Martes, 10 de diciembre de 2019

Chile canta a Víctor Jara

Allá por los años setenta, cuando aún no contábamos con veinte años, y veinte años, por ser los primeros de nuestra vida, era una cantidad respetable, conocimos por Madrid a un grupo de chicas de Chile que disfrutaban de unas vacaciones en nuestro país.

Por prudencia, ellas nos dijeron que estaban de “vacaciones”, y nosotros, por la turbidez en la que nos tenía el régimen franquista, no se nos ocurría pensar que estaban sigilosamente exiliadas. Era la manera, inocentona y con orejeras, con la que los españoles vivíamos la vida política en aquellos años.

Su compañía duró un par de días, y aunque reticentes a hablar de política, dio tiempo para que nos informaran, con mucha madurez, de la crueldad del “golpe” en su país contra la democracia y contra Allende.  Posteriormente, Pinochet, ¡vaya regalo!, fue uno de los pocos mandatarios extranjeros que asistieron a las exequias de nuestro dictador. (Recientemente, a la exhumación/inhumación, solo asistió Tejero, y fue para ver a su hijo que oficiaba de sacerdote).

Sin embargo, el recuerdo mejor de aquel encuentro fueron las sentadas en el campo, al aire libre, recitando poemas (Miguel Hernández, Machado, Alberti...) y cantando canciones de Víctor Jara, asesinado por ser poeta.

Te recuerdo Amanda”, compuesta por Víctor para su madre y para su hija, fue una canción que se convirtió en himno internacional contra las injusticias. (Muchas gracias a aquellas amigas que tanto nos enseñaron a valorar la democracia).

Pasado el tiempo, a Manuel (“te recuerdo Amanda / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel”) con “Hace falta un guerrillero",  le cantó Violeta Parra; a Santiago de Chile, Pablo Milanés le cantó “Yo pisaré las calles nuevamente”; Sting denunciaba la tortura (“Ellas danzan solas”)... y muchos de nuestros cantautores dedicaron a Víctor Jara sus mejores letras.

Es conocido que en la actualidad Chile pasa por un mal momento. Las protestas se suceden y los hijos y nietos de aquellas chicas, amigas nuestras difuminadas por el tiempo, también luchan por un país que se deteriora. Les deseamos lo mejor a nuestros amigos y amigas, pero aquello no deja de ser una enseñanza para todos –para nosotros también–, pues con el tiempo, si la democracia no se cuida, y no se está alerta, ésta se enfanga.

Imagino a la juventud de hoy cantando por las calles de Santiago (“yo no canto por cantar, / ni por tener buena voz / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón, tiene corazón de tierra”). Una juventud que reivindica, entre otras cosas, mayor igualdad, empleo, educación más justa para los menos favorecidos y recuperar un sistema de salud que en otros tiempos fue ejemplo para toda América Latina.

Además, como deseamos que la protesta acalle cuanto antes –para que amaine la violencia–, que no dejen de hacer sentadas donde mezclen canciones para el pueblo –“Plegaria a un labrador”–  con otras como la que Víctor compuso para su mujer –Joan Jara–, una inglesa hoy nonagenaria que lucha, junto a sus hijas, por mantener vivo su recuerdo: “Paloma quiero contarte / que estoy solo / que te quiero / que la vida se me acaba / porque te tengo tan lejos”.