Sucedió lo que tenía que suceder

La política no es tan extraña y casi siempre ocurre lo esperable. En el caso de las últimas elecciones generales, hubo cosas dignas de subrayar, como por ejemplo que cundiera el pánico a Vox y se extendiera la idea de que podía convertirse en el tercer partido de España, con informaciones de encuestas falsas que le daban hasta 50 diputados. Pero ese temor llevó a la estrategia fatal para el PP de querer ponerse a su altura y a su líder Casado a manifestar que estaba dispuesto a integrarlo en el gobierno. Claro, cuando volvimos a la realidad, es decir, cuando supimos que Vox era el sexto partido, el propio Casado cayó en el más inmenso ridículo calificándolo de partido de extrema derecha y reivindicando la condición de partido adalid del centro para el PP, cuando pocos días antes se proclamó el partido de las esencias de la derecha.

Tenía que suceder lo que sucedió. Por ejemplo ¿quién duda que el tripartito de centro-derecha es una máquina trituradora de votos y el mejor trampolín para la victoria del PSOE? Ahí están los resultados para demostrarlo. En gran medida, la aparición de Vox ha traído consigo el desastre electoral del PP. Pero los partidos no surgen porque sí, aparecen cuando los huecos ideológicos los posibilitan. Si Vox surgió es porque el PP hizo muy mal sus deberes y parte de su electorado no se sintió representado. ¿Habría aparecido Vox si la respuesta del PP en Cataluña hubiese sido lo suficientemente clara y efectiva? Es evidente que no. Algo parecido a lo que ocurrió con Podemos y el PSOE, si este partido hubiese sido fiel a sus señas de identidad, Iglesias seguiría como PNN en Políticas.

¿Cuál es el panorama desde el puente? En primer lugar, en nuestro país se ha establecido, y para largo rato, el multipartidismo. Frente al bipartidismo de la mayor parte de nuestra reciente historia democrático, el pentapartido, dos en la izquierda (PSOE y Podemos) y tres en la derecha (PP, Ciudadanos y Vox). Tampoco ha sido una casualidad esta nueva configuración del mapa político. Ciudadanos inició el cambio ante la gelidez e inacción del PP en Cataluña, trasladándose al resto de España al apreciar una oportunidad que le daba la estolidez marianista. Y Vox, que no sabemos si ha venido para quedarse mucho tiempo o va a ser flor de una legislatura, es la respuesta a la desazón de la base electoral más derechista del PP al no sentirse suficientemente representada en los problemas que le afectan: esa crisis del patriotismo que nunca hubo que dejar en manos de la extrema derecha. Y por lo que se refiere a la izquierda, Podemos nació porque el PSOE no estuvo a la altura de un partido socialdemócrata de esta época, responsable a la vez que fiel a su propia ideología.

Las elecciones generales han supuesto un indudable triunfo del PSOE y de Pedro Sánchez, pero no es malo olvidar que sus resultados son similares a los que obtuvo Rajoy en su última comparecencia, con una gran diferencia, pues mientras Rajoy cayó, Sánchez subió. Los problemas de gobernabilidad van a ser similares: el partido más votado tendrá que optar por gobernar en solitario y estar al pairo en las votaciones fundamentales o llegar a un pacto de gobierno con Podemos, que se venderá caro. Tampoco hay que descartar unas nuevas elecciones si la situación se torna insostenible, pero en este caso la extrema izquierda lo pagará caro y el PSOE rentabilizará la situación. Y en el centro derecha, una pelea a muerte entre Ciudadanos y el PP para dilucidar quién será el gallo del corral. Y al fondo, inquietante, Vox.

¿Pensó Mariano Rajoy las consecuencias de su irresponsable conducta política no dimitiendo cuando pudo hacerlo y entregando el gobierno a Sánchez para que éste rentabilizara su gestión? Las consecuencias a la vista están. Dios y la Historia lo juzgarán, como se decía antes.

Marta FERREIRA