Domingo, 26 de mayo de 2019

Árbitros

“¿Te crees que eres el árbitro?” En uno de los momentos álgidos y de máximo barullo, un alterado Albert Rivera interrumpía la sosegada, aunque insólita, intervención de Pablo Iglesias con un exabrupto, más que pregunta, dando color al aburrido debate electoral.

La tarea arbitral está mal vista habitualmente, se trate de una actuación impostada e inserta en una determinada estrategia de comunicación política o sea otra perfectamente diseñada como acontece en diversos escenarios. Ahora bien, poca gente duda de la necesaria utilidad de dicha función. ¿Alguien ha visto una contienda deportiva o un concurso sin árbitro o juez? A veces, como ocurrió en la lid entre los candidatos españoles, la función arbitral se ve gratificada con el beneplácito de la audiencia: según los distintos estudios Iglesias fue el triunfador indiscutible.

En política, la actividad electoral es por excelencia la que involucra a mayor número de personas y cuyo impacto en la vida corriente es más relevante y perdurable. La existencia de árbitros que diriman los contenciosos, las quiebras de los debidos procesos y los eventuales vacíos en la normatividad es ineludible.

En apenas dos semanas en tres países muy distintos sendos sucesos han puesto de relieve la importancia del papel arbitral de los organismos electorales. En República Dominicana, Román Jáquez, presidente del Tribunal Supremo Electoral, integrado por cinco miembros, anuló con su voto-al que se unió el de Rafaelina Peralta y Santiago Sosa, magistrados-la pretensión del sector oficialista, que les amenazó con un juicio político, de dar validez a una decisión ilegal tomada en el seno de un partido aliado del que es líder el actual canciller dominicano.

En Panamá, el Tribunal Electoral impidió la candidatura a la alcaldía capitalina de Ricardo Martinelli, anterior presidente del país y hoy en prisión preventiva tras su extradición desde Estados Unidos, por los votos de sus miembros Eduardo Valdés y Alfredo Juncá frente al del presidente de dicho órgano. Finalmente, en España, la Junta Electoral Central bloqueó en un primer momento la candidatura al Parlamento Europeo de Carles Puigdemont y otros dos conmilitones, fugados de la justicia española desde hace año y medio, gracias al voto de 7 de sus miembros frente a 4.

En la vida pública, donde se dan cita la competencia y el disenso, la necesidad de mediación es imponderable. El inevitable conflicto requiere, entre otras cosas, que se canalice a través de instituciones que diriman el comportamiento de los actores de acuerdo con las reglas de la liza previamente aceptadas por los jugadores.

En ese sentido, el papel de los organismos jurisdiccionales es fundamental. La labor arbitral adquiere una especial relevancia y, además, de ella se espera independencia, conocimiento y una exquisita combinación de la ética de la convicción y de la responsabilidad. La primera para obrar de acuerdo con principios alineados con el credo democrático, la segunda para asumir las consecuencias previsibles de la propia acción.

Hombres y mujeres comprometidos, elegidos por mecanismos diferentes persiguiendo un afán similar y que, a su vez, están sometidos a la ley, aunque en Guatemala ello diste mucho de la realidad como lo evidencia la persecución judicial ignominiosa a la candidata y exjefa fiscal Thelma Aldana.