Miércoles, 11 de diciembre de 2019
Ciudad Rodrigo al día

Ecologizar la sociedad...

Los restos patrimoniales del Casco Antiguo mirobrigense que aún permanecen en pie se hallan en primera línea de combate aquí y ahora

… Y, en consecuencia, ecologizar las políticas llevadas a cabo y a los políticos de todo signo; tal es la clave,  no queda otra alternativa. La “casa común” planetaria, el  “oikos” acuñado por nuestros antepasados helenísticos lo está reclamando a voz en grito de urgencia por doquiera que se mire: océanos, ríos, aguazales y humedales, mares, desiertos, territorios polares, residuos del consumo humano e industriales, contaminación atmosférica urbana, calentamiento global, cambio climático etc. No obstante, si nos detuviéramos solamente en la reparación cuantitativo-cualitativa de sus daños, habríamos contribuido a realizar algo así como la limpieza o aseo de alguna/s habitaciones de esa casa común que habitamos de manera temporal según la escala existencial de cada generación humana; esto es, habremos actuado como simples barrenderos, pintores, ebanistas... de determinados aspectos parciales, no de los radicales que afectan con suma gravedad al empeoramiento  progresivo del medio ambiente.

Quiere decirse, seríamos ecologistas activos merecedores de plácemes y elogios -¡cómo no!-; mas actuar como eficaces “ecólogos” requiere colaborar muy sabia e inteligentemente en la construcción colectiva y comunitaria de un medio ambiente complejo y global, lo que entraña incluir la transversalidad e interacción estratégicas y observar la jerarquización existente entre las diversas cadenas tróficas de los elementos constitutivos de cada hábitat donde se desarrolla el misterio de la vida: humana, vegetal, animal, agua, suelo, aire (biosfera y estratosfera). Quizá valga el siguiente ejemplo para hacer algo más inteligible (¿y didáctico?) cuanto llevo afirmado: defender que “árbol es vida” a estas alturas del siglo XXI sigue siendo una certeza, mas también una probable trivialidad (con perdón). Aferrarse a ese eslogan y armar la marimorena callejera por un árbol de más o menos… puede llegar a resultar, en ocasiones, hasta grotesco y contraproducente a efectos de ecologizar la sociedad.

Opino y sostengo que es preciso avanzar, dar siempre un paso más en el sentido de establecer alianzas, sinergias, complicidades, esfuerzos colaborativos, porque la tarea es urgente y la verdadera victoria se halla muy alta, dificultada por numerosos intereses creados, egoísmos y golpes rastreros, aunque en puridad la construcción de un medio ambiente limpio, equilibrado y saludable sea primordialmente tarea y deber de todos y todas. Tal es la ruta a seguir, como informa a quienes tengan la modesta humildad de querer aprender y cumplir la praxis formulada desde hace décadas por la ciencia pedagógico-didáctica denominada Educación Ambiental, que trata como fin último de avanzar en la tarea de “ecologizar la sociedad” tal y como venimos exponiendo.

No se trata de poner parches aquí, allá o acullá en tal o cual problema puntual, sino abordarlos con metodologías adecuadas tras contemplar la totalidad de las interrelaciones que  conforman y definen  el conjunto de sus deteriorados hábitats, con observancia priorizada de la jerarquía de valores que constituyen la “pirámide ecológica” cuyos integrantes quedaron someramente enunciados más arriba: seres humanos: presentes, pasados y futuros; flora; fauna; agua; suelo; biosfera y estratosfera. Por ese orden. De modo que las acciones/omisiones del ser humano, el más potente constructor y degradador ambiental a la vez, constituyen el primer factor cuya vigilancia ha de estar en permanente estado de sospecha y reparación.

Así los restos patrimoniales del Casco Antiguo mirobrigense que aún permanecen en pie, muralla y conjunto abaluartado que lo complementan, se hallan en primera línea de combate aquí y ahora,  y debieran recibir un tratamiento no solo digno sino magnánimo desde todos los puntos de vista de su rehabilitación: arquitectónico, arqueológico, estético, funcional, y en todo momento fidedigno con la tipología constructiva de sus muros, sin cicaterías presupuestarias  y sin que jamás cunda el desaliento en la ciudadanía ni la clase política. Hay que rescatar el esplendor patrimonial de nuestra ciudad por encima de todos y de todo: ese debe ser el primer gran objetivo a superar en vías de comenzar a lograr la “ecologización de la sociedad”. Todas y todos a una. Después, vendrá lo demás que es muchísimo y a la vez más arduo: empleabilidad, fijar población no solo en la ciudad sino en todo el ámbito comarcal de la Tierra de Ciudad Rodrigo, superar desigualdades incluidas las de género, elevación y equilibración de niveles de renta… y un larguísimo etcétera, aunque siempre sin tolerarnos decaer el entusiasmo; porque como Heine dijera: “perder el ánimo es irresponsable y además es inútil”.

Santiago Corchete Gonzalo

Experto nacional en Educación Ambiental