Domingo, 20 de octubre de 2019

Isabel II y el Orgullo LGTB

A quienes nos gusta leer y un libro nos parezca caro, siempre nos quedará la Cuesta de Moyano, que por el precio de uno podemos traernos tres. Y aunque lo anterior rime, no es ningún reclamo publicitario.

Esto es válido para cualquier Feria de Viejo, pero la de Moyano, situada en Madrid, desde Atocha hasta el Retiro, o al contrario, es una feria permanente, y no se preocupen los libreros de libros nuevos, pues esta feria hace lectores. Yo me reconozco un codicioso comprador sin propósito de enmienda.

Además, en tiempos ejercí de impresor y editor, y aunque ahora me hallo en vida más pausada, con los e-book me ocurre como con los coches eléctricos: ni suenan ni huelen. Son juguetes carentes de vida. Prefiero el papel.

Hará un par de semanas que visité por última vez la Cuesta y, como siempre, uno anda con dos miradas: una para los libros que me interesan y otra para esos ejemplares que ni siquiera conoces su existencia. Es lo que me ocurrió esta última vez con un título: “Las Reinas de España”. Un libro tomado del tenderete de los tres euros por una señora que lo llevaba asido a ese carrito “no online” que es el antebrazo. Por tanto, estaba adjudicado. ¡Mala suerte!

Sin embargo, la experiencia me dice que en estos lugares nunca se debe dar nada por perdido. La oferta es tan variada y el estado de ánimo se encuentra tentado por tantos títulos, que nada es definitivo. Y se prestó la ocasión: la señora deja este libro y se da codazos para tomar otro. ¡Buena suerte! De la mala a la buena suerte solo habían pasado tres minutos.

Junto a este, recorriendo otras casetas, se vienen conmigo tres o cuatro libros más, y unos se leerán pronto, otros esperarán unas vacaciones y otros nunca se leerán, pero ahí están por si acaso. Hay que darse cuenta que tengo overbooking, pues me hice con algunos para cuando me jubilara y en el estado jubiloso en el que me encuentro –casi de estreno si miramos la rapidez con la que pasa el tiempo– aún tengo muchos por leer.

Pero vayamos al libro en cuestión y preguntémonos qué nos dice este libro sobre la actualidad. ¿Qué nos dice, por ejemplo, sobre el Orgullo LGTB? Nada, si no le preguntamos nada. La primera edición del ejemplar es de 1978 y en aquel entonces los “homenajeados” en el Orgullo del presente año, o sea, los mayores, casi estaban en pañales reivindicativos. La sociedad ha cambiado mucho, pero hay que reconocer que esta gente se lo ha “currao”.

Nuestro país siempre fue muy machista y en los primeros años sesenta, siendo yo un niño, pongamos que hablo de Madrid, vivía en mi calle un joven veinteañero con tipazo de mujer al que llamaban Mari Pili y en cuanto salía de su portal la chavalería le insultaba gravemente e incluso alguno le tiraba una fruta o cualquier cosa que tuviera entre manos. Él no podía repeler nada puesto que estaba expuesto a que le aplicaran la Ley de Vagos y Maleantes. Muy triste.

La alternativa de este colectivo era el disimulo: echarse novia y casarse. Hecho que se daba en todos los estamentos de la sociedad. Y este –aparte de su ambición de ser Rey consorte– fue uno de los deseos que le llevó a Francisco de Asís –a quien la mayoría de los biógrafos le achacan costumbres morigeradas– a casarse con su prima hermana por partida doble (de padre y de madre) la Reina de España Isabel II, quien se negaba al matrimonio y detestaba a su primo sin diplomacia.

Pero aquello era irrenunciable, puesto que coincidía con los intereses de Estado, y de todos es conocido que, si en lo político fue un remedio para aplacar a las distintas casas reales europeas, en lo personal fue tal desastre, que ni ha habido ni habrá biografía de aquel enlace que no se refiera a las elucubraciones de cuernos que dieron lugar la presunta homosexualidad de Francisco de Asís y supuesta ninfomanía de la Soberana. (Con exageradas viñetas lo parodiaron los Bécquer).

Hubiera cambiado la Historia si aquel matrimonio no se llega a celebrar, pues él y ella –que se separaron en cuanto pasaron al exilio– hubieran sido felices con personas de idéntica capacidad de amar como las que demandaba su personalidad.