablo se desbarranque, al igual que tantas otras cosas, ya se han perdido, y me temo que para siempre. 

Quiero recordarles que, hay también otro buen número de aficionados, viejos aficionados –diría yo- que están saliendo de las plazas. Parece ser que son de  esos aficionados irreverentes, exigentes, pedigüeños de la emoción, de la incertidumbre, de la verdad, del gesto, del valor, la gracia y la personalidad etc., etc., que no pocas tardes de toros,se aburren, bostezan y asisten callados e impertérritos a tan empalagoso festín de cuantos blasonan mandar en el toreo. Unos aficionados, que evidentemente va perdiendo sitio en las plazas, y/o se tienen que ir, o por el contrario, unirse a  aquellos, que aplauden hasta romperse las manos, pedir trofeo a barullo, bajo el signo pueril y desorbitado, de lo que consideran toreo, engañados, con el amiguismo, las lisonjas, el colorín, y las zalameras reseñas. 


Señores Reyes, os ruego y suplico, hagáis un esfuerzo – “supremo” - y vuelva a soñar de nuevo esta vapuleada afición minoritaria, que ha tenido y tiene en el punto de mira, al toro integro, que ve la corrida con añeja perspectiva histórica, y observa los comportamientos objetivamente, para manifestar su juicio sobre la actitud y aptitudes de los protagonistas de la tarde en la arena caliente del ruedo.

La humilde y poderosa razón de nuestra petición, es porque queremos recobrar aquellas íntimas sensaciones de ver plasmar con valor y arte efímero del hombre, frente a la fuerza, bravura y poder del toro... Que la buena estrella os guíe señores. ¡Con alegría esperamos vuestro regalo!... verdad...