Jueves, 14 de noviembre de 2019

El Guadramiro romano

En ocasiones, en los pequeños detalles podemos encontrar pistas o mensajes que nos desvelan datos más que interesantes, que pareciesen estar esperando a ser revelados de alguna manera. Y así suele ocurrir con algunas de las piedras que conforman las edificaciones de nuestros pueblos, que esconden parte de nuestro pasado histórico, esperando a ser sacado del olvido.

En este sentido, Guadramiro es una localidad especial en cuanto que las piedras revelan un importante pasado romano, habiendo pasado desapercibido para la historiografía actual. Y es que, pese a la teoría planteada por varios autores (como Andrés de Poça en el siglo XVI o Miguel Cortés y López en el XIX) de que la ciudad romana de Miróbriga correspondería en realidad a Guadramiro, y no a Ciudad Rodrigo, la historiografía del siglo XX descartó esta posibilidad alegando que sólo había una estela romana catalogada en Guadramiro.

Sin embargo, la realidad frecuentemente va mucho más allá de lo que diga un listado, y hace falta pisar el terreno y analizar las piedras que integran las construcciones para descubrir que hay nada menos que una veintena de estelas romanas repartidas por distintas edificaciones de Guadramiro.

Estas estelas, unas en mejor estado, otras más erosionadas, unas enteras, otras fragmentadas, suponen una densidad muy importante (sobre todo si tenemos en cuenta que en la localidad no se han acometido excavaciones para sacar a la luz restos de la época), e indicarían la más que probable existencia de algún tipo de poblado romano en el solar del actual Guadramiro.

Así, si nos fijamos en diversas piedras de monumentos como la torre, la iglesia y la ermita, en otras de edificaciones de las calles Vertedero, El Brujo y El Rincón visibles desde el exterior, o ya puertas adentro, en diversos corrales de varios puntos del pueblo, podemos observar antiguas estelas romanas, siendo quizá la más fácilmente visible el fragmento con el círculo solar que preside el exterior de la grada del frontón del pueblo.

Por otro lado, más allá de las estelas propiamente dichas, una de las esquinas del portalillo de entrada a la iglesia parroquial tiene una piedra como base que posee una inscripción, y cuya tipografía parece indicar su origen romano, hecho que de confirmarse supondría otro aporte más al pasado romano guadramirense. Sobre esta piedra, como curiosidad, cabe indicar que se encuentra situada con la inscripción boca abajo.

Asimismo, ya fuera del núcleo urbano de la villa, pero dentro aún de su término municipal, cabe señalar la aparición desde antiguo de materiales romanos en las zonas de El Tejar, Los Villares, La Cabeza del Villar, Los Casales y el Teso de San Cristóbal. En este sentido, la toponimia nos daría una pista en parte de ellos de que pudo haber pequeños núcleos de población en esos pagos (caso de Los Villares o La Cabeza del Villar), o de los materiales aparecidos en ellos (El Tejar, por la aparición de tejas antiguas bajo la superficie).

En todo caso, resultaría más que interesante que tanto arqueólogos como historiadores diesen un paso adelante de cara a analizar y hacer emerger el pasado romano de Guadramiro, el cual podría incluso ayudar a poner luz sobre la imprecisa ubicación de las ciudades romanas de Valuta y Miróbriga, que se ubicarían en el oeste de la actual provincia de Salamanca.

Y es que, el pasado romano del oeste salmantino apenas ha sido estudiado, y son múltiples las incógnitas que sobre él habría aún a día de hoy, en pleno siglo XXI. Por ello, debería ponerse luz sobre él y desentrañar esa parte de nuestra historia, para conocer mejor nuestro pasado y poder ponerlo en valor.

En este sentido, la excavación y valorización del pasado romano de Guadramiro, junto al de los monumentos de Cerralbo, el castro de Yecla, y los yacimientos ubicados dentro de este triángulo (castros de Picones y Gema), podría crear una oferta turístico-cultural más que interesante, contribuyendo asimismo a dar más valor al entorno del cercano Parque Natural de Arribes del Duero. Hace falta, no obstante, que las instituciones se impliquen en ello, y especialmente la Junta (por aquello de ser quien tiene las competencias en patrimonio), ya que de lo contrario poco podremos avanzar en este ámbito.