Miércoles, 11 de diciembre de 2019
Ciudad Rodrigo al día

El extremismo del Centro y su corrupción del lenguaje

Décimo octavo capítulo de la serie de Ángel Iglesias Ovejero sobre ‘Actitudes contrarias a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica’

A veces en conversaciones intrascendentes entre amigos se oye aquello de “yo soy extremista del Centro”. Con este disparatado contrasentido se expresa un estado de ánimo que es fruto de la presión reinante en la sociedad española en determinados contextos de su geografía política, tan convulsa que se ha convertido en un verdadero problema de convivencia. Sin duda piensa el hablante ingenuo prevenirse así contra el chaparrón de opiniones excluyentes que le pueden caer si no toma precauciones. Sin embargo, esta posición teóricamente alejada de los extremismos, por un lado, es menos inocente de lo que parece y, por otro, ya está contaminada y tomada por  los partidos autodenominados de Centro-Derecha, que dejan ver cada día que pasa su metamorfosis en Derecha-Derecha, desde que definitivamente se han arrebujado con Vox, con la cual piensan los más espabilados de entre ellos formar una Tiple Alianza o coalición para posibles elecciones.

La frase apuntada, literalmente tomada, no solo puede ser errónea, sino carente de sentido, porque no se puede estar en el centro y en los extremos al mismo tiempo, a no ser que los “extremos se toquen”, lo cual obviamente supone una manipulación del lenguaje, que es lo que continuamente se observa en los políticos en general, cuya estrategia consiste a menudo en expresar de forma eufemística algo moralmente condenable, inadecuado o inoportuno. En los medios de  comunicación ya quedan pocas parcelas al abrigo de esa perversión o corrupción lingüística, en la cual las formaciones políticas derechistas han progresado de tal manera, que se ha convertido en una de sus señas de identidad, sin llegar por ello a conseguir disimular la despensa de que se nutren, porque, como al burro sus orejas, al menor descuido le salen a relucir las actitudes abiertamente contrarias a los principios democráticos en general y, en particular contra la memoria histórica republicana.

En todo caso, si lo que se propone a la opinión pública son falacias o errores con los que se pretende rebatir las opiniones de los adversarios, no se puede deducir de ello que el centro o el “justo medio” sea la verdad. De un modo absoluto, está por ver que la verdad sea divisible; otra cosa es el grado de accesibilidad a la misma, limitado por la capacidad del entendimiento y los conocimientos personales. Unamuno lo dijo a su manera, en la introducción a los cinco ensayos de En torno al casticismo, donde considera que es preferible el método de contraponer y valorar los contrarios para acceder a ella: “Suele buscarse la verdad completa en el justo medio por el método de remoción, via remotionis, por exclusión de los extremos (…). Es preferible, creo, seguir otro método: el de afirmación alternativa de los contrarios”.

Desde luego no parece que la búsqueda de la verdad sea un objetivo prioritario de la Trinidad derechista, pero resulta manifiesta su aspiración de negar la común deriva extremista que desde hace casi un año comparten sus componentes, para instalarse en el Centro, y desde esa posición tratar, no de aclarar sus programas y estrategias, sino de negar y execrar a “los contrarios”, con un discurso (ahora lo llaman “relato”) tendencioso y trasnochado. La expresión preferida en la estrategia de  Ciudadanos para referirse al presidente del Gobierno en funciones y su Partido es “Sánchez y su banda”, que también se aplica a todas las formaciones políticas para ellos sospechosas de favorecer la investidura del mismo (izquierdistas, nacionalistas periféricos, independentistas), y lo siguen haciendo después de haberse comprobado que no era así (al mismo tiempo que lo acusan de no haber conseguido el consenso y de querer gobernar por su cuenta). Dada la colocación lingüística habitual en los medios de comunicación (la “banda terrorista” por antonomasia era ETA) equivale a tratar al Presidente (y a todos los que no lo rechazan) de connivencia con el terrorismo o el bandidismo (nótese la colocación implícita “banda de ladrones”). Ya tomado el gusto al término, califica las actuaciones del Gobierno de bandazos, incluida la cuestión candente de la política migratoria.

