Jueves, 14 de noviembre de 2019

De Aveiro a Macinhata en el encantador Vouginha, un tren como los de antes

Un viaje etnográfico a bordo del histórico tren del Vouga, un convoy con muchas historias que contar

El Vouginha parte de la estación de Aveiro con un adelanto del recorrido etnográfico que realizará/ Rep. Gráf.: Martín-Garay

Cada sábado de verano a las 13h40 de la estación de trenes de Aveiro parte el encantador Vouginha, un tren histórico como los que circulaban en Portugal a comienzos del siglo XX, para realizar un recorrido circular de 72 kilómetros entre esta localidad y Macinhata do Vouga, con abundancia de momentos especiales.

El Vouginha es un cuidado y restaurado convoy compuesto por tres vagones de madera, ventanillas que se bajan y, -probablemente esta sea una de sus marcas de identidad-, balconcillos delanteros y traseros en cada carruaje, donde los pasajeros elegimos pasar muchos ratos para no perder ni una sola de las sensaciones de este slow trip realizado a una velocidad media de 35 km/h, durante el cual atravesaremos verdes paisajes de eucaliptales, pinares y viñedos en un recorrido lleno de curvas y pasos a nivel.

Este tren histórico que utiliza la Línea del Vouga, la única de vía estrecha que sigue funcionando en Portugal, según nos cuentan, existe como producto turístico desde 2017 y surgió a través de una colaboración entre Comboios de Portugal (CP), la cámara municipal de Águeda y el ayuntamiento de Macinhata do Vouga. Solo está disponible los sábados estivales, este año desde el 29 de junio hasta el 12 de octubre, en un viaje ida y vuelta de algo más de cinco horas de duración, con dos paradas muy especiales: una para conocer el Museo Ferroviario de Macinhata do Vouga y otra para callejear bajo los paraguas coloridos de Águeda.

Llegamos a la magnífica estación de Aveiro, con su fachada de azulejos con motivos etnográficos en blanco, amarillo y azul, uno de los frentes de estación más bonitos del país, cuya azulejería procede de la Fábrica da Fonte Longa (1916). Nos dirigimos al andén en busca del singular Vouginha, el tren histórico de la Línea del Vouga, conscientes de que destacará entre todos. Y así es.

Dos mujeres vestidas con el traje regional y cesta a la cadera pregonan las maravillas de los Ovos Moles que venden. El tren tiene asiento para 144 pasajeros, hoy viajamos unos 120, entre ellos, una pareja de Granada que pasa por quinto año consecutivo sus vacaciones en la región de Aveiro, “nos encanta esta zona de Portugal”, afirman, “ya el año pasado quisimos hacer el viaje en el histórico del Vouga, pero no había billetes, así que este año los compramos con antelación”. Hay otros dos españoles a bordo, un ingeniero ferroviario asturiano junto con un familiar que están pasando unos días en casa de amigos en Albergaria-a-Velha. El resto de viajeros lo componen algunos turistas británicos y, sobre todo, portugueses, entre ellos, un numeroso grupo que ha venido desde Beja con el objetivo principal de realizar este viaje ferroviario.

Apenas acaba de arrancar el Vouginha y ya algunos pasajeros abren la portezuela para salir a la baranda exterior. Uno de los alicientes de este tren es la posibilidad de contemplar al aire libre el paisaje que vamos recorriendo, por eso resulta tan atractivo para los amantes de la fotografía ferroviaria. Es un viaje que se hace para disfrutar de todo lo que el trayecto nos propone.

Salamanca al Día viaja en el primer coche, un vagón de fabricación portuguesa de 1923. El segundo es alemán, de 1925, y el tercero, belga, de 1908. La locomotora es española, fabricada en 1964. Aunque está preparada para funcionar a vapor con carbón, la amenaza de los incendios ha llevado a la compañía a evitar riesgos y usar la combustión clásica a diesel.

Nos cuenta Dictino Cabello, el ferroviario asturiano jubilado, que en tiempos esta máquina  realizaba la denominada “Ruta del Cemento” entre Madrid y Tajuña, donde había mucha producción de este material. Aunque no se considera un friqui de los trenes, Dictino sabe y habla mucho de ferrocarril, -como era de esperar-, sin embargo su conversación es desapegada, sin vehemencia, aunque no exenta de pasión. Confiesa que ha viajado en casi todos los trenes especiales de Europa, sobre todo, por Suiza, Alemania, Austria y el Reino Unido. “Los mejores son los de Gales, es que los ingleses sí que saben apreciar el tren, debe ser porque fueron ellos quienes lo inventaron…; en España y Portugal cualquiera defiende más el tren que un ferroviario”, dice el asturiano resignadamente.

