Lunes, 19 de noviembre de 2018
Las Arribes al día

Entre dos mundos

SAN FELICES DE LOS GALLEGOS | Ayer domingo, en la iglesia del convento de las Madres Agustinas, el grupo de Teatro ‘Lazarillo de Tormes’ representó su montaje ‘Teresa, la jardinera de la luz’ en el marco del conjunto de actuaciones que la Diputación de Salamanca está patrocinando para conmemorar el Año Jubilar Teresiano

Son varias las ambivalencias que caracterizan una bonita villa situada en el suroeste salmantino. Su pertenencia a Las Arribes del río Águeda, entorno natural de singular belleza, ya la presentan como un lugar atractivo. Si a ello añadimos que se trata de un Conjunto histórico-artístico, parece más deseable aún conocer la localidad de San Felices de los Gallegos. Una muy ajetreada Historia, ha condicionado su pertenencia a distintos territorios, lo cual queda reflejado en su propio nombre. Del obispo don Félix, cabeza de la Diócesis portuguesa a la que perteneciera muchos años allá en sus comienzos, recibe su nombre que se completa con el gentilicio de los repobladores que llegaron cuando ya era de los reyes leoneses. Su estructura fortificada de origen medieval y los muchos recintos religiosos, dan cuenta también de la influencia de ambos poderes. Todo ha contribuido a la riqueza geográfica, histórica y artística que ahora la adornan.

En este domingo de septiembre ha recibido a la singular obra de teatro Teresa, la jardinera de la luz, cuyo ritmo de actuaciones cumple fielmente con la multiplicidad de ellas que la Diputación de Salamanca le ha preparado, teniendo en cuenta dos aspectos que hacen de la puesta en escena de ‘Lazarillo de Tormes’ el elemento adecuado para las intenciones de La Salina. Por un lado la indudable calidad de un montaje que a pesar de ser llevado a cabo por aficionados, ha alcanzado niveles totalmente profesionales. Por otro, la sin duda particular manera de presentar la figura de Teresa de Jesús, que tanta aceptación entre el público ha suscitado, la convierten en el evento idóneo para que esto sea posible en toda nuestra provincia durante este Año Jubilar Teresiano.

Nuestra Señora de entre Dos Álamos, parroquia del pueblo, es una construcción que data del XVI, siglo en que viviera Teresa, pero en esta ocasión los vecinos de San Felices, abandonaron su templo y época para situarse en el convento de Alba de Tormes, en la iglesia de otro convento, el de las RR. MM. Agustinas, que ubicado en la Plaza del pueblo data del mismo tiempo. Allí otra congregación de religiosas de clausura fueron cómplices testigos de la vida de unas monjas que como ellas, entendieron otra forma de enfrentarse a la vida. Escucharon complacidas junto a sus vecinos, los ágiles y frescos diálogos que entre los actores se entablan, y por los que sabemos que una adolescente Teresa, empezó a sentir “crecer las semillas de su vocación”, en otro convento de Agustinas, el de santa María de Gracia de Ávila. Los textos y creaciones literarias de la carmelita completan un guión que ve su réplica escenográfica en los bellos cuadros plásticos que aparecieron en el altar de la conventual iglesia a lo largo de toda la actuación.

Un púlpito a un lado del escenario y la réplica del órgano del maestro Salinas del otro, son junto a los veraces hábitos de actores y actrices, todo lo necesario para cerrar un conjunto que encuentra su paralelismo en la complicidad del público que enfrente asiste totalmente integrado en todo lo acaecido. Incluso el órgano de las Madres anfitrionas, que data del XVII, permaneció silente ante los acordes que salían de las del maestro salmantino. La Congregación de Agustinas de San Felices de los Gallegos que acoge a religiosas de toda la comarca, viven también para el mundo y por el mundo dentro de los muros de su convento, ofreciendo sus oraciones y artesanales dulces, que “entre los pucheros, también anda Dios”.

La fortaleza en que se convirtiera San Felices de los Gallegos allá por el siglo XIII rodeada de murallas y bien vigilada desde su torre del homenaje, contrasta con las sencillas ermitas que se levantan también en este pueblo. Nobles y reyes con los que lidió una simple mujer para hablar de la libertad y justicia a la que aspiraba y que aprendió de un nazareno que esta localidad venera en su ermita del Divino Cordero. La atracción que Teresa, la jardinera de la luz,  tiene, es el de la normalidad en la presentación de un conjunto de elementos que crean un todo artístico que partiendo del fenómeno teatral se extiende al cultural, histórico, social y político, aunando tiempos, espacios y gentes que aunque parecen alejados y diferentes se funden por la universalidad desde la que se los presenta. El reconocimiento de San Felices de los Gallegos fue evidente, un pueblo que entiende bien del enriquecimiento conseguido a partir de contrastes como su propio escudo refleja: en un cuartel, dos robles con la corona de su patrona del cielo encima; en el otro, un castillo con la del rey de la tierra salvaguardándole. Todos los caminos llegan a Teresa, y a Roma donde fue siempre tan admirada.