Víctor Moro y la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca, estrenadas armonías, acordes jóvenes

Su labor como gerente de la orquesta tiene que ver con la organización de los ensayos, la relación con la administración, la colaboración con los profesores y la gestión con la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura
Víctor Moro en un momento de la entrevista para SALAMANCA AL DÍA  |  Fotos: Carmen Borrego

En el Liceo, la música callada tiene ruinas recobradas, encuentros en clave de sol, ecos de pentagrama. El suyo es el rumor de toda una orquesta, joven, impetuosa, disciplinada, plena de alegría. Víctor Moro, pausado y entregado lleva la batuta con mano maestra.

Charo Alonso: Todos sabemos lo que hace un director o un músico, pero no sabemos qué hace el gerente de una orquesta.

Víctor Moro: Mi labor como gerente de la orquesta tiene que ver con la organización de los ensayos, la relación con la administración, la colaboración con los profesores y la gestión con la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura.

Ch.A.: ¿Es usted músico?

V.M.: Soy profesor de viola del Conservatorio de Salamanca y Ávila. Me titulé en violín y viola en el Real Conservatorio de Madrid y en Hamburgo. En mi faceta de profesor fui uno de los fundadores de la Escuela de Música Sirinx, que supuso el acercamiento de muchos niños a la música de una forma innovadora. También participé en el nacimiento del Centro Autorizado de Enseñanzas Musicales del Colegio Antonio Machado.

Ch.A.: ¿Qué le falla a la enseñanza de la música en nuestro país? Somos los padres los que cubrimos esa carencia fuera del horario escolar.

V.M.: La música es una disciplina más que requiere perseverancia, mucho trabajo y un acercamiento a la música formal para que el alumno que se asome a ella vea más próximo el final de sus estudios. Esto antes no lo teníamos, si queríamos ver en mi juventud a una orquesta teníamos que ir a Valladolid o a Madrid y eso que en Salamanca había una orquesta en 1950 que actuaba en este mismo sitio donde estamos hablando.

Ch.A.: Sabemos poco de la historia de la música en Salamanca.

V.M.: Pues es muy rica, no solo tenemos a Tomás Bretón, está el pianista y compositor Martín Sánchez Allú y Gerardo Gombau, profesor de armonía y composición en Madrid, la Joven Orquesta ha interpretado algunas de sus obras. Nuestra orquesta era esa cosa que le faltaba a la ciudad, porque cuando yo estudiaba solo tocábamos juntos una vez por Santa Cecilia con el coro dirigidos por García-Bernalt. Ahora podemos decir que la Joven Orquesta ha sido un trampolín y los músicos de los dos o tres primeros años están trabajando en otras orquestas o como profesores por toda Europa.

Ch.A.: ¿Cómo hacer asequible a todos la música clásica? Por ejemplo, a mis alumnos.

V.M.: Nosotros hemos hecho muchos conciertos didácticos con alumnos que no conocen el lenguaje musical. Hubo un proyecto fantástico que era “El conciertazo” de  Fernando Argenta que hacía muy bien esta labor. Nosotros fuimos invitados a tocar con ellos y resultó un éxito. Esa labor de acercamiento se empieza a hacer en Valladolid, en el Delibes, pero no es habitual. La LOMCE no le da importancia a la música, en la anterior ley, la LOGSE, sí estaba más presente la música en la formación de los alumnos. Es como si la enseñanza fuera cada vez más específica y la cultura general, incluida la música, quedara aparte, con lo que los padres tienen que preocuparse de ponérsela en horario extraescolar.

V.M.: Nosotros lo vemos con el público que asiste, yo, como parte de un equipo, deseo llegar a todos. Por ejemplo, a la gente mayor que no había tenido contacto con la música. Invitamos a los amigos, a las Asociaciones, a todos con el fin de acercarles la posibilidad de escucharnos. Cuando tocamos en el CAEM casi siempre está lleno, y no olvidemos nuestro acercamiento a asociaciones como ASPACE, ASPRODES… A veces organizamos actividades y ensayos solo para ellos. Sin embargo siento que hay un cierto despego por parte de los profesores de instituto, dan clase de música, pero no insisten en que los alumnos vayan a escuchar música.Ch.A.: Sin embargo a la gente le gusta ir a un concierto…

Ch.A.: No es fácil con la tiranía de nuestros horarios.

V.M.: ¿Y cómo vamos a tener orquesta si no tenemos escuchantes? Vosotros los profesores organizáis salidas para ir al teatro o a un museo, pero no para ir a ver una orquesta. Sí que existe una preocupación por los conciertos didácticos, por nuestra parte, pero es cierto que la gente debería tener esa libre elección de decir “Vamos a escuchar esta tarde a la Joven Orquesta”.

