Jueves, 12 de diciembre de 2019

Asunción Escribano: la palabra del júbilo

Asunción Escribano ha estrenado poemario / FOTO:CARMEN BORREGO

A lo largo de sus últimas entregas poéticas, la palabra de la escritora y profesora salmantina Asunción Escribano está recorriendo unos caminos de espiritualidad luminosa, a través de una palabra clara y musical, transparente y marcada por una gran fluidez.

Es lo que ocurre también en su última obra poética, ‘Salmos de la lluvia’, que acaba de aparecer hace unas semanas en el sello madrileño de Vaso Roto Ediciones (Vaso Roto Poesía nº 126, Madrid, 2018).

Estamos ante un libro muy maduro, fruto de un dilatado y positivo itinerario poético de la autora, al tiempo que luminoso y hondo a un tiempo. Es una verdadera celebración del existir en un cosmos encantado, donde todo, si sabemos descubrirlo y contemplarlo, nos transmite significaciones que nos llevan a ese júbilo o cántico que atraviesa la obra.

En este sentido –utilizando un término muy querido para el poeta zamorano Claudio Rodríguez, a cuya estirpe podemos adscribir esta obra de Asunción Escribano, como es el concepto de ‘ebriedad’–, ‘Salmos de la lluvia’ es una obra atravesada por la ebriedad, por una celebración gozosa del existir (de la autora y de todos), cuando se está en sintonía con todo lo creado.

El libro está atravesado y recorrido por un lenguaje tomado del ámbito religioso que articula el decir poemático. Así, términos como ‘salmos’, ‘santuario’, ‘custodia’, ‘plegaria’ y otros por el estilo, nos llevan a una intuición que, en ocasiones, ha tenido la poesía de ser continuadora y una verdadera pervivencia entre nosotros de los lenguajes sagrados.

Hay huellas bíblicas en ocasiones. Pero, sobre todo, hay un fervor y un arrobamiento ante el mundo, que se expresa a través de conceptos (algunos de ellos le sirven a la autora para titular poemas) como ‘relámpago’, entusiasmo’, ‘armonía’, ‘vértigo’… que nos llevan hacia esa ‘alegría’ de la celebración, que atraviesa este libro de principio a fin.

El yo poético, el ser poético contempla y celebra el mundo, el cosmos, la luz, lo celeste, los pájaros, la naturaleza, el transcurso o tránsito del verano al invierno… y nos hace partícipes a los lectores de tal celebración, a través siempre de una palabra musical, clara, diáfana, limpia, atravesada por el júbilo.

De ahí que, necesariamente, tal fluir verbal, celebrativo y jubiloso haya de desembocar en “Lo sagrado”, poema que remata y culmina estos ‘Salmos de la lluvia’. Porque también podemos entender este libro como una verdadera cartografía de lo sagrado. Pues es un canto de aceptación del mundo y de entrega a él; un canto de comprensión abarcadora, de vinculación con una creación que es cosmos, si sabemos mirar, como hace la autora, si sabemos percibir la maravilla del mundo, de la creación, como una totalidad a la que pertenecemos y de la que formamos parte.

No es frecuente leer, en este tiempo, marcado por tantas turbulencias, un libro de poesía tan hermoso, tan a contracorriente. Pues esta palabra, marcada por la luz y por el júbilo, pretende salvarnos de tantas intemperies y orfandades como padecemos, así como protegernos y sanarnos en la casa de la palabra.