Domingo, 16 de junio de 2019

Franco está en la Historia

Hace unos días, en el programa de Wyoming, en una de esas entrevistas de calle con jóvenes estudiantes de Bachiller escogidos al azar, se les conminaba a situar a Franco en el contexto histórico que le tocó vivir y algunos hechos sucedidos durante la dictadura.

La respuesta generalizada era la de no llegar a esas lecciones “ni por asomo”, pues el temario era muy largo y nunca daba tiempo. Aun así, se hizo la encuesta y hasta se les abría el comodín de poder realizar una llamada a alguien de su entorno, con lo que nos encontramos el caso de quien llamó a su padre para que le diera la respuesta correcta entre las cuatro opciones para contestar. Por supuesto, sobresalía la verdadera (“que estaban prohibidos los partidos políticos”) y las otras tres eran barrabasadas, y ni siquiera acertaba su padre, quien creo que contestó algo así como “que estaban prohibidos los perfumes para hombres”. O sea, dos generaciones en el limbo.

¡Qué diría ante esto el fundador de la Institución Libre de Enseñanza don Francisco Giner de los Ríos! No sé, quizá los chicos de hoy borden un examen hablando de Ramsés II, Escipión el Africano, Solimán el Magnífico o Juego de Tronos (bueno, esta no), pero creo que van a tener muy poco crédito cuando entren a debatir un tema de actualidad como buscar acomodo a los restos de Franco enterrados en el Valle de los Caídos.

No quiero culpabilizar a los profesores de desidia, ni mucho menos, pero si el consenso está en que la educación del alumno es responsabilidad única de los padres, el sexo no es de su incumbencia puesto que lo aprenden en los móviles y la Historia de medio siglo atrás está demasiado cruda y quizá haya que esperar a darle vuelta y vuelta, no sé si a los niños deberían leerles el periódico y así nadie tendría que definirse.

Pero... vayamos a la Historia y allí nos encontraremos con un señor llamado Francisco Franco que se autoproclamó (o lo proclamaron los aduladores) Jefe de Gobierno del Estado en el tiempo en que ya existía un Jefe del Estado elegido democráticamente que se llamaba Manuel Azaña, hombre digno y no muy bien querido por Franco, no solo por tener ideas que estaban en las Antípodas de su pensamiento, sino –dice algún historiador– por otras más personales, como tener en proyecto acabar con los ascensos por méritos de guerra, que era tanto como decir que don Francisco, quien llegó a general a los 34 años, era poco menos que un impostor.

Pero el párrafo anterior es una simplificación. Y la guerra, los cuarenta años de la Jefatura franquista y la recuperación de las libertades requieren de mucha explicación: hubo una destrucción y una reconstrucción, un hielo internacional y un deshielo, una religiosidad desaforada y una descatolización prudente, unos Principios Fundamentales (“Nuestro Régimen vive en sí mismo, no espera nada fuera de él, se sucede a sí mismo...”. Franco) y la Transición a la democracia. Pero la ley, hoy, choca con el testamento franquista o con la propia ley y ayer lunes, día asignado para el traslado de los restos del Generalísimo a El Pardo, lugar más idóneo para un “no caído”, queda a la espera de los recursos judiciales.

¿Atado y bien atado? Con muchas raíces, sí. Ese fue su testamento. Pero nadie podrá nunca conocer el coeficiente intelectual de Franco, como tampoco hay que desmerecer de su astucia, y esto sí se puede medir. Solo vamos a referirnos, con una anécdota, a esa astucia de la que hablamos.

Conocemos el aislamiento internacional, en el que solo hubo un país, Argentina, que en los difíciles años de la posguerra le favoreció y favoreció a nuestro pueblo. Aquello vino acompañado de una visita de la señora Eva Perón, mujer de mucho carisma y con sensibilidades proletarias, esposa del presidente Juan Domingo Perón. Dicha señora quiso hablar con algunos obreros en Madrid pero no le fue posible, y como en aquella visita tenía como proyecto un viaje a Cataluña, puso en conocimiento del Caudillo que en Barcelona hablaría con ellos, halagándola Franco con una sonrisa.

¿Dónde estuvo la astucia de Franco? ¡En los signos de puntuación! No sé si la frase que envió Franco en un telegrama al gobernador civil de Barcelona les recuerde a aquella de la democracia y del posterior referéndum de la OTAN (“Otan de entrada no”), pues la de Franco fue “Evita que hable”. ¿Creen que habló? No habló, por supuesto.