Esta zona de Portugal está muy habitada, circulamos al lado de casas y carreteras. Nos sorprende el cariño que los habitantes demuestran hacia este tren, pues desde la puerta de sus casas, desde la huerta donde trabajan, desde los coches que corren en paralelo, la gente saluda al paso del convoy, que silba cada vez que se aproxima a una de las muchas carreteras y caminos que cruza. Muchas de las barreras son automáticas, pero aún encontramos un par de puestos a nivel guardados por una mujer. En un momento de conversación con Pedro Cabelo, el maquinista del tren, nos comenta que este oficio antes era desempeñado mayoritariamente por mujeres, ya que salía más rentable, pues su categoría profesional era inferior a la de los hombres, que tenían la categoría de maniobristas.

Nos detenemos para que pase el tren que realiza el servicio regular por esta vía, pues la Línea del Vouga está activa.

Sin abandonar del todo el urbanismo caótico de estas tierras llanas, poco a poco el paisaje se vuelve más natural. Juncos, eucaliptos, pinos, campos cultivados de maíz y de viña acompañan un recorrido en el que al final intuimos ya la montaña. Nos encontramos en la denominación de origen Bairrada, una región vitivinícola que destaca por sus espumosos.

Al detenernos en la estación de Águeda, los músicos suben al tren. Se trata del Grupo Folclórico y Etnográfico de Macinhata do Vouga, que amenizará con música tradicional el trayecto hasta esa estación. Alguien pasa con una bandeja ofreciéndonos pastelillos de Águeda. A esta altura, la alegría de los pasajeros es ya evidente, sentándose y levantándose, saliendo hacia la baranda y volviendo a entrar para escuchar la música.

El Museo Ferroviario de Macinhata do Vouga se sitúa justo al lado de la estación. Una locomotora donde aún se ven las iniciales “VV” (Vale do Vouga) nos recibe, junto con unos cuantos puestos de productos tradicionales y souvenirs para aficionados al mundo ferroviario.

En su interior el grupo de teatro aficionado TEMA (Teatro Espontáneo de Macinhata) recrea para nosotros una escena típica como las que se solían vivir en la sala de espera de una estación de provincias a principios del siglo pasado. Los pasajeros de primera y tercera clase no se mezclaban, ni siquiera durante la espera. Nos cuenta el guía de la visita, transformado en jefe de estación, que hasta las décadas finales del siglo XX en Portugal solo existía la primera y la tercera clase, la segunda se creó cuando desapareció la tercera.

De hecho, el Vouginha tiene esos asientos de madera de la tercera clase, hoy pulcramente barnizados, que en un viaje de disfrute como este no nos parecen ninguna incomodidad.

Los viejos maquinistas de esta línea han contado que el peor día era el lunes, pues era día de mercado en Espinho. Eso significaba una amalgama de olores y seres vivos de toda especie en los vagones de tercera clase. Antiguamente, la Línea del Vouga enlazaba con la Línea del Dão por el Este llegando hasta Viseu, dando servicio a los muchos clientes de las termas de São Pedro do Sul, y con la del Norte en Espinho, conformando un eje circular ferroviario con varios ramales.

Muchas de las locomotoras que encontramos en el Museo Ferroviario de Macinhata son de fabricación alemana. Por lo visto, fueron donadas por este país a Portugal al finalizar la Primera Guerra Mundial. Al haber perdido la guerra, Alemania debía indemnizar al bando ganador, en el que se hallaba Portugal, y pagó con lo que tenía: el mejor material ferroviario de la época, entre otras cosas.  

Nuestro especial guía, reconvertido en jefe de estación, nos explica la dureza de esta profesión en otras épocas, cuando el maquinista tenía que ir con medio cuerpo fuera debido a la poca visibilidad existente dentro de la locomotora; las jornadas de dieciséis horas; el cocido que preparaban colocando una cazuela encima de la máquina de vapor; el vagón de correos, que recibía cartas hasta con el tren en marcha; o los más de 800 trabajadores que el ferrocarril tenía solamente en Macinhata do Vouga.

Ahora comprendemos el porqué de un museo ferroviario en esta localidad y el motivo por el cual la cámara municipal de Águeda, a la que pertenece, ha apostado tanto por la vuelta de este antiguo convoy a los raíles transformado en producto turístico: el Vouginha forma parte del pasado de muchas familias y tiene historias que contar.

