Miércoles, 24 de abril de 2019

Sendero a través de, en, por, con, sobre, tras… Mieza

Hace sólo 60 años siete pueblos ribereños del Duero formaban La Comarca de La Ribera, Saucelle, Vilvestre, Mieza, Aldeadávila, Masueco, Pereña, todos apodados de La Ribera, excepto, Villarino de los Aires, y sus habitantes eran riberanos. Hoy nos han invadido Las Arribes o Arribes las sin sexo. Ahora ya no es La Comarca de La Ribera, es La Comarca de las Arribes y sus habitantes arribeños. ¡Alto!, Mieza tenía ya un topónimo, llamado Las Arribes, como ningún otro pueblo, topónimo que abarca la escarpada ladera que se extiende desde el Arroyo del Valcoixo hasta la raya con Vilvestre. La Comarca de La Ribera era un territorio con caracteres étnicos muy especiales, en topografía, clima, costumbres, lenguaje, entonación de voz. Los miezucos tienen dividido este topónimo de Las Arribes en tres partes: Parte Arriba, Parte Enmedio y Parte Abajo, separadas por paredes, peñascos o serrijones. En la Ribera de Mieza había ribera para los olivares, ribera para vacas y ribera para cabras.

Hoy sendereamos por Las Arribes de la Parte Arriba. Salimos de Mieza por el camino Vilvestre…, y llegamos a Las Escarbajas de Abajo por un camino encolagao de paredes. ¡Qué trabajo construir tantas paredes piedra a piedra, agacharse a coger la piedra, levantarse poner la piedra y volver a agacharse…! Avistamos la mancha oscura de El Carrascal, viramos hacia el Camino real de Aceñas Pandera y al Mirador de La Peña el Águila. Señores, estamos en la cota 636 y tenemos que descender a la cota 190, a orillas del Duero. Abrimos el cañizo de Las Arribes y para sumergirnos en el Cañón cerramos la escotilla de un submarino imaginario e iniciamos la inmersión. Éste es un senderismo de bajura, de profundidades, prototipo de Las Arribes. Pasamos por el Carvajal, lugar que fue de robles, talados para hacer el cocido en tiempos de escasez de leña. Descendemos por terreno escabroso, entre peñascales hijos que brotan de la tierra como La Pedriza de las Roídas. Descenderemos 450 metros precipitantes al Duero. De frente en Portugal está El Arroyo, cuando llueve, bien te va, pero cuando no llueve, bien jodía te va. No intentéis jugar con el agua de este Duero mansurrón, ahí está el potencial dormido del agua y su fondo está a más de 60 metros bajo el agua. Las características de Las Arribes son: ROCA, ARBOLEDA, AGUA, TEMPERATURA, DESNIVEL.

Seguimos por un antiguo sendero de vacas, cabras y leñadores a la orilla del Río, al lado de la fuente del tío Miguel el Moizo, de la huerta de naranjos y limoneros de José el Lairiñas el Regato; imaginaros la huerta, porque está inundada 40 metros bajo el agua; hace 60 años sus limones ganaron premios en Madrid por sus medidas y por su jugosidad; aquí, lugar que fue de riñas y picardías entre el dueño de la huerta y los dueños de las vacas por desviar el agua de la fuente, uno a la huerta y otros a las vacas, y entre el de la huerta y la empresa constructora del embalse. Dejamos el sendero que orilla el Río y comenzamos la subida por La Era, un rellano donde descansaban y sesteaban las vacas durante ocho meses. Aquí, deteneos antes de mirar las musarañas del paisaje, ahora mirad hacia arriba, a los cimeros, esos picones ceñudos, Polifemos testarudos, vigilantes, provocantes y amenazantes desde arriba con lanzarte un pedrusco, esos Polifemos de un solo ojo que lo giran como los camaleones a medida que gira la luz solar y los hace cambiar de imagen, te parecerán un jorobado de Notredamme, luego un buda pancista y después... Recuerda la novela Peñas Arriba de José Mª de Pereda. Más tarde al atardecer cuando el sol declina a Portugal y los picones portugueses proyectan sus sombras, que cruzan el Río, trepan por estas laderas de España e inundan de sombras el Cañón como un tsunami. Se va la luz del sol con una lentitud que conmueve, como se van las gentes de estos pueblos y avanzan las sombras taciturnas de la soledad. Las grajillas secretean historias espeluznantes para añadir misterio al abandono crepuscular. La noche tiende su manto como un mantra estremecedor. Éste es un espectáculo que pocos han observado.

