Raúl Díaz de Dios, acordeón de sones y tradiciones

Juglar feliz, acordeonista de Hammelin al que siguen los alumnos cantando “que ya vienen las panaderas”
Raúl Díaz de Dios, con su nuevo CD-libro. Fotos: Carmen Borrego

Vuelan los dedos de Raúl Díaz de Dios y respira el acordeón rojo con aires salmantinos. El Huerto de Calixto y Melibea, atardecer de verano, se estremece de “Sones Tradicionales”, del sonido denso, inconfundible, del fuelle que anuncia la fiesta de un estío apenas estrenado.

Charo Alonso: ¿Cómo ves la música en el sistema educativo, profesor?

Raúl de Dios: Los profesores y maestros de música estamos en peligro de extinción en el sistema educativo. Quitan horas en Secundaria y en Primaria la música está de relleno, una hora a la semana, con Plástica. Yo pienso que hay que darle importancia al lenguaje emocional y artístico.

Ch.A.: ¿Qué es el lenguaje emocional?

R.deD.: El de las emociones. Incluso entre compañeros docentes es muy importante en los grupos de trabajo. La base de un buen rendimiento del alumno es el lenguaje emocional. Un niño puede tener problemas y mostrarlo a través de la música, de su pintura… Los horarios le dan más importancia al inglés… ¡Si la música también es un lenguaje, y es el lenguaje universal por encima de todos!

Ch.A.: Raúl, ¿qué es “El fuelle del charro”?

R.deD.: “El fuelle del charro” es un proyecto mío de 2014 que pretendía mezclar la música salmantina con el acordeón. La música de Salamanca se hace con la gaita y el tamboril y yo quería llevar las melodías más allá, con el acordeón como protagonista.

Ch.A.: ¿Ese disco es música folk o folclore?

R.deD.: El folklore es más minoritario, es la música identitaria, de la tierra, de los pueblos, es lo que sale natural, lo que canta la mujer más mayor del pueblo y se transmite por tradición oral. El folk es la rearmonización de la música folclórica. El fuelle es un proyecto folk, porque una guitarra eléctrica no forma parte de la tradición de la música de Salamanca.

Ch.A.: ¿Hay interés por la música folclórica salmantina?

R.deD.: Es una música minoritaria, pero despierta interés, todo depende de cómo lo transmitas. Estoy contento con la forma que tiene la Diputación de Salamanca, las Diputaciones de las distintas provincias, el Ayuntamiento, la Junta, de potenciar la cultura popular.

Ch.A.: ¿Cómo empezaste con la música?

R.deD.: Yo empecé con la guitarra a los seis años, ¡el instrumento era más grande que yo! Luego entré en la Escuela Municipal de Música de Santa Cecilia. Allí nos adjudicaban el instrumento por sorteo, y a mí me tocó el acordeón. 

Ch.A.: ¿Qué tiene el acordeón de especial?

R.deD.: El acordeón es el único instrumento que hace melodía y armonización, y tiene un fuelle que le da vida, es como si estuviera respirando constantemente. Puedes hacer una frase fuerte, otra piano, es un instrumento muy expresivo.

Ch.A.: Quizás lo asociamos a las fiestas, a los pajaritos…

R.deD.: La verdad es que el acordeón pasó de ser el rey de las fiestas a ser el gran olvidado. Es un instrumento especial, en Salamanca había desde el siglo XIX instrumentos diatónicos de botones, más pequeños, que también llegaron de la inmigración, se traían de Suiza, de Alemania. Mucha gente venía con un acordeón diatónico de madera. Era un instrumento más complejo que la flauta pastoril, claro, pero muy completo para las fiestas, las celebraciones populares. Tenía un gran abanico sonoro y era como una orquesta completa con acompañamiento, armonía y melodía.

Ch.A.: ¿Cómo se convierte luego en un gran olvidado en Salamanca?

R.deD.: Este país, asolado por la guerra, necesitaba instrumentos fáciles de fabricar, si no había dinero ni para comer, menos para un instrumento. Se hacía con lo que se tenía: palos, bidones, pieles de animales. Los acordeones diatónicos se convierten en objetos decorativos, se pierden o queman. El acordeón de piano en la mano derecha caro y minoritario aunque tiene mayor amplitud armónica, no estaba al alcance de nadie.


