Miércoles, 17 de julio de 2019

Sexo y política

Escucho la política, pero ya me conocen que tampoco me gusta hablar demasiado de la misma. Y por lo visto hasta ahora, no parece que Sánchez se vaya a hacer un Ada Colau y bailar un Valls (así, con dos eles) en su investidura. El horizonte se muestra como los fuegos de estos días, demasiado turbios, por lo que al final puede ser el electorado quien decida.

¿Pero si al pueblo no le facilitan la tarea, cómo va a ser este quien nuevamente vote y decida? ¿Para qué va a votar a un partido si después le va a bloquear el partido bisagra? Lo lógico sería que los pactos vinieran señalados en la papeleta y fueran de obligado cumplimiento. Así, caso del PSOE, el votante elegiría una de estas opciones: “PSOE”, “PSOE con PP”, “PSOE con Ciudadanos” o “PSOE con Podemos”. Y si esto es así, de acuerdo.

Recordarán que no hace tanto tiempo de aquel 15-M en el que, con razón, muchos males de la política se achacaban al bipartidismo. Aquello se acabó y hoy el resultado electoral asigna la gobernabilidad a un partido y a otros la misión de apoyar a su alter ego ideológico por el bien de los votantes de ambos partidos. También de acuerdo. 

¿Pero acaso son pocos 123 diputados (tanto como PP y Cs juntos) para no entender que este es el Gobierno que quiere el pueblo? Háganlo con nocturnidad (es una broma) o como sea, si hace falta copien del antiguo régimen y hagan matrimonios de conveniencia, pero este país necesita un Gobierno de progreso.

Y si para aprender hemos de viajar ocho siglos hacia atrás, ¡hagámoslo!

Así, estamos en 1207 y España está dividida en reinos. En el de Aragón tenemos un problema: se necesita un heredero, pero el rey Pedro II de Aragón, absorbido por las cuestiones políticas y bien atendido por sus celestinos y celestinas que le facilitan a diario distinta mujeres, no tiene tiempo para consumar en el tálamo nupcial con su joven esposa María de Montpellier, con la que se ha casado por razones de Estado.

Por supuesto que él está orgulloso de ella, puesto que no hay mujer más resignada, virtuosa y casta. Hasta que María se harta y con la ayuda de su séquito recurre a una estratagema para tener descendencia. Y son tantas las mujeres que le ofrecen al monarca, que es de lo más fácil sustituir a una de las jóvenes por ella. Así se lleva a cabo. Y no sabemos si esta treta la ha realizado una o varias veces, la cuestión es que María de Montpellier se ha quedado encinta y el rey se ha dado por enterado de la maniobra.

Sus palabras ante un hecho consumado como este han sido: “Puesto que es así, ¡que Dios quiera satisfacer vuestros deseos!”. 

A nosotros solo nos queda decir que con esta maniobra ha venido al mundo Jaime I, El Conquistador.

Lo anterior, como hemos dicho, fue una treta política de hace ocho siglos, con lo que habrá quien sonría y diga que aquello queda muy lejos de la realidad de nuestro tiempo.

Sin embargo, no hace mucho, en nuestros tiempos modernos, allá en ese país que acoge al señor Puigdemont, los políticos de turno tuvieron que sufrir un ultimátum de sus mujeres por el hecho de estar más de un año deliberando y sin llegar a un acuerdo para formar gobierno.

El ultimátum, todos lo recordarán, fue que “mientras no hubiera Gobierno, tampoco habría sexo”. A ciencia cierta no se sabe si esta fue la causa de la reconsideración de los políticos, pero por la coincidencia de fechas parece que sí debió de dar resultado.