Sábado, 16 de febrero de 2019

Todo por la clase media

Hemos de reconocer que Suecia es un país más avanzado que nosotros, y nosotros, que los tenemos a ellos como ejemplo, no disimulamos que caminamos a su alcance. Sin embargo, yo me pregunto: ¿llegar a ser como los suecos nos hará mejores?

Esta pregunta me la hice la semana pasada después de ver en televisión a una mujer negra con un embarazo de ocho meses, acompañada de una niña de cinco años, tirada por el suelo y reducida y cacheada por tres o cuatro agentes. ¿Qué clase de Policía era esa? ¿De Yemen del Sur o de Burkina Faso, Sr. Guerra? Gracias que estuvimos atentos a la noticia, si no, quién hubiera pensado que se trataba de la imponente osadía por parte de la víctima de viajar sin billete en el Metro de la rica Suecia.

La desdichada mujer decía que el billete lo llevaba en alguna parte “pero apenas le habían dado tiempo para buscarlo”. Eso poco nos debe importar. Lo que importa son las formas, y éstas nos las proporcionaron las nuevas tecnologías, pues ¡quién se hubiera enterado de un caso así si alguien no hubiera estado allí con un Smarphone! Tonterías, pero esto nos da por pensar que actitudes como esta las hubo en el pasado y nadie las pudo filmar, y quizá sean propias de países aparentemente modernos (no xenófobos, por favor) que se aprovechan de la impunidad para expulsar al diferente.

En el reparto económico social Suecia nos gana por goleada, pero si esto es solo con los nativos y trata así a los inmigrantes, yo me bajo de ese Metro. ¿Ser ricos para esto? Esperamos que sea una nebulosa achacable a la falta de sensibilidad de cuatro individuos y poco más.   

La anterior es una de esas noticias que nos sirven los telediarios en la sobremesa y apenas nos conmovemos. ¿Para qué? ¿Acaso no es más importante echar al soldado Sánchez? ¡Qué mareo! Así, después de lo de Suecia, volvemos a nuestros asuntos, y las noticias, fuera los casos de fatalismo y violencia, otras aireadas la semana pasada fueron las de esos individuos que malviven en los cuadros de contadores de algunas comunidades. “¿Pero cómo se meten ahí?”, diría el político cándido. “¿Están locos?”. Una inconsciencia que merece perdón, lo peor sería que algún buitre se esté riendo y exclame: “¡dónde se habrá visto que se presenten 30.000 individuos para optar, mediante sorteo, a una de las 288 viviendas ‘de alquiler’ que saca el Ayuntamiento de Madrid! ¡Ya vendrán a pagar los míos!”.

Los susodichos “señora del Metro de Suecia”, “señores de los contadores” y “quienes optan a esos alquileres” son los excluidos por la globalización, una diatriba con la que en masa ya se contaba. Presuntamente hace años los pensadores del club Bilderberg trazaron los estratos en los que quedaría dividida la sociedad. Y los estratos son como los rodillos de amasar el pan. En el espacio pequeño de un mango están los muy ricos, que tienen, euro arriba o euro abajo, el 75 por ciento del capital, luego está la parte ancha del rodillo, que equivaldría a la clase media y serían dueños del 25 por ciento de la riqueza y, por último, en el otro mango se encontrarían los excluidos, personas que por su pobreza no tendrán jamás ninguna opción de entrar en el sistema y si no se reparten nada es porque nada tienen para repartirse.

Pero no crean que esa clase media, con un 25 por ciento, es equitativa y homogénea, ya que en ella se mezclan los medio-ricos y quienes ganan 900 euros. Estos últimos se incluyen por propia voluntad, pues nadie quiere sentirse pobre, y algunos piensan que su situación sería posible que la defendieran y arreglaran, indistintamente, Ciudadanos en las próximas elecciones con la ayuda de PP y Vox, PP en las siguientes con la ayuda de Vox y Ciudadanos y, por fin, Vox, a la luz de una única enseña, gobernaría allá por el año de gracia de 2028. Y todos tan contentos: “¡Viva la clase media!”.

Esto lo digo porque no sé si se habrán fijado que los encuestadores, para soslayar problemas de conciencia, en la clase media incluyen a todos. “¿Usted cuánto gana? ¿Mil euros?”. “Sí, hombre, usted es clase media”. (Nadie piensa que la clase media es relativa. Sería, por ejemplo, el caso de Nigeria, que aparte de cuatro muy ricos, la clase media la conforman todos los demás, o sea, una clase media de pobres). Así, que tranquilos, siempre, en cualquier lugar, habrá clase media. En nuestro país, ejemplo andaluz, con no ir a votar (esto es muy feo) o votar en blanco ya está todo solucionado.

Por ello, no me conmueve la manifestación del domingo, me conmueve el ignorante de clase media y el último pobre entre los pobres que habitan mi país. A la manifestación del pasado domingo irían muchas buenas personas (influidas por la fe y la religión) a las que sus ingresos, aun trabajando, no les llegan para cubrir lo necesario y que, sin embargo, al salir del supermercado tienen un pobre en la puerta y en plantilla al que le dan, en especie o en dinero, alguna que otra limosna, y son gente que votan como Dios manda. Ellos son así…