Lunes, 6 de julio de 2020

Jimmy López, ‘El hombre tranquilo’, ofrecerá un concierto en el Museo de Historia de la Automoción

El vocalista de Baden Bah y profesor de Filosofía actuará este viernes, a las 20.00 horas, y la entrada es libre hasta completar el aforo

El vocalista de Baden Bah y profesor de filosofía Jimmy López Encinas en un concierto anterior. Foto de Fernando Sánchez

         Por los pasillos, ruidosos, atestados, del instituto Mateo Hernández avanza una presencia envuelta en ese exquisito silencio de la serenidad. Todo templanza, el profesor de filosofía desprende ese no sé qué y la que se queda balbuciendo soy yo. A Jimmy López Encinas parecen rodearle un aura de notas peripatéticas que van y vienen desde sus clases a los escenarios, ya sea como cantante del grupo Baden Bah o como artífice del proyecto, “El hombre tranquilo”, que comparte con un guitarrista ya ducho en acordes, Dani Olivares. Ambos son los protagonistas del nuevo concierto “Motores&Melodías” que organiza el Museo de la Automoción y su Asociación de amigos, una excusa para que el ruido del motor tenga un deje de guitarra y poesía.

Charo Alonso: ¿Cómo se entiende la música en un entorno tan especial como el de un museo?

Jimmy López Encinas: Venimos de hacer un concierto en el Museo del Hormigón y allí la relación entre la piedra y la música fue magnífica. Vamos a ver ahora con la música y el motor. Hay mucha estética en un museo, le va muy bien a la música.

Ch.A.: ¿Y qué diferencia hay entre tocar en un bar, en una sala pequeña y tocar en un museo?

J.L.: La diferencia es que en bar, por ejemplo, hay ruido de gente que se está tomando una copa y hablando… aunque después se hace el silencio. En el Museo, en una sala, la gente va a escucharte. En un museo eres como una pieza de arte, la gente está viendo qué hace ahí este fulano.

Ch.A.: Como una pieza más ¿Con qué coche te identificarías?

J.L.: Yo con un Hispano-Suiza, que es un coche español precioso. Es una nueva visión de los museos, hacer un concierto en un museo es algo muy integrador. Nosotros, que tanto cuidamos las letras, porque cada vez reconozco más que la música es un soporte para ellas, estamos felices de tocar en un espacio museístico tan interesante.

Ch.A.: No pude ir al concierto del Museo del Hormigón ¿Qué supuso para ti?

J.L.: ¿Sabes? Lo primero que recuerdo es que el tipo que hizo este museo era salmantino. La dejadez de los salmantinos con sus cosas es tremenda, hay que conocer este espacio. De este lugar recuerdo la frialdad de la piedra, es como la frialdad castellana que luego te acoge…

Ch.A.: ¿Cuál es tu próximo museo?

J.L.: No lo sé. Recuerdo aquel programa de Radio 3 en El Museo del Prado, imagínate a Marlango, por ejemplo, cantando junto a las Meninas. Sería una experiencia extraordinaria para ellos. Yo estoy abierto a todos los museos pero me encantaría tocar en el DA2, ahí donde están las rejas. A mí me pasa en el DA2 que siento el dolor que guarda. Entre esas paredes ha habido gente que ha sufrido y gente que ha hecho sufrir a muchos otros, y aun así, quiero tocar ahí. Independientemente del lugar donde toques lo que quieres es que la gente venga a escucharnos, que opine sobre lo que hacemos porque lo hacemos para la gente.

Ch.A.: Dices que cada vez le das más importancia a la letra frente a la música.

J.L.: Sí, yo cuando termino una letra la leo una y otra vez, la trabajo como si fuera un poema y no tanto una letra de canción. Si no sirve como poema, la tiro. Actualmente, para mí la referencia es la literatura, cada vez más.

Ch.A.: Es que hay grandes cantantes que son verdaderos poetas…

J.L.: Y que están poco valorados. Un Paco Ibáñez, gente que influyó mucho en toda una generación de españoles están ahora muy olvidados. Decía hace poco el hijo de Luis Pastor ¿Dónde están los cantautores? Seguimos aquí, ya sabemos que la gente no quiere escuchar letras complejas que les hagan pensar, letras con un compromiso social, pero ahí están los cantautores. Bebo mucho de esa gente.

Ch.A.: Entonces estarías encantado con el Nobel a Bob Dylan. Fíjate, a mí me gusta más Leonard Cohen.

J.L.: Claro que sí, ya lo dije siempre: se hizo justicia. Ya sé que mucha gente no estuvo de acuerdo pero él representa a todos, es uno entre cientos. Y Leonard Cohen, esa solemnidad, esa manera de decir ¿Le oíste cuando dijo que él hacía todas las canciones con los dos o tres acordes básicos que aprendió de un español? Amaba la poesía de Lorca y Lorca tocaba el piano, llevaba canciones a sus obras. Todos bebemos de esa misma fuente.

Ch.A.: Hace poco dijo el escritor Gustavo Martín Garzo en Salamanca que para escribir, pintar, hacer arte, se necesitaba silencio y aislamiento ¿Cómo te aíslas tú?

J.L.: Durante mucho tiempo yo me sentaba en algunos bares y escribía en servilletas de papel que después pasaba a limpio. Ahora me retiro al Departamento de Filosofía, aquí, en una esquina de la mesa. Será que me rodeo de mucho libro o que hay algo especial porque ahí también ensayamos Dani y yo. Ahí ensayamos y nos dicen los muchachos ¡Qué bonito lo que suena! Incluso le he dicho a la profesora que da clase al lado, a Yolanda, que si ve que la molestamos, que nos lo diga, pero ella responde que le gusta estar explicando anatomía con este sonido de fondo. Me inspiro muchísimo en mi departamento.

Ch.A.: Siempre das ejemplo, llevas un libro en la mano, lees en cualquier momento…

J.L.: Leo mucho, sí, leo en papel y en e-book. Me llevo cientos de libros a cualquier lado, pero la magia del papel es irremplazable, el tacto del papel, el olor… Además, el papel es para la poesía, la poesía necesita papel. No te enfades, la narrativa se puede prestar más a la pantalla, pero la poesía… la naturaleza de los versos, el espacio, no es lo mismo, el hueco que deja el poema, el verso, y si encima lo ilustras… la poesía adquiere una dimensión distinta en el papel, eso no lo se traslada a la pantalla.

Ch.A.: Además, las editoriales de poesía tienen un mayor cuidado a la hora de trabajar los libros.

J.L.: Es verdad, tú me hablas de editoriales que conoces y es magnífico cómo trabajan el libro como objeto. El cuidado, todo. El libro en sí es un objeto. La poesía y la canción es lo mismo, es un viaje de ida y vuelta, la poesía nació con música y ahora la música le devuelve la letra.

         Música y letra para disfrutar en el entorno del museo. Belleza quieta para escuchar dos guitarras limpias, una voz sabia que sabe llenar el escenario, veteranía de un maestro que escribe la poesía cotidiana de la vida diaria con sus héroes derrotados, sus historias de amor, sus luchas por cambiar el mundo. Oír a “El hombre tranquilo” siempre es reconocer la pelea diaria por hacer belleza de lo que nos sucede el día a día, acorde tras acorde, para disfrutar de todo lo bueno. Menos mal, como canta Jimmy López, poeta de la página y del pentagrama, que nos quedan los sueños… y la belleza de un Hispano Suiza, ahí, en la quietud bellísima del Museo junto al río que nos lleva… en coche.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez.

  • Daniel Olivares, el otro integrante de "El hombre tranquilo"