Ch.A.: Falta potenciar la música en directo…

V.M.: Por un lado al alumno se le da todo hecho y luego queremos que haga otras cosas por su cuenta. Antes la Banda Municipal iba por los institutos a tocar, a dar a conocer su trabajo. Ahora parece que lo tenemos todo en el móvil, pero el asistir a un concierto no tiene nada que ver. Saber de la necesidad del silencio del público, de sentir esa música tocada en directo, con un músico que reacciona como reacciona frente a ese público, eso es fantástico.

Ch.A.: A todo se aprende…

V.M.: Leer un libro requiere un esfuerzo, hacer una secuencia de matemáticas requiere un esfuerzo. Estamos en un momento en el que no queremos que nuestros hijos se esfuercen y, tarde o temprano, tendrán que hacerlo, reflexionar, acercarse al arte, a la poesía, a la música.

Ch.A.: Lo ideal es que todo estuviera unido y fuera natural en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

V.M.: Nosotros hemos hecho proyectos de lo más variopintos, recuerdo un año entero dedicado a Cervantes en el que trabajábamos a Telemann. El profesor de lengua se vestía de Telemann y recitaba un diálogo en el que hablaba de que se había retirado de la música y luego había vuelto para acabar la suite de “El Quijote”. Fue un trabajo muy gratificante y todos los niños estaban encantados. Creo que es un problema de la estructura del sistema educativo, en una hora de clase no vas a escuchar una obra de Mahler y menos la vas a explicar para que la entiendas y te guste mucho más. Hay que acercar la música con naturalidad a los jóvenes para que vean que no es una cosa rara pero sí que necesita conocimiento. Hace falta mucha implicación de los profesores y de las instituciones.

Ch.A.: La JOSCS está auspiciada por la Fundación Ciudad de Saberes del Ayuntamiento, forma parte de nuestro patrimonio y de las instituciones.

V.M.: Y le damos a la Fundación muchísimas gracias por estos 21 años. El proyecto se inició en el colegio y luego se hizo cargo de la orquesta el Ayuntamiento que no nos ha puesto en cuestión ninguna temporada. Además nos proporciona la Sala B del CAEM para ensayar y los espacios para actuar. Estamos muy agradecidos y seguimos proponiendo programas que gusten, ahora pensamos en hacer zarzuela, porque hace mucho que no se programa, parece que la ponen más en Francia que en España. Y también estamos preparando un programa muy atractivo que implica a un gran coro y a un gran número de músicos.


Ch.A.: ¿Es cierto eso del ego terrible de los músicos?

V.M.: Bueno, a veces se interpreta mal. Lo que pasa es que cuando tienes un papel a través del cual debes transmitir una idea artística, necesitas ciertas condiciones, y si no se dan, el músico protesta. Necesitan un director con el que sentirse seguros, un lugar agradable… Si hay problemas, el músico se ve perdido y de ahí viene un poco el falso ego. La mayoría de las veces lo que hay es compañerismo. Y ojo, cuanto mejor es un músico, su actitud es más cercana y “normal”.

Ch.A.: Pero el hecho de que sean unos divos o personas conocidas viene muy bien para divulgar su trabajo…

V.M.: Sí le viene bien. Por ejemplo, Pablo Heras Casado ahora es famoso porque se ha casado con una presentadora de televisión, pero si no fuera el grandísimo director que es no estaría donde está. Si un músico está donde está es porque es valioso, luego puede tener la popularidad extra que quiera.

Ch.A: Ahora están de moda los contratenores y Philippe Jaroussky, a quien adoro, y que es como un cantante pop.

V.M.: Hacía mucha falta esto, y si ese glamour, esa brillantez sirve para potenciar el canto está muy bien. Es muy difícil que la gente que no esté implicada en el canto se acerque a él. Hace falta mucha música, gente de aquí, de fuera, que es quien también nos enseña. A lo largo de estos veinte años hemos tenido solistas extranjeros que venían a Salamanca y tocaban con nosotros, animándonos a continuar. Y chicos que vienen a estudiar y se unían a nosotros durante su estancia en Salamanca.

Ch.A.: ¿Puede ser Salamanca una potencia musical?