Buscad la naturaleza que está escondida detrás de la bulla de la gente. La naturaleza no es perversa, pero tampoco es humana, la humanizamos o pervertimos nosotros, y ella trata a los humanos como si fueran garrapatas cuando la molestan. Subiremos entre el verde vicioso de los hojaranzos recién pintados por la primavera. Cuando veáis un yedral que repta picón arriba intentando abrazarlo, recordad a nuestros abuelos de hace 60 años, cuando, uno de ellos se ataba con una soga como arnés desde lo alto del yedral y el otro tensaba la soga pasándola por una peña o tronco de hojaranzo dándole cuerda a medida que el primero iba descendiendo y desprendiendo la manta del yedral de la pared del picón. Cuando conseguía mondar toda la manta del yedral formaban dos o tres cargas de ramón para las ovejas. Pero seguro que tenían que llevarla a hombros doscientos metros hasta el cargadero próximo donde había que cargarla en los mulos. Vida dura.

Subimos por el camino del caño. En Las Arribes había mucha agua de manantiales, hoy se están secando como los pueblos. Hace 60 años estas Arribes estaban cruzadas por senderos de cabras y vacas para ramonear y beber en el caño y otras fuentes. Más arriba está El Genechal, un lugar donde en verano se formaba un bosque de enormes helechos, que segaban y hacían haces para tostar los cebones en las matanzas. Vida dura.

Celtis australis, almez, lodón, hojaranzo… a mí me habla el hojaranzo. El hojaranzo de hoja caduca se desarrolla en climas mediterráneos y húmedos, en terrenos ácidos erosionados de la roca. Ay, esta Arribes que daban de comer en invierno durante ocho meses a cientos de cabras y vacas, abastecían de escobas, escañabones, leña de hojaranzos (mala leña) para los morillos de las cocinas. Hojaranzos que, antes eran escasos, pero hoy invaden Las Arribes y forman el mayor bosque de la península, que suministraban la madera para hacer varas de arados, yugos, barzones, horcas, rastrillos, bieldos y bieldas para las parvas, bastones, cayadas, ahijadas, manceras, aros para hacer los quesos, suelos de las chancas (las cholas, antiguo calzado que yo usé de rapá)…vigas de techumbres, mangos de azadas, zachas y azadones. Yo, de rapá, cuando mis hermanos me decían que iban para Las Arribes les pedía que me trajesen graninas, el fruto del hojaranzo, unas bolitas de color negro y sabor dulzón. Las Arribes solucionaban muchos problemas a los riberanos en su vida dura.

Las Arribes fue una finca muy importante para Mieza, no era comunal, tenían dueños aunque en pro indiviso y eran alquiladas por ganaderos de Cabeza el Caballo, Saldeana, Barruecopardo. Su temperatura media es de 17 grados, la máxima de 46 grados. El paraje de Las Arribes es una franja de cinco kilómetros y medio de larga por unos 700 metros de ancho en una ladera con a veces del 80% de pendiente a la orilla del Duero, que resultan unos 3.800.000 m2, 381 Ha. Aquí, entre derrizas de canchales o picones, estos árboles forman un bosque casi continuo, retienen el terreno y aportan materia orgánica. Las cabras han desaparecido totalmente y las vacas se han reducido a la mitad por lo que los hojaranzos crecen ahora libremente sin ser ramoneados en estas fuertes pendientes, en las torrenteras, entre los picones que sombrean, y a la vera del gran Río. En la ruta conoceréis sus flores diminutas pues florecen entre marzo y abril y podréis observar aún cepas cortadas para leña hace 60 años. Por esto el 100% de los hojaranzos de Mieza son ejemplares jóvenes que miden unos 12 metros de altura, pero alcanzarán los 20 ó 25 metros. El reciente descubrimiento por los ecologistas de este gran bosque de almez tiene interés para ser protegido a nivel nacional y europeo por eso prefieren no airearlo a la publicidad.