La plantilla del Vouginha de hoy está compuesta por trabajadores de los trenes del área metropolitana de Oporto, que habitualmente trabajan entre esta ciudad, Aveiro y Marco de Canaveses. En los momentos de descanso durante las paradas del Vouginha algunos pasajeros comentan con el personal detalles que les han llamado la atención. Un viajero repara en la caja de hierro colocada entre los ejes de los vagones. José Mendes, el maquinista jefe, le confirma que es una estufa salamandra, utilizada antiguamente como sistema de calefacción. Nuestro ingeniero asturiano aprovecha para hablar con Manuel Silva, el interventor, sobre los respectivos viajes ferroviarios de ambos. El interventor ya fue desde Portugal hasta la ciudad bielorrusa de Minsk en tren.

Después de una hora y media aproximadamente en el museo y en la estación de Macinhata, volvemos a subir al tren para iniciar el camino de regreso. Nuevamente en la baranda exterior aprovechamos para llenarnos de la luz de esta parte más abierta del trayecto. Aunque hay curvas bastante cerradas, no se consiguen las típicas fotografías de la composición entera, puesto que el convoy, con apenas tres vagones, resulta corto.

Nos adentramos en el Valle del Vouga, al que ofrece su nombre el mayor río de la región, que desagua en la ría de Aveiro, contribuyendo a los grandes recursos hídricos de estas tierras bajas, situadas entre el océano y los numerosos lagos, canales y cursos de agua que la recorren en paralelo.

Llegamos de nuevo a Águeda. Dos colaboradoras de su cámara municipal, que se unieron al tren en el trayecto de ida, nos acompañan ahora hasta la Baixa (centro) de la localidad. Lo más llamativo en el verano de Águeda es el colorido Umbrella Sky, un proyecto de arte urbano semipermanente que vivifica la ciudad desde finales de junio hasta mediados de septiembre. Los paraguas de colores se han convertido en la imagen de marca de Águeda, aunque la iniciativa va más allá y hace que la ciudad rebose color.

Los pasajeros del Vouginha disfrutamos de una hora de visita libre por el centro de la localidad, suficiente para callejear un poco y para que algunos compren una caja de los Pasteles de Águeda que ya hemos tenido ocasión de probar en el tren.  Son un exlibris gastronómico de la localidad, junto con el Leitão (tostón) da Bairrada  y los vinos tintos y espumosos de la misma denominación geográfica.

De vuelta al Vouginha sabemos que este será el tramo final de nuestra aventura ferroviaria por el Valle del Vouga. Los viajeros van adaptando su ánimo al final del trayecto y ahora son más los que permanecen sentados en sus asientos. Los compartimentos de este tren histórico están impecables, perfectamente cuidados en todos sus detalles: los bancos con barniz reluciente, las paredes en verde agua, el detalle de las vidrieras en la parte más alta, permitiendo la filtración de la luz, los tiradores dorados brillantes. Cuando acaba la temporada, el Vouginha pasa el invierno en las cocheras de la estación de Sernada do Vouga, donde le dedican todos los mimos que un tren histórico merece.

Viajar sin prisa es mucho más que recorrer kilómetros despacio. El viaje a bordo del Vouginha se hace por el puro placer de vivir la experiencia y conocer otra cara de la región de Aveiro, esa que está orientada hacia la sierra de Caramulo.

Este viaje entusiasta en este tren nostálgico solo provoca cierta melancolía al final. Pero si recomendable es subirse al tren en el momento oportuno, necesario es bajarse de él cuando corresponde. Los pasajeros se despiden y se dispersan ya por la estación de Aveiro.

El Vouginha funcionará hasta el sábado 12 de octubre. Sale de Aveiro a las 13h40 y regresa a la misma estación hacia las 19h00. El billete cuesta 30 euros para adultos y 16,50 para niños de 4 a 12 años. Hay descuentos si lo compramos conjuntamente con el Comboio Histórico do Douro (Régua-Tua), siendo entonces el precio total de 54,50 euros adultos y 27 euros niños hasta 12 años. Los trenes históricos portugueses funcionan anualmente desde finales de primavera hasta comienzos de otoño.

Asimismo, quien viaje en tren desde otra estación portuguesa hasta Aveiro para realizar el viaje en el Histórico do Vouga disfrutará de un descuento del 30% en ese billete y si fuese desde Oporto el viaje ida y vuelta hasta Aveiro solo le costará dos euros.

Para asegurarse una plaza, es posible adquirir el billete hasta con seis meses de antelación.

Para más información, consultar la página de Comboios de Portugal (CP).