Miércoles, 23 de octubre de 2019

Icthus, las pinturas de Miguel Elías

 

 

Miguel Elías haciendo entrega de su ‘Icthus XII’ a José Luis Andavert (Aula Magna de Filología)

 

Al pintor magnífico, como al César, hay que darle (y decirle) lo que se merece. No andar con lisonjas cuando lo que se ofrece como ‘arte’ no es más que embaucamiento. No andar restando méritos cuando la obra es Arte mayor.

Me parece que fue ayer cuando un mes de abril, pero de 2010, vi por vez primera el cuadro que Miguel Elías pintó para ser entregado al escritor protestante Juan Antonio Monroy, tan querido para este ‘escriviviente’. Lo tituló ‘Icthus I’ y fue el propio pintor alicantino-salmantino quien lo puso en manos del conferenciante nacido en Tánger. Fue en el Aula Miguel de Unamuno de la Universidad de Salamanca y dentro del I Encuentro Cristiano de Literatura, organizado por la Asociación Cultural Evangélica Jorge Borrow, donde también participó Antonio Colinas, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

¡Qué calidad la de aquella propuesta original, en el sentido de remontarse a los orígenes del cristianismo, para así ofrecer una obra de un simbolismo prístino y conmovedor para todo creyente de los Evangelios!

Entonces anoté: “Voy a escribir de la pintura, de una pintura, de la última creación del pintor Miguel Elías, profesor de la Usal. Voy a trasmitirles lo que el cuadro ‘Ichthus I’ tatuó en mí cuando lo vi por vez primera, hace tan pocos días que me parecen una eternidad, porque de allí viene y allí se ira: ése será su velocísimo destino. Es un cuadro que se ha pintado con la dorada sangre del relámpago sobre una negrura de fondo, para así apreciar mejor el símbolo, el pez gemelado, el pez de los primeros cristianos, espejeante como un presagio que nos electriza”.

Juan Antonio Monroy y Miguel Elías, con su Icthus I, en el Aula Miguel de Unamuno de la Universidad

 

Dije que me parecía que fuese ayer, también porque el sábado pasado volví a encontrarme con otro ‘Icthus’, esta vez el que lleva el número XII de su serie (otros dos los hizo para otros encuentros evangélicos, como el de Los poetas y Dios, que se celebra en Toral de los Guzmanes, León). Esta vez la obra era para ser entregada, durante el X Encuentro Cristiano de Literatura, a José Luis Andavert, editor, teólogo y pastor protestante de origen catalán, formado académicamente en Australia, Suiza y España. Y esta vez era en otro edificio reconocible de la Universidad de Salamanca, la Facultad de Filología, en su hermosa Aula Magna. Allí se le reconoció con el Premio Jorge Borrow de Difusión Bíblica 2019 por su trabajo como editor y difusor de la Biblia desde las oficinas de la Sociedad Bíblica entre 1986 y 2018. Allí se sumó a los premiados precedentes: el escritor Juan Antonio Monroy (2010), el teólogo Samuel Escobar (2011), el historiador Gabino Fernández (2012), los teólogos y misioneros José Grau, José María Martínez y Pablo Wickham (2013), el biblista Plutarco Bonilla (2014), el escritor Stuart Park (2015), el comunicador José Pablo Sánchez (2016), el escritor David Burt (2017) y el editor y difusor Francisco Mira (2018).

Y allí Miguel Elías le hizo entrega de su cuadro, explicando a los asistentes la simbología del mismo e ilustrando el por qué quiso variar algo su lenguaje pictórico respecto a los precedentes de la serie.

Haré una digresión para hablar de la pintura-pintura, de la que nunca se avergüenza porque cada obra representa un corpulento triunfo. No abunda, es cierto, máxime en estos tiempos de mentirijillas vendidas como arte. La pintura-pintura es humana ecuación que debe realizar el pintor-creador para lograr una llamarada quieta, una conmoción en el pálpito del que mira y recibe el Todo cobijado en el lienzo. Admirar ése unánime resplandor es tarea del que observa y siente que se llena un vacío de su pecho: por eso la pintura es como la poesía; por ese tiene un nudo corredizo con la música.

Vuelvo a Miguel Elías y me adentro en sus ‘Icthus’, una serie que está llamada a rivalizar con esa otra suya dedicada al Quijote, destacable en su prolífica producción. Ichthus es una palabra griega que en castellano significa pez, pero a la vez es un acróstico o ideograma cuyo encubierto significado, en tiempos de persecución, viene a decir algo así como: Jesús es el hijo de Dios, el Salvador.

 

Pues bien, toda esa potencia del revolucionario Jesús no concedió reposo para que el pintor salmantino de Alicante cree unas obras para una serie que bien será un río perpetuo. Hablo del Jesús de los Evangelios, no el de tantos beatos que encubren su Mensaje radical: si quieres seguirme, vende todo y repártelo entre los pobres. Hablo del maestro Elías, que ya era pintor casi antes de nacer. Hablo de unos cuadros hechos para celebrar los Encuentros Cristianos de Escritores que anualmente se celebran en Salamanca.

Cuando Antonio Colinas vio el primer ‘Icthus’ en el Aula Unamuno, no dudó en comentarme: “El cuadro de Elías es de un gran simbolismo, precioso”.

Pues eso.

OTROS ICTHUS PIUNTADOS POR MIGUEL ELÍAS

 

 

 

 

Y hasta un grabado: “Icthus y la Biblia del oso”