Miércoles, 24 de abril de 2019

Masacres

La violencia entre los seres humanos es consustancial con su historia. Persigue a la evolución de los diferentes grupos considerándose que su reducción es sinónimo de progreso. De entre los muchos indicadores que definen el avance de la humanidad la completa eliminación del asesinato es sin duda uno de los más afinados. Los medios de comunicación se ocupan de difundir noticias y estadísticas contribuyendo a la toma de conciencia del problema, aunque en ocasiones el interés de alguno enfatice el componente morboso del asunto. Los gobiernos y distintas instituciones internacionales llevan el registro de las muertes violentas pertrechadas y de sus tipologías. Su puesta en relación con el número de habitantes de una determinada sociedad permite relativizar el impacto del desastre mediante un índice sencillo que mide el número de víctimas por cada cien mil habitantes. Ello facilita la comparación entre países, o entre ciudades, así como analizar la evolución del problema a lo largo del tiempo.

Dentro de la casuística de la delirante violencia que asola hoy al mundo hay una especial consideración a aquella que se ejerce al unísono sobre un grupo de civiles ocasionando en el mismo acto cierta cantidad de desgracias irreparables. En ese sentido, los expertos utilizan el término de masacre considerando que esta se produce en un suceso en el que mueren al menos cuatro personas. Los estudios realizados permiten, por otra parte, identificar al número de ejecutores como al tipo de arma utilizada, sin olvidar el propósito de la acción criminal. Igualmente se distingue si el escenario de la masacre es uno connotado por un recurrente enfrentamiento bélico o, en el sentido opuesto, si se trata de un ámbito de aparente convivencia pacífica. La presencia del crimen organizado y de grupos promotores de proyectos mesiánicos se sitúa siempre en una zona de penumbra que resulta más compleja de examinar. Además, la realización del acto de barbarie suele ocultar a los ejecutores haciendo más difícil aun su cabal conocimiento.

El 15 de marzo los neozelandeses fueron testigos de una matanza de 50 asistentes a dos mezquitas en Christchurch por un supremacista blanco. Algo excepcional en un país con una de las tasas más bajas de homicidios del mundo (0,1 por 100.000 habitantes). El caso contrasta radicalmente con el de México donde la tasa es de 25; además, en 2018 se contabilizaron 354 masacres, 52 de las cuales se perpetraron en Guanajuato. En dicho estado se encuentra Salamanca, cuya población dobla a la de su homónima española, que tuvo una tasa de homicidios en 2018 de 136 muy poco por debajo de Tijuana (la ciudad más violenta del mundo de entre las de más de medio millón con una tasa de 138). La peor masacre en la historia de Guanajuato sucedió en la madrugada del 9 de marzo en Salamanca donde siete sujetos armados abrieron fuego indiscriminado contra la gente que atestaba un bar. Murieron 13 personas en el acto y dos poco después. A fecha de hoy no hay indicios sobre los responsables.