V.M.: Me gustaría que Salamanca fuera pionera tanto en la ejecución como en la divulgación de los conciertos. Nosotros teníamos en el siglo XVII La Capilla Real de la Catedral, la agrupación de la Universidad Civil, y de la Católica, tres agrupaciones. Hemos tenido insignes músicos, como Salinas, que ha sido el organizador de la música del Renacimiento. Un hombre que era un genio y que se fue a estudiar a Roma no música, sino matemáticas, porque ambas disciplinas están relacionadas. Tenemos dos órganos en la catedral con los que quiere venir a tocar infinidad de gente… Mira, el ciclo de órgano este verano ha estado lleno de público.

Ch.A.: Pero no sabemos todo esto…

V.M.: Hay que saberlo porque hemos sido referentes, por ejemplo con la Escuela de San Eloy, que no solo era de pintura, sino de música. Por cierto, hay una gran preocupación acerca del destino de sus fondos, es preciso que no se pierdan para Salamanca, que se divulguen. Hay que saber que había tres grandes Escuelas de Arte: la de Roma, de música y pintura, la de San Fernando en Madrid, de pintura y la de San Eloy, también de música y pintura. Sus fondos son magníficos y deben permanecer en Salamanca.

Ch.A.: Tenemos siempre dificultades para apreciar lo nuestro.

V.M.: La orquesta tendría que prevalecer sobre las personas, hay que pensar que es un trampolín para los jóvenes músicos y una forma de acceder, barata y fácil, a la música por parte del público. La orquesta está abierta, no exige nivel, exige continuidad, compromiso. Nosotros no necesitamos genios sino gente con la que se pueda trabajar. No tenemos prueba de nivel para decir tú entras y tú no. Siempre encontramos un papel para aquel que quiera trabajar con nosotros, pero si no hay continuidad, no sirve que le demos espacio.

Carmen Borrego: ¿Qué tiene de diferente una orquesta “joven”?

V.M.: Hay que disfrutarla como una orquesta joven, que se note que los jóvenes tienen más ímpetu, que se transmita esa fuerza.

Ch.A.: Se le ve muy orgulloso de esta orquesta…

V.M.: Claro que sí, antes me preguntabas cuál era mi trabajo en la orquesta. Yo digo que soy el correveidile. Lo mismo monto la sala para ensayar que busco café. Hablamos mucho con los músicos de su compromiso con la orquesta. La gente joven para mí es intocable, su entrega, sus intereses…

Ch.A.: ¿Cómo trabajan este repertorio nuevo de conciertos sinfónicos? El de José Mercé, Baden Bah, Héroes del Silencio…

V.M.: Para los chicos es un aliciente especial, para el público también. La experiencia con Mercé fue muy agradable, sacó a saludar al músico más joven de la orquesta, un chico que va a tener más trabajo orquestal que nadie. Estas experiencias son muy interesantes, recuerdo el encuentro con Mocedades, con el Consorcio… Estábamos todos expectantes y llegó gente dolorida, mayores, con achaques… Sin embargo, empezamos a ensayar y fue espectacular, no existían las limitaciones físicas… lo bien que se portaron con los chicos… Con Ara Malikian es tremendo, se deja la piel en cada pieza. Es verdad que ahora están de moda los arreglos, hay mucho profesor geniecillo en este trabajo, pero está bien para divulgar, brinda una posibilidad diferente. Tiene que haber más música en general.

Ch.A.: Me gusta que no sea un purista.

V.M.: Ahora hay más posibilidades de acercarse a la música, hay alumnos españoles en las orquestas españolas, hay escuelas de música, eso sí, hay que dejar de dar clase y acercar la música a la gente. Si no hacemos que la gente participe no disfrutaremos más de la música en directo

Ch.A.: ¿Cómo se inició en la música?

V.M.: Mi madre era maestra, nos inculcaba el canto en casa. Yo soy de pueblo y en el pueblo no habían visto un violín en su vida, pero mi madre trabajaba con canciones para sus alumnos, cantaba en casa fragmentos de zarzuela… por eso cuando vinimos a estudiar el bachiller a Salamanca también nos animaron a estudiar música. En mi casa, en El Cubo de Don Sancho, la música forma parte de las celebraciones. Antes no era fácil estudiar música ni oírla en directo, ahora los jóvenes tienen muchas más opciones. Están ahí.

La sabia mano que gobierna la música de las esferas tiene, además de un arco de viola y violín, un guante de seda con el cual traza Víctor Moro los arpegios organizativos de una orquesta joven que bulle y se encrespa, ímpetu y coraje. Acordes y disonancias de un tiempo compartido que, a la hora del concierto, se eleva, excelsa, plena, llena de gracia. Son intocables los músicos de la Joven Orquesta de Víctor Moro, la nuestra. Son invencibles, son música, música nuestra.

Charo Alonso

Fotografía: Carmen Borrego