Domingo, 19 de mayo de 2019

Mata Nacional de Buçaco, exuberancia en el recogimiento

Destinada originalmente a la vida contemplativa de los Carmelitas Descalzos, se convirtió en lugar de recreo favorito de la aristocracia durante la Belle Époque
El recorrido botánico y el recorrido histórico son las dos grandes rutas en este bosque/ Fotos: Martín-Garay

En la sierra de Buçaco, en el distrito de Coímbra, a solo 30 kilómetros del océano, encontramos un jardín con más de 250 especies vegetales catalogadas, algunas autóctonas y, la mayoría, exóticas, ocupando una superficie de 105 hectáreas. Se trata de la Mata Nacional de Buçaco, un espacio protegido de gran valor botánico y zoológico.

La Mata de Buçaco está declarada Lugar de Interés Público Nacional y es candidata a Patrimonio Mundial por la UNESCO. Se encuentra a las afueras de Luso, un renombrado centro termal perteneciente al concejo de Mealhada, con unas aguas famosas por sus propiedades terapéuticas y el ambiente clásico de las villas termales.

Aquí, el microclima creado por la influencia marítima, la densa vegetación y la altura de esta sierra de porte medio (549 m de altitud) hace que las temperaturas sean templadas durante la mayor parte del año y la pluviosidad abundante, lo que contribuye al crecimiento de unas especies que llegaron aquí hace siglos, plantadas por unos monjes ascetas que se instalaron en Buçaco con el objetivo de aislarse del mundo y vivir en la más absoluta pobreza, pero que, paradójicamente, contribuyeron a potenciar la sensualidad de la Naturaleza, plantando miles de árboles provenientes de las colonias del imperio portugués, que en aquel tiempo se extendía por todo el mundo.

Anacoretas por vocación y jardineros por compromiso, crearon un voluptuoso y enorme jardín, preservado del exterior por un muro de 5.750 metros de longitud, que a principios del siglo XX se convirtió en uno de los destinos de retiro favoritos de la aristocracia europea, con unas termas al lado y un ambiente bucólico donde expresar el estilo romántico de la época.

Buçaco es uno de los complejos paisajísticos y arquitectónicos más singulares de Portugal, ha sobrevivido hasta nuestros días, entre el misticismo y la sensualidad mundana. La entrada es gratuita para caminantes y ciclistas y cuesta cinco euros si accedemos en coche y dos si lo hacemos en moto. En algunos momentos del año el tráfico puede estar limitado para evitar la contaminación y las aglomeraciones. Hay diez puertas de acceso, entre las cuales las Puertas de Coímbra es la entrada más antigua. En cada una se sitúa una taquilla, donde nos entregarán un mapa que resultará de gran ayuda.

¿Bussaco o Buçaco? El origen del nombre

La referencia más antigua se encuentra en un documento del año 919 escrito en latín vulgar, por el que se donan al monasterio de Lorvão las tierras del ‘monte buzaco’.

Se atribuye su etimología a la designación latina de ‘Boscum sacrum’ o al topónimo Sublaco, cerca de Roma, donde San Benito, fundador de la orden de los Benedictinos, pasó tres años de penitencia. En el siglo VI una comunidad de monjes benedictinos vino a vivir a este valle, la primera comunidad organizada que habitó estas tierras, cuyo nombre quedó indisolublemente unido a la condición sagrada de este bosque. La grafía más antigua es Bussaco y la más actual, Buçaco, utilizándose indistintamente ambas.

Los carmelitas descalzos y Buçaco

El bosque de Buçaco fue donado en 1628 por el obispado de Coímbra a la Orden de los Carmelitas Descalzos para que fuese su ‘desierto’ en Portugal. En esta remota sierra inhabitada construyeron su convento y un muro perimetral para garantizar su aislamiento.

El Convento de Santa Cruz, de 1630, es un ejemplo de la simplicidad ermitaña de la Orden. Los materiales empleados en su construcción y revestimientos son pobres, destacando el corcho. Actualmente, solo se conserva su iglesia, que quedó rodeada por el hotel anexo.

A partir de 1644 comenzó la construcción de un viacrucis, con más de tres kilómetros de longitud, formado por veinte capillas.

Entre 1730 y 1750 se construyeron ermitas de penitencia y ermitas de devoción. En las ermitas de penitencia los monjes hacían retiros en completo aislamiento en mitad del frondoso bosque. Cada una contaba con su pequeño campanario para comunicarse con sus hermanos del convento. En la actualidad, se conservan nueve de estas ermitas.

Dos bulas papales protegían este espacio. Una fue dictada en 1622 por el papa Gregorio XV y prohibía la entrada a las mujeres en Buçaco. La otra es de 1643, del papa Urbano VIII, y condenaba a la excomunión a quien talase árboles o cogiese madera de este bosque.

