Viernes, 23 de agosto de 2019

Reflexiones después de unos comicios

La política es una actividad apasionante e interminable. Seríamos unos ingenuos si hubiéramos pensado que después de las elecciones del domingo la calma política retornaría a nuestras vidas.

La calma, si no estamos zambullidos en la política, es como ver los peces desde la orilla del río, que es la mejor visión, pero sin olvidar nunca aquello de “si no nos preocupamos de la política, la política sí se preocupa de nosotros”.

Además, algunos políticos se alegrarían de que nos encontremos despreocupados. Es la democracia, y aunque la democracia la debemos vivir vacunados de sobresaltos, quienes sólo contribuimos con nuestro voto, también tenemos el derecho de manifestación y el de libertad de expresión. Por tanto, nunca más, respetando el orden constitucional, tengamos que sufrir una “ley mordaza”.

Ahora, recién pintados el Congreso, el Senado, los Ayuntamientos, las Comunidades y hasta el Parlamento Europeo, llega un tiempo nuevo, que es el tiempo de los pactos. Y, aparte de ello, por edad, algunos también tenemos recuerdos que no deseamos que se repitan, como aquello del “tamayazo”.

¿Sería posible hoy un tamayazo? En Madrid, donde en 2003 lo sufrió Simancas y por ello perdió la Comunidad, ni por asomo se contemplaría, en idénticas circunstancias, algo parecido. Carmena y Gabilondo tienen mucha categoría para no dar por buenos los votos o la abstención de unos chikiliquatre.

Presuntamente para la historia ha quedado que aquellos tránsfugas estuvieron inmersos en sucios asuntos inmobiliarios, y en la actualidad, en algún lugar de nuestra geografía, acaso por el empleo de un familiar, no se puede descartar que esto ocurra.

Y quizá buscando soluciones cada vez más éticas, a veces se habla como una propuesta insoslayable de listas abiertas. Sin embargo, imaginemos en una papeleta, en los puestos 15, 16 y 17, a un crack futbolístico, un mal escritor de éxito y a una famosa sacada de “Supervivientes”, ¿alguien asegura que no saldrían elegidos? Nadie. ¿Pero este grupo heterogéneo y frívolo, pero de elevado ego, sería disciplinado y gobernable? Indudablemente, no. Así, convencido estamos de que este panorama no deseable se daría con listas abiertas.

Servidor respeta a quienes defienden esta opción, ya que lo hacen pensando en introducir el grano de la intelectualidad y acabar con la paja de algunos casos de “trepismo”, pero la democracia no puede ser más que como está concebida, aunque mejorable con un algoritmo distinto a la Ley D’Hondt, aparte de aceptar primarias obligatorias en todos los partidos y que ningún candidato repita en más de tres convocatorias.

Y sobre el hecho de que todos los votos valen por igual, en cierta ocasión, antes de la unificación del PSP y PSOE, como nadie es perfecto, se le escapó al siempre recordado don Enrique Tierno que ellos, del PSP, aportaban el voto de calidad. Posteriormente, cuando tuvo que ejercer la política municipal, se desdijo con una sonrisa. Filosofar está muy bien, pero el bienestar de la comunidad es lo primero.

Así, por fortuna, no existen votos de calidad, y debemos felicitarnos de que en las últimas elecciones hayan podido votar esas personas con capacidades menos sobresalientes pero que saben que la bolsa de la compra es tan costosa para el rico como para el pobre, aunque este último la deje a medias o la llene con más sacrificio.