La parte más abrupta es La Parte Arriba donde todos los años se esfayaba alguna vaca y varias cabras quedaban empoyadas, a donde tenían que acceder sus dueños atados con sogas, para sacar la cabra atada y luego sacaban al que había accedido al poyo. Para evitar esta desgracia tapaban el paso a estos sitios peligrosos con troncos de hojaranzos, zarzas y escobas, llamados tapiles, para que el ganado no entrase a comer los renovales tiernos, ramas de hiedra o forrajes que estaban en sitios peligrosos. En la Parte Abajo el hojaranzo es vecino de encinas y sobreros en El Carrascal y rodeado de grandes escobales en los cimeros. El señor Isaac de Saldeana por los años 1960 se hizo rico manteniendo 130 cabras y 56 vacas en la Parte Abajo durante 8 meses desde Los Santos a San Pedro; el matrimonio con 8 hijos dormía en la Casa de los cabreros, donde alimentaban los cerdos con el suero de hacer el queso e iban a vender la leche a Mieza.

Los dueños de Las Arribes podían meter vacas según tuviesen una, dos o más partes, o fracciones de una parte. Las cuatro cuartas partes de una parte equivalían a las cuatro patas de una vaca. Esto se traducía en que si tenía una parte (con sus cuatro cuartas partes equivalentes a las cuatro patas de una vaca) podía meter una vaca todos los años; los de media parte (dos cuartas, dos patas) podía meter una vaca cada dos años y el de una cuarta parte podía meter una vaca cada cuatro años, porque no tenía más que una pata. Y cada una de estas partes podía ser heredada, arrendada o vendida. Solamente los dueños podían entrar a cortar leña, escobas, escañabones, troncos de hojaranzo (mala leña) para la lumbre, y esto, sólo en la zona que los comisionados de Las Arribes les habían asignado previamente a cada dueño, por lo cual podía ser multado por el guarda de Las Arribes. Las Arribes de la Parte Abajo tenían un Guarda o Montaraz propio, encargado de ellas. Este Montaraz hacía un contratado cada año con los comisionados, elegidos de entre todos los dueños, valedero por un año, del uno de julio al treinta de junio del año siguiente. Este Montaraz tenía en el año 1899 un sueldo total de cien pesetas pagaderas por trimestres más las comisiones de dos vacas. Además recibía cuatro reales por guardar las reses. Entre sus obligaciones estaba la primera, guardar el terreno, maderas, leñas y escobas, dando parte en el término de veinte y cuatro horas a los amos. El guarda debería vivir la mayor parte del año en la cabaña de Las Arribes o en alguna otra del Carrascal para vigilar más de cerca. Los dueños del terreno podían despedir al guarda en cualquier momento “si extrajera del terreno, escobas, leñas o maderas; él podrá traer cada ocho días una carga de escobas para su casa pero nunca cederla”. Entonces las escobas se utilizaban a todas las horas para encender la lumbre en casa, se vendían para calentar el horno de la panadería, o se usaban para trocearlas y extenderlas en los corrales o en zonas pantanosas de los caminos para estiércol, donde eran pisoteadas y estercadas por el ganado

Los desamparados de la fortuna sólo podían cosechar hambres por respirar el aire, como no podían ir a por leña no se calentaban, y para cocer la comida no necesitaban leña porque no tenían comida. Vida dura. En aquel entonces, si al entrar en una cocina ardía una lumbre generosa en calor y en resplandor, era signo de bienestar. Para esto utilizaban la leña de Las Arribes, escañabones, hojaranzos, encinas, robles muy escasos, escobas, las podas de árboles frutales, vides, olivos, encinas, carrascos, que aprovechaban para el ramón de las ovejas en invierno. El Carrascal era un espacio abierto que podían correrlo las piaras, pues apenas había cercados y a veces las encinas y alcornoques eran marcados con varios cortes como señal de propiedad porque a veces estaban enraizados en tierras ajenas.

El último tramo del sendero por los cimeros es una fantasía empingorotados por la crestería de una sierra. En la quebrada de la tía Teresilla está el Picón del Valcoixo donde hay un agujero para acceder a dicho picón, y una vez arriba se anda con seguridad, desde donde Federico el Cantarranas vigilaba y al atardecer arritaba las cabras para que retornasen.

Viajero,
si te sientes en vaivenes de tumultos y revueltas un madero …
ven a Mieza.
Acércate…, sumérgete…,
relájate…, entrégate…
Senderea
entre peñas y hojaranzos piconeros.
Sosiégate.
Mochilero,
Quédate.
 

Venancio Pascua Vicente