La ironía del caso reside en que no hace mucho  el combate contra “la corrupción” (que es la versión del bandidismo al por mayor y de guante blanco, entre “gente de orden” y algo cleptómana) era el grito de guerra contra quienes ahora son sus compañeros de viaje en Andalucía, Madrid y otras Comunidades. En el Partido Popular, desde que han visto las orejas del lobo (no ya con los independentistas al Norte, sino con los voceros al Sur) los líderes se han vuelto más modositos en el tono, pero siguen firmes en el ademán y con la ambición descarada. Su jefe, después de haber llamado “golpista”  a Sánchez y de tratarlo más recientemente de “Frankenstein”, acusándolo de “blanquear a Bildu”, le pide que retire su candidatura a la Presidencia del Gobierno y el Partido Socialista apoye un “gobierno de progreso con los partidos constitucionalistas”, los dos partidos mencionados (sin crédito alguno respectivamente en el País Vasco y en Cataluña, donde los identifican con los antiguos “Nacionales”) y Vox de convidado de piedra (¿?). Esta última formación ya había dicho lo que quería, en sustancia la vuelta al franquismo, manifiesto en una oposición frontal con los partidos de izquierda, que califica de “Frente Popular”. Ahora acaba de retratarse con la denuncia de la ONG Proactiva Open Arms, por considerarla “una base operativa de la extrema izquierda”.

Estas distorsiones perversas del lenguaje son o parecen terrorismo verbal, acordes con las propuestas esperpénticas de quienes las emplean. Pero se ofenden cuando los llaman “fascistas”. La estrategia de la Triple Alianza “Constitucionalista” in fieri consiste, no en “la afirmación alternativa de los contrarios”, sino en recrear dos bloques antagónicos y obsoletos, que es como describen la situación política y social de España durante la II República, para justificar la destrucción de ésta por la violencia militarista. Reniegan del diálogo, suspiran por el garrotazo y tente tieso. Pero, ciñéndonos a nuestro asunto, resulta vergonzoso y lamentable el uso de la memoria histórica para sus fines.

Los extremistas del Centro solamente se interesan por ella cuando la pueden instrumentalizar para la propaganda tendenciosa de sus intereses partidistas.  Aunque no es nada nuevo en sí, últimamente se rasgan las vestiduras cuando, a su salida de la cárcel, los agentes del antiguo terrorismo en el País Vasco reciben bienvenidas y homenajes de sus familiares, amigos y simpatizantes. En el fondo no les falta razón para este rechazo, porque nadie puede echar de menos la violencia extrema para conseguir objetivos políticos. Ahora bien, aunque ello en modo alguno justifique la celebración explícita o implícita de sus actos delictivos, al menos estas personas fueron juzgadas y cumplieron sus penas, conforme a las leyes vigentes, cosa que nunca han hecho los responsables y agentes de la represión franquista, beneficiarios de una impunidad que remonta a más de ochenta  años, durante los cuales y a día de hoy, por añadidura, siguen beneficiándose de una imagen meliorativa, con exhibición triunfalista en símbolos, callejero y libros escolares, mientras que sus víctimas están lejos de haber recibido el reconocimiento merecido.

No se cumple la LMH. Y a estos extremistas del Centro les trae sin cuidado, cuando no aplauden y promocionan los desafueros. Hasta que no se quiten esta viga del ojo, los aspirantes a redentores Trinitarios estarán lejos de poder predicar con el ejemplo. Precisamente, Pablo Casado, que alardea de represalias franquistas contra su abuelo materno, como si esto lo eximiera del cumplimiento de las leyes, tiene una excelente muestra de lo que se hace y no se hace bien en su tierra natal de Palencia (como sucede en la comarca salmantina de Ciudad Rodrigo). En el atrio adyacente a la iglesia de Santa María de la Asunción en Dueñas, hay una cruz que luce, por una cara, un listado de siete “mártires” y, por otra, una relación de “caídos”. Esta última lleva en su cabecera un nombre conocido, “José A. P. de Rivera”, fundador de Falange (cuyos milicianos fueron señalados victimarios por estos pagos), y en su parte inferior la proclama ritual de esta formación “Presentes” y la fecha de 1939. La “presencia” del personaje principal sigue manteniendo en el monumento el carácter de exhibición franquista que sin duda tenía, a pesar de su relativa discreción formularia actual. De todos modos, el temprano y permanente reconocimiento de los soldados “nacionales” (con el añadido posterior de las personas asesinadas en la retaguardia republicana), a causa de la sublevación y la guerra declarada por Franco y los suyos, contrasta con el reconocimiento tardío de las 98 víctimas mortales (entre ellas ¡25 mujeres!) causadas por la represión militar y la dictadura franquistas entre 1936 y 1945 en una población de unos 3.000 habitantes. En 2008 la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica puso una placa con sus nombres frente a la antigua Casa del Pueblo, con esta leyenda: “a la memoria de nuestros vecinos defensores de las libertades constitucionales víctimas de la represión franquista”. No se tiene constancia de que el señor Casado haya participado en los homenajes organizados. 

Una prueba más:

Después de la desmemoria, la desvergüenza.