Ch.A.: Aquí el tamaño sí que importa.

R.deD.: Sí, pero en realidad son las manos las que transmiten. Este es mejor para tocar de pie, sino, es muy pesado. El acordeón es un instrumento muy completo que necesita mucha  práctica. A todos nos ha quedado el canon de los pajaritos, pero es uno de los instrumentos más difíciles de fabricar, muy versátil, por eso he hecho proyectos de tango, de música latina, música popular…

Ch.A.: Eres musicólogo, profesor de secundaria, maestro… ¿Qué dicen tus alumnos cuando te ven con el instrumento?

R.deD.: Es sorprendente, les encanta, se crea un icono en cierta manera. Hubo niños que venían a los conciertos con un acordeón de juguete. En uno de mis vídeos, rodado justo aquí, toco con un niño que lleva un acordeón. Con este vídeo yo buscaba fomentar Salamanca, la ciudad, sus rincones, la provincia. Por suerte ha habido un impulso de todas las cosas que suenan a Salamanca. Y ahí estoy yo, aunque he sufrido un accidente que me ha tenido de baja, pero ya he retomado los conciertos y quiero llevar mis “Sones Tradicionales” por los pueblos ahora en verano.

Carmen Borrego: ¿En qué consiste el proyecto?

R.deD.: El proyecto consiste en tocar música tradicional, recuperar nuestras raíces y mostrarlas desde el punto de vista más puro. Se trata de contar en el libro y en los conciertos la tradición oral de nuestras tradiciones musicales. Y es un trabajo que voy a enfocar hacia la escuela porque lo he proyectado como un serial de libros en cadena. Creo que hay que dar a conocer nuestros ritmos tradicionales de una forma sencilla, didáctica ¿Tú sabes diferenciar una charrada de un charro?

Ch.A.: No, aquí la folclórica es Carmen, llévatela de concierto.

Carmen Borrego: A mí me da igual charro que serrano, te lo bailo todo.

R.deD.: Mucha gente no sabe, le parece muy aburrido. A tus alumnos si les explicas las cosas desde el principio, de forma sencilla, amena, seguro que les gusta. Les explicamos la historia, la literatura, los monumentos, pero no esta parte de la cultura de Salamanca que no se han preocupado por enseñar desde la escuela.

Carmen Borrego: Recuerda cómo ha mostrado la película de Gabriel Velázquez, “Zaniki”, lo divertido que es aprender a tocar las cucharas.

R.deD.: Mayalde lo hace maravillosamente. Se trata de acercar la música tradicional a las escuelas. Nosotros, en el CEIP Santa Teresa, donde he sido maestro, ganamos un premio de música tradicional, en Arlafolk trabajando “las panaderas” con una clase de primero de primaria y un charro salmantino. Veintitantos niños de seis años cantando y tocando, coordinados.

Ch.A.: Vaya suerte de profe…  ¿Ahora hay más interés?

R.deD.: Cada vez hay más gente que se dedica a la música popular y eso es bueno, hay movimiento, renovación, buenos espectáculos… gente joven. Yo he tocado sobre un banco del parque, sobre un tractor... A mí me gusta tocar en pueblos pequeñitos, donde la gente está sentada, escuchando. Me gustan los teatros de los pueblos. Los pueblos tienen algo mágico.

Ch.A.: ¿Y llevarla a la gente mayor? Es su memoria.

RdeD.: La gente mayor son los grandes olvidados. Hace unos años se recopilaba mucho, hablabas, les buscabas. Ahora te pilla un señor mayor y te cuenta y te cuenta porque no tiene con quién hablar. Dicen que está todo recopilado pero no, la tradición no tiene fin, está viva. Y hay que escuchar a los mayores, ofrecerles esta música que es suya.

Escuchad qué sonoridad tiene el acordeón, cualquier música tocada con ella tiene otro matiz, escuchad… Un sonido que llena el jardín mágico de Melibea como llena el rostro joven, abierto de Raúl Díaz de Dios una sonrisa llena de confianza. Juglar feliz, acordeonista de Hammelin al que siguen los alumnos cantando “que ya vienen las panaderas”. Pan nuestro de cada día, música infinita. Respira el acordeón y la sonrisa se estira, lección amorosa, armónica melodía.