Miércoles, 22 de mayo de 2019

De Barca d´Alva a Foz Côa, un paseo entre almendros en flor

Miles de hectáreas de este frutal componen un paisaje que se manifiesta en rosa, por laderas de valles profundos que causan admiración

Viajero fotografiando el majestuoso paisaje desde el Alto da Sapinha / Fotos: Martín-Garay

Iniciamos un viaje entre Figueira de Castelo Rodrigo y Vila Nova de Foz Côa, cuyo motivo será descubrir los efímeros paisajes rosados que dejan estos días los almendros en flor. Atravesaremos tierras agrestes y tierras cultivadas, protegidas en su biodiversidad doblemente, por la Reserva de Faia Brava y por el Parque Douro Internacional. Acabaremos nuestro viaje en otras tierras, unos 40 kilómetros al norte, que son doblemente reconocidas como Patrimonio Mundial de la Humanidad, por su arte rupestre de hace 20.000 años y por el paisaje que dejan sus viñedos en bancales, produciendo vinos de calidad mundialmente famosos.

La floración del almendro ya se ha iniciado en el valle del Côa y a orillas del Douro portugués,  y durante estos días alcanza su apogeo. La delicada flor de cinco pétalos rosáceos se abre ya anunciando la primavera.

Podemos comenzar nuestro viaje sumergiéndonos en el rudo paisaje de las proximidades de Escalhão, en la carretera que va de Figueira de Castelo Rodrigo a Barca d´Alva. Al llegar a esta localidad, la torre de un campanario guiará nuestros pasos hasta la Iglesia-Fortaleza de Nª Sª dos Anjos, y merecerá la pena que entremos en ella, pues así podremos contemplar la magnífica bóveda de su sacristía, pintada con motivos hagiográficos.

Continuamos camino hacia Barca d´Alva. El paisaje cada vez se torna más mediterráneo, la carretera se vuelve zigzagueante y la bajada nos deja miradores a cada paso, algunos señalizados, como el del Alto da Sapinha, con una panorámica de causar admiración: los puentes sobre los ríos Águeda y Duero, el contrafuerte que forma el Penedo Durão y las laderas que bajan hasta el profundo valle, adornadas con palomares, olivares, naranjos, viñas y, por supuesto, con almendros en rosa y blanco. Un lugar, además, excelente para la observación de aves, sobre todo en época de migraciones.

Llegamos al pueblo de Barca d´Alva, un pequeño paraíso silencioso junto a la frontera española, situado en la margen izquierda del río Duero, que es navegable desde el contiguo puerto de Vega de Terrón hasta su desembocadura en Oporto. La construcción en su día del puerto fluvial y del ferrocarril hasta España la convirtió en una localidad llena de dinamismo. Actualmente, todo tipo de embarcaciones atracan diariamente en Barca d´Alva, entre ellas, algún crucero de lujo que acaba su recorrido en la monumental Salamanca.

El Centro de Ciencia Abierta es un aliciente más para dejarnos caer por aquí, participando, por ejemplo, en una sesión astronómica nocturna. Las actividades de divulgación científica que organiza son ideales para personas interesadas en la temática y para grupos escolares.

La cantidad de almendros en flor que aquí divisamos son, en parte, los responsables de que el concejo de Figueira de Castelo Rodrigo lleve el sobrenombre de Reina del Almendro en Flor y organice del 9 al 17 de marzo fiestas para celebrarlo. Este escenario inspiró al escritor y político portugués Abílio Guerra Junqueiro, en cuya quinta pasó muchas temporadas Miguel de Unamuno; en este lugar encontraba sosiego y la conversación estimulante de un buen amigo. Unamuno llegaba desde Salamanca hasta Barca d´Alva en su elogiado Tren del Duero, una línea que conocía bien, pues era miembro del consejo de administración de la compañía propietaria.

Podemos cruzar a la otra margen del Duero por el puente Almirante Sarmento Rodrigues y por una carretera llena de curvas llegar a Freixo de Espada à Cinta, la ‘Villa Manuelina’, como se la conoce por la gran cantidad de muestras de este gótico portugués tardío que encontramos en las fachadas de numerosas casas. El mayor ejemplo, su iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, interesante por fuera y por dentro y un prototipo de estilo manuelino.

