Sábado, 24 de agosto de 2019

El poder de un tuit

Pfizer y otros [laboratorios farmacéuticos] deberían avergonzarse de haber subido los precios de los medicamentos sin ningún motivo. Se están aprovechando de los pobres y de quienes no pueden defenderse, y al mismo tiempo hacen rebajas a Europa y otros países. ¡Responderemos!. Aunque les cueste creerlo no se trata de la acusación realizada por una Organización No Gubernamental o de afectados por alguna enfermedad, este texto fue escrito y publicado por el mismísimo Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump en la cuenta de Twitter que utiliza habitualmente para gobernar su país. No deja de ser paradógico que el Sr. Trump se solidarice con los pobres y quienes no pueden defenderse de los abuso de Pfizer, mientras castiga a inmigrantes ilegales, separa familias y defiende el cierre de fronteras a refugiados.

 

Los problemas de acceso a medicamentos que ocasionan los abusivos precisos de ciertas farmacéuticas, principalmente con sede en Estados Unidos, a millones de personas vienen siendo denunciados por asociaciones y organizaciones de usuarios desde hace décadas con escasos resultados.

 

La industria farmacéutica forma parte del sector privado, por tanto, es legítima su búsqueda de beneficios. El problema reside en una casi total falta de trasparencia en su gestión y el injusto sistema de investigación y desarrollo de nuevos productos del que hacen uso. No se someten a ningún tipo de control auditable sobre el precio final, que quedao a su entera discreción. Este escandaloso escenario está acarreando ya situaciones de riesgo para los sistemas de salud de muchos países, incluido el español.

 

El sector farmacéutico es un oligopolio en el que apenas 25 empresas dominan cerca del 50% del mercado mundial. Controlan la investigación y el desarrollo (I+D) de productos, obtiene ingentes beneficios mediante un inmoral sistema de patentes y, por si esto fuera poco, gobiernan totalmente las cadenas de comercialización. En su defensa alegan los altos coste de inversión que deben realizar a la hora de investigar y desarrollar un nuevo fármaco. Pero se trata de una recurrente excusa que los datos objetivos disponibles desmiente año tras año. El siguiente ejemplo, está incluido en el artículo publicado el 20 de abril de este mismo año[i].

 

El Alemtuzumab salió al mercado con el nombre de MabCampath para tratar un tipo de leucemia. Años después se demostró que el medicamento podría tratar también la esclerosis múltiple y por causas descocidas fue retirado del mercado hasta que un año después regreso con el nombre de Lemtrada.

 

El “nuevo” fármaco multiplicó su precio hasta los 58.000 euros, 15 veces más de lo que costaba antes. ¿Se debió al alto coste de la investigación biomédica? Claramente no, ya que gran parte de ella se realizó en centros públicos y el 70% de los ensayos clínicos se realizaron con presupuesto de universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro. Comercializado por la biofarmaceútica Sanofi, ha generado casi 1.000 millones de euros en ventas desde que salió al mercado en 2013.

 

Como Sociedad Civil tenemos la obligación de defendernos de estos abusos. Las farmacéuticas, en general, mercadean con la vida de millones de personas en todo el mundo. Son númerosos los frentes abiertos para tratar de poner orden es todo esto. Uno de ellos es No Es Sano[ii], una campaña coral de organizaciones que luchan para defender y promover el acceso universal a los medicamentos como parte indispensable del derecho a la salud.

 

Desde la campaña se demanda: Trasparencia, Criterios de interés público y Nuevos Modelos de Innovación.

 

La transparencia en todo el sistema es indispensable para promover un debate público informado. Para ello, es necesario que conozcamos:

 

  • Los precios reales de compra de medicamentos por parte del sistema público de salud, y la justificación de la diferencia con los precios aprobados.
  • Los criterios, dosieres de precio, incluyendo la información de los costes de fabricación y de I+D, y acuerdos de aprobación y financiación de medicamentos incluidos en la Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud
  • El gasto farmacéutico, con la publicación desagregada de las cifras de gasto, por ejemplo, por hospital, fármaco y número de tratamientos.
  • Las inversiones en I+D con fondos públicos y los incentivos fiscales a proyectos que resulten en medicamentos, procedimientos o productos sanitarios comercializados.
  • Toda la información de los ensayos clínicos realizados en España, en un formato accesible, e incluyendo, al menos, los datos de población, intervención, comparación, tiempo de seguimiento y sus resultados, tanto positivos como negativos.

 

Todos somos conscientes de las enormes dificultades que representa lograr esto dada la colosal resistencia de la industria farmacéutica a la hora de facilitar información sobre su gestión, pero no podemos renunciar a ello.

  

El poder del tuit lanzado por Donald Trump es evidente, ya que a las pocas horas Pfizer anunció públicamente la retirada de la subida de precios puesta en marcha a principios de este mismo mes en Estados Unidos. ¿Por qué lo hizo? Pues no lo sé, pero funcionó.

 

Desmond Tutu, activista sudafricano de los derechos civiles, afirmaba que “Para las personas oprimidas es importantísimo saber que no están solas. Nunca dejen que nadie les diga que lo que ustedes hacen es insignificante.” Así que hay que seguir trabajando porque nada de lo que hagamos será insignificante.