Lunes, 9 de diciembre de 2019

La ley y la trampa

Alguien dijo que los banqueros —sólo banqueros, por entonces no había banqueras— eran unos señores que te prestaban el paraguas cuando hacía sol y te lo quitaban cuando empezaba a llover. Seguro que el autor de la frase sufrió algún chaparrón con fatales consecuencias, y fueron tantos los que acabaron calados hasta los huesos, que la frase no tardó en hacerse popular.

 Que los bancos se sirvan de engaños para estafar a los clientes es una práctica que data de muy antiguo. Existía, incluso, la creencia de que si alguien moría sin darle tiempo a sacar el dinero, el banco, con todas las de la ley, podía quedarse con los cuartos, y viendo de la pata que cojean los banqueros, esta falsa creencia tiene más posibilidades de obedecer al escarmiento que a la ignorancia.

 Aunque el nivel cultural de los clientes de hoy nada tiene que ver con el de los clientes de aquellos tiempos, los banqueros siguen contando con trampas a su alcance para seguir abusando de ellos y quedar como señores: la letra pequeña, que debió inventarse cuando empezó a ser habitual que los clientes supieran leer, y que es tan pequeña que la mayoría ni siquiera la ven, y el lenguaje que utilizan, pues, a pesar de que nuestro idioma cuenta con palabras que permiten expresarnos de manera clara, sencilla y bella, siguen recurriendo a términos tan incomprensibles que a veces hasta parece que se contradicen.

En los últimos años son muchos los españoles que han tenido que recurrir a los tribunales para reclamar la nulidad de las cláusulas suelo de sus hipotecas y la devolución del dinero perdido en las participaciones preferentes, y todos, absolutamente todos, hemos pagado y seguimos pagando comisiones que no están autorizados a cobrar.

La nueva Ley Hipotecaria nace con el propósito de poner fin a estos abusos que han conseguido colapsar los juzgados. A partir de ya, antes de firmar una hipoteca, tendremos que pasar por el notario que será quien nos explique lo que significa cada una de las cláusulas del contrato que vamos a firmar y se asegure de que lo hemos entendido perfectamente, y lo mejor de todo: la minuta de las primeras copias del notario, del registro y de la gestoría, correrá por cuenta de los bancos. Ahora bien, ¿no estarán ya buscándole la trampa a la ley y tendremos que devolverles el dinero por otro concepto…?

Esperemos que se controle su cumplimiento rigurosamente y no tengamos que decir que simplemente nos han cambiado el nombre de la estafa porque la trampa sigue imponiéndose a la ley.