A su lado, el fresno de más de 550 años de edad, con la cinta y la espada alrededor del tronco, dando nombre a la localidad y constituyendo una de sus mayores señas de identidad. Muy próxima, otra de las estampas de marca de la villa, la Torre Heptagonal o Torre del Gallo, la única de siete lados existente en Portugal.

Los vinos, el aceite, las almendras y la seda son los frutos que tradicionalmente han dado los oficios de las gentes de Freixo de Espada à Cinta, donde se mantienen tradiciones ancestrales como la Procesión de los Siete Pasos durante la cuaresma, única en el país, con orígenes paganos medievales.

Podemos seguir bordeando el Duero y llegar hasta la desembocadura del río Côa en éste a través de Torre de Moncorvo, también tierra de almendros, cuyo fruto da lugar aquí a un dulce que constituye uno de los exlibris de la localidad, la Almendra Cubierta de Moncorvo. Pero también podemos introducirnos en el concejo de Vila Nova de Foz Côa por una pequeña carretera que nos llevará desde Barca d´Alva a la localidad de Almendra, adonde podemos llegar también por otra carretera mucho más cómoda desde Figueira de Castelo Rodrigo.

El viajero que aborde el concejo de Foz Côa desde el sur encontrará almendros en flor por todos lados, desde este primer pueblo con el que se encuentra, llamado, por casualidad o no, Almendra. Más de 38.000 hectáreas de almendros componen aquí un paisaje que estos días se manifiesta en rosa.

En la desembocadura del Côa vislumbramos una figura geométrica de hormigón en lo alto de un monte, es el Museo del Côa, creado a finales de los noventa para recibir a los visitantes de este complejo de arte prehistórico al aire libre.

Desde 1995 un equipo de arqueólogos ha estado estudiando y catalogando los miles de grabados en roca descubiertos en este valle a finales de los años ochenta. El Parque Arqueológico del Valle del Côa realiza desde 1996 visitas guiadas a tres de los principales sitios de arte rupestre paleolítico conocidos en esta zona, que abarca unos 17 kilómetros: la ‘Canada do Inferno’, ‘Penascosa’ y la ‘Ribeira de Piscos’, visitables por la mañana o por la tarde, dependiendo de la incidencia de la luz solar. Durante la época estival, se realizan visitas nocturnas, las mejores para apreciar las figuras, según los expertos.

Siega Verde, en las márgenes del río Águeda, a unos 15 kilómetros de Ciudad Rodrigo, forma también parte de esta zona arqueológica singular, el mayor museo de arte rupestre al aire libre del mundo, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1998. Ambos colaboran en investigación y divulgación, disponiendo de una entrada conjunta.

En la plaza de Foz Côa encontramos el Pelourinho y la iglesia de Nª Sª do Pranto, declarada Monumento Nacional, con fachada de estilo manuelino y la curiosidad de tener las columnas del lado derecho un poco inclinadas, como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755.

En esta zona hay una gran diversidad de especies vegetales y animales. Divisamos palomares por doquier, ya que la función que realizan las palomas contribuye en las labores de la viña, a la que ayuda también la pizarra del terreno. Con frecuencia vemos sobrevolar algún águila Bonelli u otras rapaces.

Los viñedos de esta comarca, llamada Douro Superior, forman, junto con el Alto Douro Vinhateiro, un área protegida como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Un doble reconocimiento mundial a la singularidad del Duero portugués.

Las Fiestas del Almendro en Flor se celebran en Foz Côa desde 1981 ininterrumpidamente, durante tres semanas entre finales de febrero y principios de marzo, este año se vienen celebrando desde el 22 de febrero y se prolongarán hasta el domingo 10 de marzo, culminando con el Gran Desfile de la Flor del Almendro, el mayor evento anual de la localidad. Durante estos días se realizan rutas de senderismo, paseos fotográficos, concentraciones moteras, pruebas ciclistas, un gran mercadillo o veladas musicales.

Alguien dijo sobre los cultivos de esta región que, “donde no hay viñas, hay almendros”. En primavera, el viajero que visite estas tierras del Duero y de Ribacôa debe ser consciente del alto riesgo al que quedará expuesto: prendarse para siempre de estos paisajes, tan sencillos y silenciosos como intensamente bellos. 
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