Miércoles, 19 de septiembre de 2018

Jarmelo, mucho más que la lucha contra la extinción de la ‘vaca amarela’

La raza Jarmelista ejemplifica la resiliencia del interior peninsular, manteniendo sus símbolos de identidad frente a la disolución en un mundo uniformado

Agostinho da Silva, defensor de la raza Jarmelista y del estilo de vida del interior/ Rep.Gráf.: Martín-Garay

La raza Jarmelista es una de las razas bovinas autóctonas de Portugal. Proviene de Jarmelo, zona cercana a la ciudad de Guarda. Aquí se la denomina simplemente ‘vaca amarela’ (vaca amarilla), por el color de su pelaje. Fue reconocida como raza autóctona en 2007, y el proceso para lograrlo no fue fácil; por el medio, un litigio con otra raza autóctona portuguesa, la Mirandesa, y la amenaza de la extinción pendiendo constantemente sobre su cabeza.

La vaca amarela es reconocible por su particular ‘flequillo’ sobre la frente, la cabeza potente, cornamenta abierta y alto porte. No es una vaca particularmente hermosa, “la Mirandesa es más bonita”, nos dice Agostinho da Silva, -uno de los comprometidos en la defensa de esta raza-, pero es resistente. Y noble. Un animal hecho a la medida del trabajo duro del campo, su principal labor a lo largo de siglos. Una gran obrera, productora de muchos litros de leche, “un tractor que da leche”, como dicen por aquí, que dio origen a la creación de una fábrica de lácteos en la región en un pasado no tan lejano, y cuya carne es tan apreciada como escasa en el mercado, ya que no se logra cubrir la demanda de raza Jarmelista existente en la actualidad.

Algo más de 300 ejemplares de raza bovina Jarmelista pastan hoy en las tierras altas de la meseta de La Beira portuguesa. La mayor parte de ellas, en los alrededores de la ciudad de Guarda, con la propia estampa de su Catedral como fondo; unas pocas más, en los vecinos concejos de Pinhel y Seia. Esta raza autóctona sigue amenazada en serio por la extinción, para librarse de ella deberían superarse los 7.000 ejemplares. Pero las cosas llegaron a estar mucho peor hace poco más de una década, cuando estuvo a punto de desaparecer.

La vaca amarela está hecha para sobrevivir en el riguroso clima de esta región de la Beira interior. Adaptada a pastar en suelos graníticos y pobres, su musculatura se fortaleció a base de ser utilizada como medio de tracción. Cuando se introdujo la mecanización en las labores agrícolas y los pueblos se fueron vaciando, comenzó también la desaparición de las vacas jarmelistas, que empezaron a ser cruzadas con otras razas foráneas mucho más agradecidas, bien por su rápida producción de carne, como la Charolesa o la Limousin, bien por su mayor producción de leche, como la Frisona. Es posible que estas razas tengan mayor velocidad de crecimiento, pero no son las que mejor se adaptan a los recursos forrajeros disponibles en esta zona. 

Con todo, afirma Agostinho da Silva que la Jarmelista es la mayor lechera a nivel nacional y la raza vacuna autóctona portuguesa de mayor porte.

Agostinho da Silva, fiel heredero del ‘Ti Silva da Ima’

Este profesor de Arte en un instituto de secundaria de Guarda es hijo de uno de los hombres que mejor conocía la raza Jarmelista, al que todos por aquí recuerdan como ‘el tío Silva de Ima’, pues vivía en la pequeña aldea de Ima, próxima a Jarmelo. Asegura con nostalgia y orgullo Agostinho que su padre era capaz de distinguir una vaca de pura raza Jarmelista de otra que no lo era del todo, por pequeños matices en el color del pelaje y ligeras variantes en su morfología. El tío Silva también diagnosticaba y sabía aplicar el remedio idóneo cuando un mal les aquejaba o adivinaba la edad del animal observando sus cuernos.

Agostinho ha heredado la pasión de su padre por la vaca amarela. Su opinión es que se trata de una adaptación autóctona de la Asturiana de los Valles, una raza bovina de la Cordillera Cantábrica, que habría llegado a estas tierras con los repobladores astures que aquí se instalaron después de la reconquista a los árabes, allá por el siglo XI.

