Martes, 28 de enero de 2020

Desmontando Tras-os-Montes mediante el retrato sociológico de Georges Dussaud

El alma trasmontana se muestra sin velos a través del objetivo de un francés fascinado por la autenticidad del norte de Portugal durante los ochenta

El fotógrafo Georges Dussaud presenta la vida que descubrió en el norte de Portugal en los años 80/ MARTÍN-GARAY

“Al norte del Norte” es el significativo título con que se presenta la colección permanente de fotografías del francés Georges Dussaud, que da nombre también al Centro de Fotografía de Bragança.

La capital del nordeste trasmontano quiso homenajear de esta forma al prestigioso fotógrafo que, tal vez por extranjero, supo mirar con certera perspectiva esta región, captando su alma verdadera. En 2013 fue creado el Centro de Fotografía Georges Dussaud, que ocupa el primer piso del edificio Paulo Quintela, en el centro de la ciudad de Bragança.

Georges Dussaud (Bou, Francia, 1934) descubrió por casualidad el nordeste portugués en un viaje por el país durante el verano de 1980. Atraído por la autenticidad que aún conservaba Portugal, encontró ésta en Tras-os-Montes de una manera aún más evidente. Durante los años siguientes, el francés volvió una y otra vez al norte del norte, como llama a Tras-os-Montes, obsesionado con ahondar cada vez más en las entrañas de la muy profunda alma trasmontana.

Esta serie de fotografías presenta su visión de la región desde 1980 hasta 1989. Esas  recurrentes visitas fueron realizadas a veces durante la época más dura del año, el invierno, acompañado por su esposa, Christine. Esta temática, esta región, estas fotografías se han convertido en el núcleo esencial de su producción fotográfica en el marco de su dilatada carrera.

Cerca de 200 fotografías componen esta exposición. Todas son en blanco y negro, mostrando una realidad de grises. Sin embargo, en la fotografía de Georges Dussaud siempre entra un haz de luz por algún recoveco, siempre hay una ventana, una puerta, algo por donde escapar y por donde se cuela la esperanza; fotos a contraluz donde el francés juega a voluntad con los contrastes.

Las fotos de Dussaud contienen cierto lirismo, contrarrestando la brutalidad de la realidad que documentan, provocando atracción y espanto por igual, introduciéndonos en un territorio mágico.

Conmueven especialmente los niños, la pureza dentro de la pureza trasmontana. Niños libres, felices, siempre fotografiados en la calle, en el campo, pillados por sorpresa o posando. También destaca la relación de las personas con los animales, a través de las faenas agrícolas, en la matanza, pero también su presencia dentro del hogar, una relación más salvaje y natural que el concepto actual de mascota.

En muchas fotografías se retrata a los lugareños en la labor cotidiana, pero también en la alegría de los acontecimientos festivos de la comunidad, donde asumen importancia símbolos y costumbres, tanto profanos como sagrados. Algunas muestran una alegría feroz que casi da miedo. Una alegría en la miseria y en la dureza de la climatología y la vida del campo que se nos hace difícil de digerir.

Lluvia, nieve, niebla, sol de justicia, calles llenas de barro, casas de piedra oscura, niños que van o vienen de la escuela, que juegan, cuando en estos pueblos había vida y muchas celebraciones vecinales. Ritos, una particular religiosidad y tradiciones que no se cuestionan. Rostros que parecen familiares.

Ha dicho Georges Dussaud que descubrió universos “milagrosamente intactos” en los pueblos trasmontanos, sin contaminar, para bien o para mal, por la uniformidad del progreso. “Llevamos Portugal en el corazón”, afirmó refiriéndose a su mujer, Christine, y a él durante el homenaje que le rindió Bragança en 2018. La bondad y generosidad de las gentes trasmontanas les conmovieron profundamente.

La región trasmontana le devuelve hoy al fotógrafo francés el agradecimiento por su paciente mirar, su ausencia de prejuicio y su entusiasmo, al dedicarles tanto tiempo durante una época de su vida. ¿Por qué dejaría Georges Dussaud de visitar periódicamente Tras-os-Montes a finales de los ochenta? ¿Quizá perdió la región su identidad original? Serán preguntas para hacer al francés cuando vuelva a Tras-os-Montes.

Sus imágenes nos dejarán incómodos, observar tantas carencias y tanta alegría dentro de ellas no nos deja impasibles. Pero tal vez aprendamos a comprender el pasado reciente del nordeste rural portugués, que también compartimos, cuando las calles estaban sin pavimentar, los inviernos eran más rigurosos y las ropas menos suaves.

En otra sala del centro encontramos actualmente la visión sobre las mascaradas de invierno de Manuel Justo Gardete, que también fue niño en Tras-os-Montes y ahora presenta en el Centro de Fotografía Georges Dussaud la exposición “EU e o OUTRO, Máscaras Rituais de Trás-os-Montes e Douro”, hasta el 12 de enero. Las máscaras y mascaradas son aspirantes a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad debido a su papel en la creación de la identidad de estos pueblos norteños.

Una realidad patente, que el Centro de Fotografía Georges Dussaud nos obliga a ver, obteniendo a cambio una verdad incólume, como la que conquistó a Georges Dussaud la primera vez que pisó Tras-os-Montes el verano de 1980, adivinando que esa verdad en invierno sería aún más cruda, se mostraría más desnuda, lo que tuvo ocasión de constatar durante los meses invernales que vivió aquí junto a Christine.

Si le apasiona la fotografía sociológica, el retrato documental, si tiene curiosidad por conocer la verdadera idiosincrasia del pueblo trasmontano, -más allá de tópicos y juicios, con ojos de recibir y percibir en la dureza una cierta alegría-, y si practica la sensibilidad hacia todo lo que le rodea, venga a Bragança, entre en el edificio Paulo Quintela, suba a la primera planta, ya en las escaleras se deparará con una foto que atrapará toda su atención y así, atónito, asombrado, como en un sueño, recorrerá salas atraído por una realidad en blanco y negro que vivió o creerá haber vivido, que recordará o evocará, pues está próxima esa imagen del niño trasmontano, rural y libre, de los ochenta.

El Centro de Fotografía Georges Dussaud está abierto de martes a domingo de 9 a 12h30 y de 14 a 17h30. La entrada es gratuita. 
  • Georges y Christine Dussaud fotografiados en Vilarinho Seco en 1983