Domingo, 8 de diciembre de 2019

¿Nos hablan los muertos?

Este es el título de un libro editado en 1925. Con él muestro mis flaquezas y espero que no me ocurra a mí solamente. Si miráis en vuestras bibliotecas, siempre encontraréis algún raro ejemplar del que apenas recordáis el lugar donde lo adquiristeis o las influencias que sentisteis para que tuviera acomodo entre vuestros hallazgos.
Si miráis en vuestras bibliotecas, siempre encontraréis algún raro ejemplar del que apenas recordáis el lugar donde lo adquiristeis o las influencias que sentisteis para que tuviera acomodo entre vuestros hallazgos

En mi caso, lo agencié en un stand de libros antiguos, y por el título es posible que servidor estuviera en alguna crisis “sanagustinesca”. No obstante, el libro sigue ahí y ahora he releído algunos pasajes y todas las páginas finales en las que se concluye con mucho interés sobre el gran enigma. Así, ingentes pensadores apostaron que, una vez difuntos, el primero de ellos se apareciese al sabio amigo para apaciguar en él ese angustiante horror de la desaparición final.

Sin embargo, fueron los amigos del más acá, al tardar las presencias, quienes los evocaron con ayuda de mediums, y si en escasas ocasiones hallaron respuestas, fueron éstas unas alusiones tan vagas y tan evasivas, que parecían hechas como a disgusto. ¿Por qué? No lo sabemos -quizá, si no es para encenderles una vela, quieren que los dejemos tranquilos- y tampoco podemos perder el tiempo en asuntos que no muy bien los solucionan los sabios y la ciencia. De momento, casi un siglo de la aparición de aquel libro, creo que la pregunta del título apenas ha sido contestada.

Enlazándolo con el presente, si alguien cae en la tentación de pedir a los deudos que les precedieron el número que caerá en la lotería de Navidad, que piensen que aquellos no están para dar, sino para recibir. Así, en uno de esos pasajes del libro se cuenta como hecho real la historia de un joven fallecido que se le aparece a su chica para pedirle unas misas. Al decirle la muchacha que no puede concederle tal deseo, puesto que no tiene dinero, él le recuerda que antes de marchar escondió una cantidad en un rincón de la granja de su padre. Y en efecto, le haría mucha falta, pues allí se encontró el dinero y ella cumplió su deseo.

Digamos que aquello fue casual, pues lo del dinero es muy humano y poco divino. (Recordemos momentos de la película “Ghost”). Pero ¡qué gozada sentir que te ha tocado la lotería, y aunque sigamos tan tétricos, incluso en el lecho de muerte! La Lotería de Navidad es la más familiar de todas. Y aunque concienciados de ser ello una frivolidad, no nos pongamos demasiado serios, busquemos esperanzas, incluso mundanales, y démonos cuenta que, con todo respeto para los que no estén en las próximas fiestas, recordemos que ellos también jugaban.

Para finalizar, como todos sabemos que sobre el dinero se han dicho frases hipócritas, sinceras, filosóficas, etc. y estrofas poéticas populares, como recuerdo, aquí dejo algunas:

“Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas”. (Anatole France).

“Muchos son sinceros cuando dicen que desprecian las riquezas, pero se refieren a las riquezas de los demás”. (Charles C. Colton).

“Eso de que el dinero no da la felicidad lo dicen los ricos para que no los envidien demasiado los pobres”. (Jacinto Benavente)

“Más se estima lo que con más trabajo se gana” (Aristóteles).

“El socorro en la necesidad, aunque sea poco, ayuda mucho”. (Mateo Alemán).

“La ocasión hay que crearla, no esperar a que llegue”. (Compre el décimo). (Sir Francis Bacon).

ESTROFAS

Tu suerte fue hasta ahora poca,
y así has de continuar;
porque, un día no te toca
y otro pierdes al jugar.
Por eso no has de llorar
ni ponerte así de negro…
¡No juegues, y así el reintegro,
siempre podrás disfrutar.

¿Pero otra vez has jugado?
¡Quítate allá, desgraciado!
Si diese la lotería
penas, en vez de dinero,
¡creo que te tocaría
siempre a ti el premio primero!

*

Con toda seguridad
será una corazonada
que te hará ser agraciada
con el gordo en Navidad.

Con el dinero que quieres
mejorar no lograrás:
Porque si muy rica no eres,
por lo menos tú lo estás.