En la lucha

Desde tiempos inmemoriales, en Jarmelo se celebra una feria pecuaria anual a principios de junio. A finales de los noventa, cuando solo había 40 ejemplares y la raza estaba a las puertas de la extinción, se decidió crear unos premios que motivasen a los propietarios de pura raza Jarmelista a conservar sus animales. Pronto se vio que no era suficiente. Un grupo de apreciadores de esta raza y de sus raíces, como el veterinario José Manuel Nunes o el propio Agostinho da Silva, junto con la Asociación de Criadores de Rumiantes del Concejo de Guarda (ACRIGUARDA), empezaron a llamar a muchas puertas y consiguieron que el director general de los Servicios Veterinarios de Lisboa visitase Jarmelo en 2004. A partir de ahí comenzó toda una fase burocrática y técnica tendente a probar la autenticidad de la raza. Por otro lado, se inició el proceso de inseminaciones artificiales, una práctica muy costosa.

Los productores de la raza Mirandesa, otra raza bovina portuguesa muy extendida, denunciaron que la raza Jarmelista era una sub-raza dentro de la Mirandesa. La Mirandesa es muy apreciada como raza de carne, muchos viajeros habrán probado en Portugal la famosa ‘posta mirandesa’, quizá en la misma localidad de Miranda do Douro, concejo del que proviene, aunque se halla extendida por toda la región de Tras-os-Montes y por el país en general.

Aunque el litigio acabó en los tribunales, finalmente las características propias de la Jarmelista fueron reconocidas. Los productores comenzaron a ser incentivados con ayudas, que actualmente, rondan los 500 euros al año por animal. Con todo, tener una vaca amarela resulta costoso: la reproducción se realiza por inseminación artificial, el ganado se cría en extensivo y su crecimiento es lento.

Jarmelista, los desafíos

Todavía no se ha librado de la extinción y esta raza ya corre el riesgo de morir de éxito. Su carne tiene poca gordura y un sabor suculento, por eso, es cada vez más apreciada. El problema es encontrarla. El proceso de recuperación de la raza aún no permite su comercialización. Se realizó hace unos años un evento gastronómico en colaboración con varios restaurantes de Guarda, se sacrificaron 19 animales y no se consiguió satisfacer la demanda del público.

Dentro de los objetivos sus defensores, está el hacerla rentable para los ganaderos como raza de carne, lo que contribuiría a salvarla de la extinción, y crear la Denominación de Origen.

Se abre un abanico de nuevas oportunidades en cuanto a la revalorización de los productos autóctonos. En ese horizonte está la viabilidad económica de la raza Jarmelista. Hoy en día, todos los animales están identificados y clasificados, la raza ha sido mejorada y se cuenta con el compromiso de los criadores. Se sabe que sólo mediante una perspectiva global, intengrando a productores, comerciantes, consumidores, técnicos e investigadores, se conseguirán afianzar los resultados obtenidos contra la extinción. 

Jarmelo, bendito pueblo maldecido

Jarmelo era a principios del siglo XIV un antiguo burgo bajo el señorío de la adinerada e influyente familia Coelho. Uno de sus descendientes, Pêro Coelho, llegó a ser hombre de confianza del rey portugués Alfonso IV, y también fue uno de los ejecutores del planeado asesinato de Inés de Castro, la española amante del infante D. Pedro, cuya historia de amor ha pasado a la Historia de Portugal. Cuando el infante D. Pedro descubrió que su amada había sido asesinada ordenó la persecución sin cuartel de sus tres asesinos. Finalmente, dio con dos de ellos, Pêro Coelho y Álvaro Gonçalves y mandó que les arrancasen el corazón, al primero por el pecho, al segundo por la espalda.

Como Pêro Coelho era señor de Jarmelo, cuando el infante accedió al trono como Pedro I de Portugal, dos años más tarde, maldijo estas tierras, ordenó que las cubriesen de sal y que destruyesen la villa. “Que no quede piedra sobre piedra”, reza la leyenda que dijo. Las tierras se volvieron yermas y la hambruna se apoderó de la población, que se vio obligada a marchar. Posteriormente, el rey D. Fernando ordenó reconstruir la villa y favoreció el asentamiento de población mediante privilegios, sin embargo, estas tierras ya nunca volvieron a ser tan abundantes, ni en gente ni en alegría económica.

Jarmelo hoy ya no existe como villa autónoma, pertenece a Guarda. Las cuatro antiguas parroquias que abarcaba se han reducido a dos, San Miguel y San Pedro de Jarmelo.

Próximamente, el pueblo tendrá cuatro nuevos moradores. Una familia de refugiados está a punto de llegar a Jarmelo, formando parte de un proyecto de dinamización rural y reubicación de refugiados. Una nueva esperanza para Jarmelo, convertido, a su vez, en una nueva esperanza para alguien.

El interior resiste. Con la misma fuerza y porte altanero de la vaca amarela. Defendiendo con pasión sus símbolos de identidad. Sin aferrarse al pasado, convencidos de su utilidad, de otra forma, en el presente. Con pasión siempre. Porque como dicen por aquí “quem tem uma vaca amarela, está apaixonado por ela”.