Domingo, 16 de diciembre de 2018
Las Arribes al día

Hasta siempre, Fores

Recientemente había cumplido 104 años y el pasado miércoles, 14 de noviembre, nos dejaba rodeada por sus hijos y nietos
Fores en la celebración de su último cumpleaños

Rodeada de sus hijos y nietos, Fores nos dejaba este miércoles 14 de noviembre recién cumplidos los 104 años.  Falleció,  en el domicilio de su hija, donde acudía a dormir desde que enviudó hace ya 20 años y donde permanecía durante todo el día los últimos 3 años puesto que, a pesar de su admirable aspecto físico, su demencia le impedía tener la independencia de la que gozó hasta entonces.

Pero los años no perdonan y, especialmente desde este verano, le comenzaron a pesar demasiado sus 104  y ya su demencia le impedía ser consciente de muchas cosas.  Aun así sus hijos y nietos, a los que pocas veces ya reconocía, se esforzaban tenazmente, día a día, para que siguiera  luciendo tan guapa, como siempre le gustaba a ella estar.

Por eso, aunque su último cumpleaños, del que recogemos hoy su foto, el pasado septiembre, fue un día de celebración, flores y pasteles, también fue un día de mucha añoranza para los suyos recordando lo feliz y lo bondadosa que había sido siempre con todos ellos. Y así falleció cuidada y  acompañada por toda su familia.

La vida de Fores fue una vida muy larga y también muy feliz. Fue la segunda de cuatro hermanas, una de ellas fallecida a muy temprana edad. Hija del zapatero del pueblo, el señor Adolfo, y prima de la conocida familia de los Charros toda su niñez se desarrolló en Vitigudino, pueblo natal de toda su familia.

Cuando nació, Don Perfecto, el médico del pueblo,  aseguraba una y otra vez a la familia de Fores, entonces una niña débil y delgadita, que  no iba a durar mucho tiempo. Estaba tan seguro de ello que hasta aconsejó a sus padres que le dieran pan y vino tal y como ella pedía casi sin saber hablar: “Pan y ino, pan y ino”, contaba ella misma con una gran sonrisa. A lo cual el médico accedió: “¡Pues dadle pan y vino, total si esta niña se va a morir!” Pero afortunadamente, o el pan y el vino le sentaron muy bien y o el médico se equivocó rotundamente.

Años más tarde, y cuando tan sólo era una niña,  perdió a su madre. Pero la decisión de su padre, de casarse en  segundas nupcias con Generosa, hizo que Fores apenas notara el vacío que dejó su madre tras su fallecimiento. Tanto ella como sus hermanas trataron a la esposa de su padre como su propia madre.

Transcurridos los años y con tan sólo 19, Florencia, como realmente se llamaba, se casó con Vicente, mecánico del conocido taller de Medina y con el que pudo celebrar las Bodas de Oro. Fores se tuvo que casar de luto, por la temprana muerte de su madre.

Después de su boda llegó la guerra y fue entonces cuando su marido fue herido de bala en una pierna. Pero, a pesar de lo que en principio pudiera parecer una desgracia, le llevó a Vicente, a retirarse del frente y convertirse en chofer del embajador alemán en España. De esta manera,  la pareja de casi recién casados, se trasladó, ahora ya juntos, a la embajada alemana entonces situada en Santander.  Y así, a pesar de esos años convulsos y difíciles para los españoles, ellos vivieron felices y gozaron de sencillas comodidades que la embajada les ofrecía.

Una vez terminado el armisticio regresaron a Vitigudino donde Vicente fue chofer de  Doña Inés Luna Terrero, la Bebé. Curiosamente la que fuera casa de Fores y Vicente está en la actualidad en esa calle, antigua Calle Cuatro Calles.

Más tarde, su marido puso su propio taller mecánico y llegaron sus dos hijos: José Antonio e Isabel María. El negocio familiar les permitió llevar una vida acomodada sin grandes lujos, pero holgada y tranquila.

Ella nunca quiso dejar este mundo y así lo expresó hasta casi el último momento de su vida, quizá sus ansias de vivir y disfrutar en familia de los pequeños momentos que ofrece la vida, fuera su secreto para llevar una vida tan feliz y longeva. Nunca se privó de comer nada, ni tampoco salió a correr, como está ahora tan de moda, pero sí se daba grandes paseos por el pueblo hasta que sus piernas se lo permitieron. Sus grandes aficiones eran comprarse ropa y no perdonaba ir todas las semanas a la peluquería, porque le encantaba verse guapa y arreglada.

La cara de Fores, sin apenas arrugar para lo mayor que era,  era el reflejo de una vida tranquila, feliz y llena de mucho amor, tanto el que ella brindaba a los suyos, como el que ella recibió hasta el último suspiro de vida.

Su carácter afable y bondadoso hizo que ayer fuera despedida por muchos vitigudinenses que quisieron acompañar a su familia, en esos duros momentos. Puesto que a pesar de haber disfrutado durante tantos años de ella, siempre es difícil despedir a un ser tan amable y entrañable con todos.

Se nos ha ido una de las vitigudinenes más longevas del pueblo, 104 años, ahí es nada…

¡Hasta siempre Fores, hasta siempre abuela!

Isabel Chico