Viernes, 22 de noviembre de 2019

El marido

¿Te has dado cuenta de que no existe el femenino de marido? Lo hay de esposo, de padre, de varón, de patriarca, de hombre, pero no de marido. Ahora que el mío acaba de fallecer después de una enfermedad devastadora que se alargó treinta meses, tras haber sido su mujer 46 años y haber tenido tres hijos con él de los que han nacido seis nietos he caído en la cuenta. Me preguntas por cómo me siento y es lo único que se me ocurre contestarte, con otra pregunta. Una incógnita que me desazona y que me hace interrogarme por quién soy. Me tienes que ayudar a hacer una tesis sobre ese tema. Yo que dejé de lado toda posibilidad de desarrollo universitario por seguir sus pasos, ahora me pregunto por el sentido de aquella decisión. He tenido una andadura que me abrió al mundo en sentido literal, que me hizo conocer a mucha gente, sentir que mi vida tenía un propósito: ayudarlo, estar a su lado.

Hemos repasado los avatares de nuestros hijos. De los cinco, cuyas edades se concentran en la segunda mitad de la treintena, dos ya se han divorciado. Todos tienen puestos de trabajo decentes, algunos fuera del país, como es habitual en esa generación. Sin embargo, al final llegamos a la valoración de mi matrimonio pues es lo que toca porque él ya no está aquí y hay un cambio evidente en mi estado. ¿Qué pienso? Que todo es una basura y que contemplo mi vida como una pérdida de tiempo. No sé si soy injusta. Sé que, posiblemente, no habría vivido en los países en que estuvo destinado, ni conocido a gente de la Academia o del mundo-de-los-que-valen-la-pena, ni que mi casa habría acogido reuniones con gente importante donde se conspiró, se urdieron planes de futuro aparentemente innovadores. Nunca nadie me agradeció que todo estuviera listo. Con plena seguridad me habría quedado en el mundo de la enseñanza secundaria, en un instituto en cualquier sitio. Sí, una vida radicalmente distinta.

Sabes que soy cinéfila y por ello recuerdo que justo después de casarme vi con él un filme de Yannick Bellon que se llamaba La femme de Jean, trataba de una mujer que, tras quince años de matrimonio, era consciente que apenas era la sombra de su marido y que todo el mundo había olvidado su nombre para ser, simplemente, “la mujer de Juan”. Nosotros dijimos que eso nunca nos pasaría, habíamos vivido el 68 y todo iba a cambiar. Era un tiempo diferente. Qué ironía, ¿no? Hoy siento un vacío tremendo. Dirás que soy una egoísta por aquello “del muerto al hoyo y el vivo al boyo”, quizá. Por otra parte, no sé como transmitir esto que te digo a mis hijos. Adoraban a su padre y él estaba siempre pendiente de ellos. No digamos desde que nacieron los nietos, aunque a los dos últimos apenas si los trató por estar ya muy mal. Insisto. ¿Por qué marido no tiene femenino?