Miércoles, 16 de octubre de 2019

¿Valladolid capital? Una larga historia

Cuando el diablo no tiene qué hacer…

De Santiago Juárez, ex portavoz de la Junta de Castilla y León, ex consejero de Presidencia y ex vicepresidente de la misma, no es el demonio, pero a veces tiene ademanes y dichos de Mefistófeles. Y desde su actual puesto de concejal de Valladolid, que le viene corto para su ancha capa, ha propuesto que el estatuto regional recoja expresamente la capitalidad de Valladolid, abriendo así un pequeño melón de temporada.

Es un viejo tema, que viene provocando debates y habladurías de vez en cuando. Ya dio que hablar el breve traslado de la corte de Madrid a Valladolid a principios del siglo XVII –uno de los ardides del duque de Lerma, aquel corrupto y “mayor ladrón del reino / que para no verse encarcelado / se vistió de colorado"– . Góngora y Quevedo tuvieron con ello asunto para sus versos viperinos. (Si se burlaron de Madrid y de su raquítico Manzanares, ¿cómo no se iban a reír de Valladolid y su Pisuerga?). Pero prefiero recordar una copla anónima:

Valladolid en Castilla / ya de todo el mundo reina / por mil años cortesana / y ninguno corte enferma.

Pasó el tiempo y, al acabar la Guerra civil, algunos jerarcas del franquismo quisieron castigar a Madrid por su republicanismo y por su heroica resistencia al fascismo, privándola de su capitalidad, que pasaría a Burgos, sede del primer gobierno franquista, o a Valladolid, patria del caudillo Onésimo y donde la Falange se unió con las JONS, germen del sedicente Movimiento Nacional. Pero tiraron más el Pardo, las moquetas y los despachos de Madrid para los del bigotillo y la lealtad inquebrantable.

Se volvió a suscitar el asunto en la Transición, pero las pretensiones de Valladolid toparon con el caciquismo provinciano imperante y con la rivalidad de Burgos, otrora Cabeza de Castilla y Capital de España al comienzo del Nuevo Estado, y de León, por aquello de la historia diferencial (y, por qué no decirlo, por el control del canon energético, que daría buenos millones a una provincia muy excedentaria en electricidad). Hasta Segovia quería ir a su bola, separándose para usufructuar su “privilegiada relación con Madrid”, como decían los diputados Modesto Fraile y Carlos  Gila. No se zanjó el asunto tampoco en ese momento.

Pero Valladolid detenta, se quiera o no, una capitalidad de hecho que le dan una serie de factores bien visibles y por eso es la sede del ejecutivo y del parlamento regional. Por eso es la ciudad más poblada, con diferencia, y con mayor actividad económica (y es la más contaminada). Si eso no se reconoce formalmente es porque, en mi opinión, el sentimiento regional unitario ha sido siempre muy débil por estos lares, predominando el espíritu de campanario y un españolismo acartonado.

Una vez terminados los desarrollos de la autovía del Duero y de la alta velocidad ferroviaria esa nota de capitalidad se reforzará aún más en Valladolid.  Pero seguiremos dando vueltas al tema, al menos hasta que al Sr. De Santiago se le ocurra alguna otra cosa.