Domingo, 31 de mayo de 2020

Memoria Passionnis en el adiós a J.B. Metz

(…) ninguna verdad de la historia que se pueda defender de espaldas a Auschwitz, ningún Dios al que se pueda adorar de espaldas a Auschwitz.

J. B. Metz

Para un cristianismo que entiende su pasión por Dios como “com-pasión”, como expresión en absoluta afectada de un amor que se sabe enraizado en la indisoluble unidad del amor a Dios y el amor al prójimo (…) cobra la forma de una historia de la pasión que se resiste tanto a la noción (“moderna”) de una historia no dialéctica de progreso como al propósito (“posmoderno”) de disolución de la historia en una inconexa pluralidad de historia.

J. B. Metz

La semana pasada falleció uno de los grandes teólogos del siglo XX, Johann Baptist Metz, uno de los grandes discípulos de k. Rahner y el padre de la Teología Política, inspiradora de las grandes teologías del siglo XX, sobre todo de la Teología de la Liberación. En una de sus grandes obras Memoria Passionnis, quiere abrir la teología a los “mundos de la vida”, cultural y religiosamente plurales, vinculándose a las experiencias y preguntas que suscitan la historia de la pasión de la humanidad. El objetivo, según el autor no era solo responder a las grandes preguntas, sino impedir su olvido de la opinión pública, hoy profundamente plural.

El gran teólogo pretendió rescatar la memoria de los vencidos y humillados de la cual Auschwitz es el paradigma. ¿Se puede seguir rezando a Auschwitz? Esta recuperación del recuerdo de los vencidos puede permitir a la teología cristiana que se sensibilice frente a la realidad dramática de la historia y pueda responder de mejor manera a los nuevos desafíos que se le imponen. El sufrimiento de las víctimas, es un dolor que nunca se debe banalizar. La memoria y no cualquier memoria, sino la “memoria passionis”, se convierte en la nueva luz que ilumina a la razón desde dentro, sin abandonar su proyecto de ser ilustrada.

J. B. Metz, quiere explicar al hombre, al mundo y a Dios desde el recuerdo del sufrimiento, para ello quiere introducir en la teología la filosofía judía de Franz Rosenzweig y Enmanuel Levinas, pudiendo con ello juzgar a la historia. Quiere hacer de la historia la verdadera teodicea, en su designio, tiene sentido todo el sufrimiento particular, todo sinsentido concreto. Apela a Dios desde el dolor de los crucificados, como el propio Jesús. No recordar el dolor y el sinsentido, trivializa el papel del hombre y, sobre todo, su sufrimiento. El sufrimiento humano desafía cualquier teoría del hombre, a cualquier razón, a cualquier verdad, para ello debe ajustar cuentas con todo el pensamiento occidental.

Fue profesor de teología fundamental en la Universidad de Münster entre 1963 y 1993, cofundador de la revista Concilium y, desde 1969 ha sido asesor del Pontificio Secretariado para los No Creyentes. Pero, sobre todo, será el padre de la “Nueva Teología Política”, un marco conceptual que fue la semilla y el motor de lo que se llamó Teología de la liberación. Ambas están orientadas a la praxis social y política como primer momento de actuación y la teología como segundo que busca comprender la acción concreta de los creyentes en el mundo.

Su teología se debe entender dentro del marco de renovación eclesial, litúrgico y teológico del Concilio Vaticano II, que quiere abrir las ventanas de la Iglesia y crear una teología en diálogo con la cultura y el mundo. En este contexto J. B. Metz, busca un pensar de Dios significativo y en diálogo con la cultura y la modernidad. Ha sido autor de numerosas obras: Más allá de la revolución burguesa, Sobre el futuro del cristianismo; La fe, en la historia y la sociedad; El clamor de la tierra; Esperar a pesar de todo; Dios y tiempo: nueva teología política; Memoria passionis, etc.

La expresión “Teología Política” surge de los coloquios entre cristianos y marxistas en los años 60, en los que participa con su maestro K. Rahner. Desde ellos, creará un nuevo proyecto teológico que tendrá su manifiesto programático en la conferencia pronunciada en el “Congreso Internacional de Teología de Toronto” (Canadá, 20-24 de agosto de 1967) y que se insertará en la obra Sobre la teología del mundo (1968). En ella, la teología de Mezt, busca una serie de categoría no solo para la iluminación de la fe, sino también para la transformación del mundo desde la Palabra de Dios. A la teología y a la Iglesia le corresponde una tarea crítica y liberadora frente a la sociedad, más allá de una religión burguesa y privada.

La teología política, más allá de tomar partido por una determinada opción, lo que ha buscado siempre es la dimensión pública y social del cristianismo, dimensiones que habían sido olvidadas a causa de las críticas de la modernidad a la religión. Esa dimensión pública y positiva de la teología política, quiere determinar las relaciones existentes entre la religión y el cuerpo social, entre la Iglesia y la dimensión pública de la sociedad, entre la fe escatológica y la actividad social (Metz).

La teología de Metz, no solo busca la dimensión pública de la fe, sino comunidades creyentes, compasivas y misericordiosas, no como sujetos aislados sino preocupados unos de otros, especialmente atentos a las injusticias del mundo y a los que más sufren. Frente a una vivencia intimista de la fe, propone una apertura a las situaciones de sufrimiento, a ser cristianos comprometidos con las injusticias y las situaciones sufrientes. Nos propone una reflexión sobre Dios que haciéndose praxis mira la historia en la que vivimos, actúe ante el sufrimiento de la historia y desde ahí, anunciar la experiencia cristiana.

Propone una mística de “ojos abiertos”, aprender a mirar el mundo desde aquellos que viven y mueren de forma injusta en las guerras, el hambre, la miseria y la violencia. Ver en el rostro del ser humano sufriente y pobre, el mismo rostro de Dios vulnerable y necesitado de solidaridad. Ese mirar de ojos abiertos, quiere hacer visible los padecimientos invisibles e inoportunos y estar más atentos a la misericordia de Dios.

El pensamiento teológico J. B. Metz, ha dado forma a varias generaciones de teólogos y a todos los filósofos interesados en el pensar de Dios. Se ha ido conformando a lo largo de cuatro décadas como una teología eminentemente práctica, como un pensar que “mira al mundo” y a Dios en los tiempos presentes, incorporando la situación histórica y cultural de la que parte.

Su clamor por las víctimas y los vencidos, se ha hecho oración el pasado lunes 2 de diciembre, cuando murió a los 91 años, en la ciudad alemana de Münster. Su gran legado es vincular la esperanza y la salvación cristiana con la justicia, la fraternidad y la paz. Estamos legitimados a mantener la esperanza, porque también las víctimas alentaron la esperanza, en Auschwitz ser oró y no se abandonó la esperanza. Lo decisivo es mantener el recuerdo de los vencidos y articular una praxis en la que no se repita el horror. Descanse en paz, no solo ha muerto un gran pensador, sino un gran testigo sereno y esperanzado.