Martes, 20 de noviembre de 2018
Las Arribes al día

Los anticaza y sus valores

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Ya estamos ante otra nueva temporada, momento de ilusión por lo que el campo nos deparará durante los próximos meses, pero también para recordar que practicamos un deporte en el que se emplean armas de fuego y que debemos extremar todas las precauciones para evitar tragedias como la sucedida hace un mes en tierras vallisoletanas, donde un menor perdió la vida por un accidente fortuito durante una montería.

Sucesos como este son el mejor argumento para los anticaza y ecologistas para salir en las redes y proclamar el fin de una actividad que practican un millón de aficionados en España, genera 6.475 millones de euros y emplea a 187.000 personas en España, según un concienzudo estudio realizado por la Fundación Artemisan. No les demos excusas para proclamarse pseudodefensores de la naturaleza cuando la inmensa mayoría no ha pisado el campo en su vida.

Es lamentable que estos grupos minúsculos aprovechen sucesos trágicos como la muerte de un niño para atacar, calumniar e insultar a través de las redes sociales a cualquier cazador por el hecho de serlo, incluso desear la muerte de una persona como medio de castigo para sus familiares. Es realmente vergonzoso y me produce hasta náuseas que personas que se consideran con una mayor humanidad que los cazadores digan, por ejemplo, que “donde las dan las toman”, equiparando así la vida de una persona con la de un animal. Esto, sin duda, se escapa fuera de los valores de humanidad, una conducta de una parte de la sociedad que se autodenomina civilizada y que debe ser reprobada por el resto, la inmensa mayoría de las personas, pero además, castigada por la justicia como un delito de odio hacia las personas.

El disparate de prohibir la caza para evitar accidentes y muertes innecesarias es tanto como prohibir utilizar el coche por las mismas razones, pues cabe recordar que el año pasado murieron en nuestro país 1.200 personas víctimas de accidentes de tráfico por 30 millones de turismos, mientras que la media de víctimas mortales al año en la última década por accidente de caza ronda las 10 entre un millón de aficionados. Estos datos ponen en evidencia qué actividad es más peligrosa, contra lo cual a nadie se le ocurre dar voces para que se prohíba el uso de automóviles, que como se demuestra es la causa de mayor número de víctimas en España.

Y hablando de los anticaza, animalistas y pseudoecologistas, respecto al uso que hacen de las redes sociales para atacar a la mínima oportunidad a la caza, también quiero despejar cualquier duda sobre el cariño que los cazadores tenemos a nuestros fieles compañeros de jornada, nuestros perros. Me produce realmente repugnancia leer como manipulan los datos sobre perros abandonados o maltratados.

En 2017 fueron abandonados en nuestro país en torno a 130.000 perros, de ellos el motivo de abandono por motivos de caza apenas llegó al 12%, según la Fundación Affinity. El 30% corresponde a cachorros, la mayoría se trata de mascotas en hogares de los que sus dueños se cansan o no pueden atender. El momento de mayores abandonos coincide con la Semana Santa y comienzo del verano, nada que ver con el final de la caza a principios de año.

Así que, dejémoslo ahí.