Efectivamente, la donación a favor de los monjes les obligaba a plantar árboles y a evitar su corte. Tarea a la que se entregaron afanosamente, plantando innumerables ejemplares de especies exóticas venidas desde todos los rincones del mundo donde habían llegado los navegantes portugueses. En Buçaco los Carmelitas quisieron reproducir su ‘Karmel’, su jardín, su Monte Carmelo en Portugal.

El Romanticismo, el Neomanuelino y el Art Nouveau

En 1834 la extinción de las órdenes religiosas en Portugal supuso el fin de la presencia de los Carmelitas en Buçaco. La familia real portuguesa quiso construir aquí un pabellón de caza que rivalizase con el Palacio da Pena, en Sintra, pero el proyecto no se concretó. En 1888 el ministro portugués de Obras Públicas encargó al arquitecto italiano Luigi Manini la construcción de un hotel de lujo rodeado de jardines, fuentes y cascadas, al estilo romántico de la época.

Su construcción supuso la destrucción de las dependencias del convento de Santa Cruz circundantes a la iglesia, que fue lo único que se preservó. Manini se inspiró en la Torre de Belén y en el claustro del Monasterio de los Jerónimos de Lisboa, creando aquí un edificio encuadrado en el estilo neomanuelino.

La azulejería historicista y nacionalista de Jorge Colaço presenta influencias del Modernismo, con formas vegetales inspiradas en la Naturaleza, armonizando con la exuberancia del bosque.

La flora

El parque se divide en tres zonas: Arboreto, Jardines y Valle de los Helechos (Vale dos Fetos) y el Bosque Reliquia.

De la vegetación autóctona se conservan robles, laureles, madroños o acebos portugueses, ocupando una pequeña franja en el extremo sudoeste del parque, en un espacio llamado Bosque Reliquia, ya que mantiene la pureza del bosque primitivo anterior a la ocupación humana. La acebeda aquí existente es única en Portugal.

El Arboreto supone el 80% de Buçaco y es el área donde los monjes comenzaron la reforestación con plantas exóticas, de las cuales el cedro de Buçaco es la más emblemática. A partir de 1850 se introdujeron especies extranjeras en gran cantidad: secuoyas californianas, araucarias, eucaliptos, camelias o acacias australianas.

El Jardín Nuevo rodea al convento, -hoy hotel-, y fue construido entre 1886 y 1887, al igual que la Cascada de Santa Teresa. El Vale dos Fetos está compuesto por helechos de gran altura, ideado entre 1887 y 1888, junto con el Lago Grande.

El Cedro de Buçaco                                                                                                     

Ni es un cedro ni es portugués. Se trata de un ciprés (Cupressus lusitánica) y proviene de las montañas de México, existiendo también en Guatemala, Costa Rica y otras zonas de Centroamérica. El ejemplar más antiguo existente en este bosque fue plantado, como mínimo, en 1644, aunque algunos estudiosos defienden que su plantación es anterior. El británico Philip Miller fue el primero en clasificar esta especie, en 1768, a través de ejemplares procedentes de Portugal, por lo que le atribuyó el epíteto de “lusitánica”; pensó que habrían sido introducidos aquí desde la colonia portuguesa de Goa, por lo que lo denominó también Cedro de Goa. En España se le conoce como Cedro Blanco o Cedro de San Juan.

En la Mata de Buçaco encontramos varios ejemplares centenarios, siendo el cedro de San José uno de los más viejos, así llamado por encontrarse cerca de la capilla de S. José. Tiene 32,9 metros de altura y 5,43 metros de perímetro y constituye una de las imágenes icónicas de este bosque.

En enero de 2013 un temporal provocó la caída de miles de árboles centenarios, dañando varias ramas del Cedro de Buçaco, que perdió altura.

La fauna

Buçaco es un lugar frondoso con mucha agua, el hogar perfecto para más de 150 especies de vertebrados y varias centenas de invertebrados, contando con algunos endemismos ibéricos y varias especies protegidas.

Las que se hacen más visibles y audibles son las aves, como el carbonero, el pinzón o el pájaro carpintero. También se pueden ver águilas calzada o azores, así como aves acuáticas, como la garza real o el martín pescador. En total, más de 80 especies de aves en estado salvaje.

Alguno de los anfibios de Buçaco son endemismos ibéricos, como la salamandra lusitánica, la rana ibérica o el tritón. También en los cursos de agua podemos encontrar alguna de las 14 especies de reptiles existentes, como el lagarto de agua o la culebra de escalera.

U observar alguna de las más de 130 especies de mariposas.

