Sábado, 16 de febrero de 2019

Valrubio, clase al servicio de las promesas

Convertida en un símbolo de identidad ganadera del Campo Charro, sus miras de futuro apuestan por seguir creciendo en escalafones superiores tras crear la nueva ganadería llamada Valdeflores, con productos adquiridos al diestro Joselito de su divisa El Tajo y la Reina

Al encaste Vega Villar, Valrubio sumaba hace seis años la sangre de la ganadería de José Miguel Arroyo ‘Joselito’ con la vista puesta en nuevos horizontes / REP.GRÁFICO: PABLO ANGULAR

El nombre de Valrubio desde hace años va asociado en los carteles al de los jóvenes valores, principalmente de la cantera taurina charra. En los legajos de su historia quedan escritas infinidad de fechas con la tinta roja para resaltar el triunfo, el éxito… y de saber que la labor ganadera con base Vega Villar está en el camino correcto. Tras el reconocimiento que habitualmente es objeto esa divisa que pasta en la comarca de Ledesma, siempre está un hombre corpulento, de conversación afable, rostro risueño, excelente aficionado y con la piel curtida por los calores veraniegos y los fríos invernales. Se trata de José Luis Rodríguez, quien siempre supo cuál era su camino en el mundo de la ganadería para defenderlo y convertirse en la gran figura de los festejos de promoción, su mundo.

Él ha sido un importante eslabón en esta divisa que fundó su abuelo Salustiano al adquirir una base de Vega Villar y conservarlo hasta nuestros días, alcanzando ya la quinta generación. Porque tras el abuelo Salustiano llega su hijo José Luis, y de este pasa al hijo del mismo nombre, quien aún se mantiene al frente y ahora ya cede el testigo a Carlos y Raquel, sus vástagos. Carlos a su vez ya tiene en sus pequeñas Cecilia y Patricia la continuidad de este destacado nombre ganadero; al igual que Raquel con Carlos y Carmen, sus hijos.

Por sí sola, la ganadería anunciada a nombre de Valrubio y que se creó con reses procedentes de Vega Villar, allá por finales de la década de los cuarenta del pasado siglo, es ya un encaste propio. Porque los más de setenta años que lleva en manos de esta familia ha sabido darle la personalidad propia. De hecho, estas reses de sangre Vega Villar en poco se parecen a otra del mismo tronco genético, a no ser más allá de sus característicos pelajes –que son una lámina- y la morfología propia. Hoy, en los campos de Las Jimaras, en Gejuelo del Barro, pastan ciento diez madres de esta divisa que goza de general reconocimiento en sus mercados, “solemos tentar de erales, lo que son novilladas sin picadores y la verdad que nos sentimos muy orgullosos, porque son bombones, gracias a su clase y calidad, por su manera de embestir, duración…”, señala Carlos Rodríguez en este último domingo de enero, donde unas horas antes ha celebrado un tentadero con los chavales de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca que irán al Bolsín Taurino.

La reconocida clase de los Vega Villar de Valrubio, desde hace años los colocó en el pedestal de novillada sin caballos, “tenemos un mercado muy bueno y de muchísimos años. La verdad que lo tenemos vendido de un año para otro y conocemos el tipo de exigencia a la que nos enfrentamos. Por eso lo de Vega Villar siempre será nuestra joya de la corona”, indica Carlos Rodríguez.

Nuevos horizontes

Sin embargo, buscando otra perspectiva y tratando de crecer en ese mundo, hace un tiempo decidieron ampliar horizontes: “Hace seis años adquirimos sesenta vacas y cinco madres a José Miguel Arroyo ‘Joselito’, de su ganadería de El Tajo y la Reina, para tratar de tener unas miras más amplias y estar dentro de un encaste adecuado para ello y la exigencia actual. Vamos muy despacio y si damos el paso adelante para lidiar algún día novilladas picadas –algo que ahora tanto escasea- o más tarde corridas de toros, será en el momento de estar convencidos, de otra manera no lo haremos”, señala con total firmeza este ganadero, quien además ocupa un puesto ejecutivo en una reconocida multinacional dedicada al mundo del campo.

La nueva ganadería, que se denomina Valdeflores y está a nombre de Patricia y Cecilia, sus hijas, pasta en la finca La Huérfana, que raya con Las Jimaras y también se encuentra en el término municipal de Gejuelo del Barro, “ambas las llevamos por separado y no tiene nada que ver una con la otra. De hecho únicamente es común para ambas la plaza de tientas y las instalaciones para curas o saneamiento; el resto nada que ver una con la otra. E insisto, lo de Joselito se compró para dar un paso adelante y no estropear algo tanto bueno si lo forzamos a lidiar en novilladas picadas”.

Tanto Las Jimaras como La Huérfana, las dos fincas de la familia, están encuadradas en ese cogollo ganadero cercano a Ledesma, con un terreno generalmente llano que tienen un excelente monte de encina y, en general, buenos pastos, convirtiéndolo en una generosa zona ganadera. Fuera de ese ámbito también poseen otra finca en Las Veguillas –en uno de los mejores rincones de la provincia-, aunque esta solamente es utilizada para criar ganado de carne.

Reconocimientos

La divisa de Valrubio ha sido acaparadora de numerosos galardones a lo largo de su actividad, aunque el más importante es que siempre es contratada de un año para otro allá donde lidia, “este mes de febrero recogemos en Aldeadávila de la Rivera el premio a la novillada lidiada en la feria, algo que nos ilusiona mucho, y además este año fue ya con reses de procedencia Joselito. En esa localidad hemos disfrutado de numerosos éxitos con los Vega Villar y de hecho una reata de esa sangre, los famosos ‘Jumillano’, se ha alzado con el galardón al mejor premio del ciclo hasta cinco años consecutivos. Para nosotros –continúa Carlos Rodríguez- el mayor estímulo es contribuir a que la gente se emocione con los novillos, los chavales triunfen y se creé afición, que en esta época es algo muy importante”.

Con la temporada abriendo el telón, una vez que el buen tiempo traiga la actualidad a las plazas de toros, de nuevo estas reses volverán a tener su protagonismo, “vamos a lidiar un total de doce novilladas de erales y una de añojos; en su mayoría irán al mercado nuestro, que es la zona de Arribes en la provincia de Salamanca; pero otras también irán a Burgos y La Rioja”.

Mientras tanto, por medio está la época de tentaderos, el auténtico laboratorio de la ganadería y donde cada criador selecciona de acorde a su criterio y ciencia. Valrubio, al igual que este último domingo de enero, ha invitado a los chavales de la Escuela de Salamanca que estarán presentes en el inmediato Bolsín, los protagonistas de esta institución charra volverán en más ocasiones, “a nosotros nos gusta apostar por los nuevos valores, de hecho es nuestra ilusión; aunque también vienen otros toreros amigos e incluso figuras. Uno de ellos es Miguel Ángel Perera, con quien hemos hecho amistad gracias a Guillermo Barbero, y suele venir tres o cuatro veces al año. Este verano, además, animó al Juli a que viniera y echaron un mano a mano para el recuerdo, tanto que al final el propio Juli, un figurón del torero, le dijo a Perera: “Miguel, yo ya soy de Vega Villar”. Otra figura que, recientemente, ha tentado en casa es Roca Rey, con quien pasamos una tarde de lujo. Y un novillero de Salamanca que también frecuenta nuestra casa es Antonio Grande, con quien tenemos tantas esperanzas”, finaliza Carlos Rodríguez, siempre con el orgullo ganadero en su corazón.