Jueves, 20 de junio de 2019

Sonreír a la vida

Estos dos salmantinos, ambos trasplantados de hígado, cruzaron sus camimos en la planta séptima del Hospital Materno-Infantil La Paz en Madrid. Dos historias de superación
Alejandro y Andrea, en una entrevista para Salamanca Al Día. Fotos: Pedro Zaballos

Alejandro y Andrea sonríen. A pesar de todo, lo hacen. Sus madres también. La vida de ambos se cruzó en la planta Materno - Infantil del Hospital La Paz de Madrid. Dos familias salmantinas unidas por las injusticias que a veces tiene el destino.

Alejandro, con 19 años y natural de Alba de Tormes, vive a la espera de que una llamada le cambie la vida. Necesita un trasplante urgente. Su historia se remonta al año 2000, cuando tenía 6 meses empezó todo. Le detectaron cáncer, un Hepatoblastoma, y acabaron en trasplante después de 4 o 5 ciclos de quimioterapia. El primer trasplante fue el 1 de septiembre del 2000  y la evolución fue satisfactoria tras muchos meses en Madrid. “Estuvimos allí ingresados 3 meses, un mes en la UCI. Puedes imaginarte lo duro que fue eso y los miedos a los que nos tuvimos que enfrentar”, explica Mercedes, su madre.

Desde el día que recibieron el alta, su nueva vida empezó, y Alejandro ha llevado una vida normal. “Su infancia y su juventud hasta ahora han sido geniales. Sí es verdad que son niños especiales porque pueden coger infecciones o cualquier otra enfermedad cotidiana que para los demás es normal y a nosotros nos llevaba un riesgo. Al principio nadie te entendía, la gente no sabe que la palabra trasplante conlleva medicación, revisiones, cuidados… yo creo que hay mucha gente que piensa que un trasplante te lo ponen y se acaba. Pero dentro de lo que sufrimos nada más nacer, hemos vivido felices. Alejandro ha jugado al fútbol, ha vivido sus veranos con el resto de compañeros de clase, ha viajado…”.  

Todo eso hasta ahora. Hoy su conducto bilial no funciona y hay que hacer otro trasplante. Así llevan dos meses, esperando las 24 horas del día a recibir la llamada que le diga que hay un órgano compatible para él. “La gente habla de la dependencia del móvil, pero a este nivel no se llega hasta que te ves en esta situación. No me separo del teléfono ni un minuto porque sé que esa llamada es la que puede salvar la vida a mi hijo. Probablemente será la llamada más dura y a la vez más alegre para nosotros”, matiza.

Mientras Mercedes habla, Alejandro escucha. Trasmite paz. Es paciente. Su madre reconoce que ha sido él quien ha tirado de todos. “Mi hijo es un ejemplo, es noble, siempre preocupándose más de lo que tiene alrededor que de él mismo. Si yo tengo un día triste, él me saca la sonrisa. Se ríe de sí mismo y puede con todo. Tiene una fuerza especial”, concluye Mercedes.

Andrea, una superviviente

La perspectiva de Andrea y su madre, Librada, es totalmente opuesta. Miran el futuro con optimismo, porque conocen esos miedos y los superaron. Su órgano llegó a tiempo.

Andrea acaba de cumplir 14 años. Nació en 2005 y a los 2 meses le detectaron una atresia biliar, nació sin el conducto biliar. La bilis se quedaba en el hígado y el órgano no funcionaba. A los 10 meses le hicieron un trasplante, en marzo de 2006. Su padre era compatible, donó una parte de su hígado y le salvó la vida. El primer año, según explica su madre, fue “muy complicado, con muchas infecciones” pero ha logrado hacer una vida “totalmente normal”, igual que su hermana melliza.

Su vida volvió a dar un giro el 26 de junio del año pasado, y volvió el dolor. Al no tener la vena porta (un grueso vaso sanguíneo que transporta la sangre desde el tracto gastrointestinal y el bazo hacia el hígado para que los nutrientes sean metabolizados), su cuerpo empezó a hacer varices y empezó a sangrar. Estuvo ingresada hasta el 13 de febrero de este mismo año.

Durante esos 8 meses, Andrea se ha sometido a dos operaciones. La primera el 18 de octubre, pero no funcionó. Y la definitiva, llegó el 2 de diciembre. Su órgano llegó y hoy está en Salamanca, ya curada, recuperando su rutina. “Los días de espera son muy duros, por eso entiendo muy bien lo que sufre Mercedes. Yo tenía mucho miedo pensando en que llegara ese momento, pero cuando nos dijeron que había un órgano para ella me puse eufórica. Muchos miedos y a la vez mucha felicidad porque fue una lotería saber que hay gente humanamente tan grande que dentro del dolor sean capaces de firmar los papeles. En nuestro caso, ese 2 de diciembre murió una niña de 8 años y sus padres fueron capaces de dar sus órganos. Gracias a ese gesto altruista mi hija está aquí sentada. Me faltará vida para agradecerle lo que hicieron”.

La operación se complicó, y reconoce que vivió “la noche más dura” aunque la fe y la esperanza le dieron fuerza para esperar al cirujano íntegra en los pasillos del quirófano, esperando a que saliera alguien a decirle que su hija seguirá viviendo. “La fe me ha ayudado mucho para sobrellevar esta situación. Hay que aceptar lo que tienes, y aprender a vivir con ello, es muy difícil, pero es así. Hay días buenos y días malos, pero es algo con lo que no puedes luchar, asimilas que estás, y que la vida nos habrá elegido a nosotros por algo”.

En el Hospital La Paz encontraron una nueva familia. Un equipo de hepatología y cirujanos que fueron consuelo en los días duros. “El equipo humano que hay allí hizo todo más ameno dentro de lo difícil que es estar solas lejos de la familia. Yo he visto a enfermeras llorar conmigo cuando las noticias que nos daban no eran buenas. Yo dejé en Salamanca a dos hijas, una de 20 y otra de 13, a mi marido, a mis hermanos, a mi padre a mis sobrinos… hemos vivido 8 meses en un Hospital y ha sido duro, pero me he sentido muy arropada por los míos, que nunca nos han dejado caer”.

“Mi hija me ha demostrado que está aquí para algo, y que quiere vivir. No sé qué tendrá guardado el futuro para ella, pero sé que tiene mucho por vivir. No puede estar pensando que tiene una enfermedad crónica, vivimos al día, yo sé que esta va a dar mucho que hablar”, matiza.

La importancia de donar

Mercedes y Librada coinciden en un mensaje, lanzar a la ciudadanía la necesidad de conciencir a las personas con la donación de órganos. A sus hijos, las donaciones le han salvado la vida. Esos actos altruistas son fundamentales para la cura de ciertas patologías; se puede donar una vez fallecido y también en vida.

“Hasta que no ves un caso cerca de tu entorno o como en nuestro caso, que lo hemos vivido en primera persona, las personas no son conscientes de lo importante que es. Una donación es regalar una vida. Una donación da la oportunidad de vivir porque esos órganos llegan a niños que están desahuciados ya que no había una solución para ellos. Gracias a esos órganos nuestros hijos están aquí”, concluyen.