La noche es para las lechuzas, los mochuelos, murciélagos, zorros o garduñas. El mayor mamífero del parque es el jabalí. No es habitual llevarse ningún susto, al menos, en las zonas más visitadas del parque. Sin embargo, para adentrarse en los espacios más escondidos será mejor tener alguna precaución, hacerlo en grupo o participar en alguna visita guiada. Además, aunque los senderos están señalizados, podemos desorientarnos momentáneamente, ya que la densa vegetación hace que la luz que se filtra sea escasa.

La Historia militar de Buçaco

Dentro del parque encontramos un Museo Militar, y ello es debido a que en Buçaco se libró una importante batalla entre el ejército anglo-luso y las tropas invasoras francesas de Napoleón, el 27 de septiembre de 1810.

El duque de Wellington se alojó en el entonces convento de Santa Cruz para preparar la táctica militar que daría la victoria a los aliados, después de una sangrienta batalla que se saldó con más de 6.300 bajas. Los monjes auxiliaron en el convento a los heridos de ambos bandos.

En el centenario de la batalla, el 27 de septiembre de 1910, fue inaugurado el Museo Militar, que recoge la maqueta explicativa de la operación, así como piezas y uniformes militares decimonónicos. Junto al convento aún se puede ver el olivo en el que el general Wellington amarraba su caballo, hoy llamado Olivo de Wellington.

Palace Hotel do Buçaco

Este hotel centenario ya vivió más esplendorosos tiempos. Todo en este cinco estrellas evoca una lujosa decadencia. Situado en el corazón del bosque, dispone de 64 habitaciones, entre ellas, varias suites con nombres de reyes y reinas portugueses.

Diseñado por Manini, en él trabajaron otros arquitectos célebres de la época, como Nicola Bigaglia o Manuel J. Norte Júnior. Tanto su exterior como su interior son suntuosos y prolíficos en detalles, destacando la fachada sur, la azulejería de la galería este, el hall y la escalera. En el restaurante son reseñables los frescos de João Vaz, el techo morisco y el suelo de maderas exóticas.

De él parten alguno de los espacios más atractivos de Buçaco, como la Fuente Fría, cuyas aguas descienden en cascada por una escalera hasta el Valle de los Helechos.

En la primera mitad del siglo XX fue el hotel de moda de las élites europeas.

Los Senderos y las Casas de Buçaco

El Sendero del Agua, el Sendero del Aladierno, el Militar, el del Bosque Reliquia o el Sendero de la Vía Sacra son algunos de los muchos caminos que podemos recorrer. El mirador de la Cruz Alta es el punto más alto de este bosque, con una panorámica que puede abarcar la sierra de Caramulo, al noreste; la ciudad de Coímbra, al sur; y el mar hacia el oeste, siempre que el día sea despejado.

Este espacio está gestionado por la Fundación Mata do Bussaco, que vela por la preservación del importante patrimonio natural, cultural, religioso y militar que integra, así como por el mejor desarrollo de sus potencialidades, entre las que se incluye la investigación, la educación ambiental y las actividades turísticas.

Desde 2010 se ha realizado en la Mata un importante trabajo de limpieza y rehabilitación, dentro del proyecto BRIGHT- Bussaco´s Recovery from Invasions Generating Habitat Threats, con el apoyo del programa LIFE +. Con él se pretende, sobre todo, la conservación del hábitat reliquia, ese 15% del parque que mantiene un bosque anterior a la ocupación humana, cuyo bosque de aladiernos es relevante a nivel de la península ibérica y, según los expertos, incluso a nivel mundial. En estas labores de conservación, control de especies invasoras y limpieza puede participar la sociedad civil en general, a través de acciones de voluntariado. La visita a las áreas intervenidas es recomendable para los curiosos en esta materia, a las que se podrá llegar mediante los senderos habilitados al efecto.

La Fundación y la cámara municipal de Mealhada han desarrollado junto con el ayuntamiento de Béjar (Salamanca) un proyecto de rehabilitación de la Mata Nacional de Bussaco y El Bosque de Béjar, respectivamente, por el que han recibido recientemente una subvención de la Unión Europea. 

Las Casas de Buçaco son las antiguas casas de los guardas forestales del parque, que hoy la Fundación alquila a los turistas.

Perderse en la abundancia de este paraje es fácil. Lo difícil puede ser intentar explicar las sensaciones que despierta. Sobre él dijo el nobel José Saramago en su libro Viagem a Portugal:

“A mata do Buçaco requer as palavras todas, e, estando ditas elas, mostra como ficou tudo por dizer. Não se descreve a mata do Buçaco. O melhor ainda é perder-nos nela.”
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